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Werner Herzog en las Azores: cine extremo, caos y vacas

En el archipiélago de las Azores, específicamente en la isla de São Miguel, un grupo de 50 artistas se sumergió en una experiencia cinematográfica vertiginosa. Durante 11 días en el mes de enero, el reconocido director alemán Werner Herzog, de 83 años, dirigió un taller intensivo donde el desafío principal no era solo crear, sino adaptarse a lo imprevisto en un entorno donde las vacas superan en número a los habitantes.

Entre los participantes, Sabri Benalycherif, fotógrafo de Lisboa de 48 años, y la cineasta argentina Jill Mulleady, de 47 años, propusieron una idea arriesgada: introducir una vaca en una iglesia para su cortometraje. La reacción de Herzog fue inmediata y severa:

«¿Cómo van a subir una vaca por los escalones hasta la iglesia? Puede que estén condenados al fracaso, porque la vaca podría ser obstinada y no subir ni un solo escalón. Se puede descontrolar»

.

Ante la advertencia, Mulleady recordó la hazaña de Herzog en su cinta de 1982, Fitzcarraldo, donde arrastró un barco de 320 toneladas por una colina en la Amazonía peruana:

«Pero usted movió un barco sobre una montaña»

. Sin embargo, el director negó la comparación, asegurando que aquello fue planeado por meses.

«La gente cree que hago cosas imposibles, pero no. Hago lo factible. Yo sabía que era posible mover un barco sobre una montaña»

, sentenció el cineasta, enfatizando que en un rodaje de dos días, lo de la vaca no era viable.

La filosofía de la Rogue Film School

El núcleo del aprendizaje con Herzog se resume en abandonar los guiones gráficos (storyboards) y centrarse en lo realizable. Los asistentes, provenientes de regiones tan distantes como Australia, India y Hawái, debían producir una pieza de entre 5 y 10 minutos. Esta metodología es parte de su Rogue Film School, fundada en 2009 en Los Ángeles, un espacio que rechaza las enseñanzas académicas tradicionales.

En el sitio web de la escuela se advierte con firmeza sobre el tono del curso:

«No se hablará de chamanes, de clases de yoga, valores nutricionales, infusiones, ni de descubrir tus límites o crecimiento interior»

. Para Herzog, el cine se trata de domar el caos.

El alto costo del conocimiento

El taller de este año en São Miguel tuvo un precio que generó controversia en redes sociales: 8.800 euros (aproximadamente 10.200 dólares). A pesar de las críticas sobre el elitismo del costo, los participantes hicieron sacrificios extremos. Lucas Ackermann, un guionista berlinés de 28 años, comparó la premura del pago con un «matrimonio forzado», mientras que otros recurrieron al financiamiento colectivo o incluso vendieron sus vehículos.

La productora Extática Cine, colaboradora habitual de Herzog, justificó el valor señalando que incluye alojamiento, transporte, acceso a una base de datos de actores locales y mentoría directa. Además, un tercio de los ingresos se destina a la Fundación Werner Herzog en Múnich para la preservación de su legado cinematográfico.

Rodaje y desafíos técnicos

Antes de filmar, Herzog y su director de fotografía, Peter Zeitlinger, revisaron el equipo de los alumnos, al que llamaron «arsenal». Las herramientas variaban desde lentes de alta gama hasta videocámaras Sony de los años 90. La instrucción fue clara:

«Por favor, por favor, denme una buena historia»

. Aleksandra Szczepanowska, de 46 años, destacó que trabajar sin guion previo le permitió descubrir capacidades que desconocía.

El impacto local también fue significativo. Ana Lopes, directora de casting en la isla, destacó la importancia de que 50 cineastas trabajaran simultáneamente en el lugar. Actrices como Teresa Carreiro Andrade Raposo, estudiante de 20 años, participaron en múltiples proyectos sin conocer previamente la fama mundial del director alemán.

El legado y la era digital

Simon Herzog, hijo del director, se unió al taller para enseñar habilidades poco convencionales, como forzar cerraduras para acceder a locaciones. Simon es también el responsable de la reciente incursión de su padre en Instagram, donde el video inaugural ya supera los nueve millones de reproducciones. A pesar de su presencia digital, Herzog sigue sin utilizar teléfono celular.

Durante el rodaje, surgieron complicaciones con los animales. Asreen Zangana, cineasta de 28 años, tuvo que modificar su historia porque las vacas no cooperaban. Herzog aconsejó a los alumnos ser «buenos soldados del cine» y adaptarse al desastre instantáneamente:

«Tienes 60 segundos para cambiar el guion y hacer creíble que no esté, incluso convertirlo en una ventaja para la historia»

.

Al concluir el taller, Werner Herzog se despidió para continuar con sus múltiples proyectos, incluyendo la película Bucking Fastard, protagonizada por Rooney Mara y Kate Mara, y un libro de arte con la editorial Taschen. Su mensaje final para los 50 discípulos fue una llamada a la insurrección creativa:

«El mundo como cineastas ahora es suyo. El mundo es suyo. Saldrán allá afuera, pero deben seguir siendo rebeldes. Mi consejo es que formen células rebeldes en todas partes»

.

Fuente: Fuente

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