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Conflicto letal: la inusual ‘guerra civil’ de chimpancés en Uganda

Un grupo de investigadores, encabezados por el especialista Aaron Sandel de la Universidad de Texas en Austin, ha documentado un fenómeno sin precedentes: la división permanente y violenta de una comunidad de chimpancés en estado silvestre. Este enfrentamiento, descrito como una «guerra civil», ha resultado en un conflicto letal sostenido entre dos facciones que anteriormente convivían en armonía.

El escenario de estos hechos es el Parque Nacional de Kibale, situado en Uganda, una de las reservas naturales más críticas para la preservación de primates en el continente africano. La disputa se originó específicamente en la comunidad de Ngogo, uno de los grupos más extensos registrados por la ciencia, que contaba con aproximadamente 200 ejemplares, incluyendo a unos 40 machos adultos.

Según el estudio publicado en la prestigiosa revista Science, los expertos monitorearon el comportamiento de estos animales durante un periodo de 30 años. Fue en el año 2015 cuando se detectó una alteración drástica en las interacciones sociales de la comunidad, marcando el inicio de un proceso de ruptura que culminaría en agresiones fatales.

El proceso de separación se dividió en tres fases fundamentales identificadas por los científicos:

  • Polarización inicial (2015): El primer indicio claro de fractura ocurrió el 24 de junio de 2015, cuando el grupo denominado Occidental huyó ante la persecución del grupo Central.
  • Segregación (2015-2018): Se consolidó una evitación mutua, estableciéndose dos bandos diferenciados: el Central, compuesto por 30 machos y 39 hembras, y el Occidental, con 10 machos y 22 hembras.
  • Hostilidad letal (2018 en adelante): La tensión escaló hacia ataques físicos mortales entre quienes solían ser miembros de la misma comunidad.

Las cifras de la violencia son alarmantes. El bando Occidental ha ejecutado patrullas organizadas, lanzando un total de 24 ofensivas contra el bando Central hasta el presente año 2024. Estas acciones han provocado la muerte confirmada de al menos 7 machos adultos y 17 crías desde el año 2021. Los investigadores advierten que el impacto en el grupo Central podría ser incluso mayor, dado que se han registrado otros 14 decesos de machos (adultos y adolescentes) por causas no naturales que aún no han sido esclarecidas.

Factores detrás del quiebre social en Ngogo

Los especialistas sostienen que la violencia fue el resultado directo de un colapso en los vínculos de la comunidad. Entre los detonantes principales destaca el crecimiento desmedido del grupo, lo que superó los límites de cohesión social y disparó la competencia por recursos alimenticios y oportunidades reproductivas.

Un segundo elemento determinante fue el relevo del macho alfa en 2015, evento que coincidió cronológicamente con la primera división de los clústeres. Aunque los científicos aclaran que este cambio de liderazgo no es la única causa, admiten que:

“Aunque un cambio de macho alfa por sí solo no explica por qué el grupo de Ngogo se dividió, sí pudo haber amplificado las tensiones entre los dos clústeres”

.

Finalmente, se identificaron catalizadores ambientales y biológicos. En 2014, la muerte de cinco machos adultos y una hembra debilitó la estructura interna de la comunidad al perderse figuras clave. A esto se sumó una devastadora epidemia respiratoria que cobró la vida de 25 chimpancés de ambos subgrupos, terminando de fracturar la estabilidad del grupo.

En 2018 comenzaron los ataques por parte del grupo Occidental a los integrantes del Central. (Aaron Sandel)

Un suceso excepcional en la naturaleza

Este nivel de agresividad interna es extremadamente inusual. Los investigadores estiman que una ruptura de esta magnitud ocurre apenas una vez cada 500 años, ya que lo habitual es que la violencia letal se dirija hacia individuos de grupos externos. El caso de la comunidad de Ngogo ha desafiado las expectativas biológicas previas.

El único antecedente comparable ocurrió en Gombe (Tanzania) durante la década de los 70. En aquel episodio, ocurrido entre 1974 y 1978, un grupo se dividió y los machos de una facción eliminaron a seis machos y una hembra de la otra. No obstante, aquel suceso fue visto por décadas como una anomalía debido a factores externos como el suministro artificial de alimento y las limitaciones en las observaciones de la época.

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