Lograr una drástica reducción de las emisiones contaminantes derivadas del consumo de tabaco es una realidad tangible en el norte del continente. Actualmente, apenas el 3,7% de la población adulta en esta nación fuma de manera cotidiana, una estadística que sitúa al país significativamente por debajo del límite del 5%, umbral establecido por organismos de salud a nivel internacional para declarar a una sociedad oficialmente como “libre de humo”.
Esta transformación histórica ha sido documentada en el reciente informe titulado Vanor och konsekvenser 2025. El documento revela un cambio de paradigma en el comportamiento de los consumidores: aunque el consumo de nicotina persiste, el cigarrillo convencional ha dejado de ser el método predominante de administración.
El protagonista de este hito es Suecia. En urbes como Estocolmo, el acto de fumar se ha convertido en una práctica marginal, mientras que se observa un crecimiento sostenido en el uso de opciones que no requieren combustión.
La estrategia: Sustitución en lugar de prohibición
El denominado “modelo sueco” ha fundamentado su éxito en una política de reducción de daños y sustitución progresiva. Durante varias décadas, las instituciones gubernamentales han permitido y fomentado el uso de alternativas sin humo, tales como el snus, las bolsas de nicotina y los dispositivos de vapeo. Esta táctica ha permitido desplazar al cigarrillo tradicional sin obligar a los usuarios a abandonar la nicotina de forma abrupta.
La prioridad nacional ha sido erradicar el humo, identificado como el principal vector de toxicidad para la salud. Respecto a este enfoque, el psicólogo clínico Karl Fagerström, reconocido creador del test de dependencia a la nicotina, señaló lo siguiente:
“Si todos los suecos que hoy usan snus hubieran fumado cigarrillos, habríamos tenido 4.000 muertes más al año”

Impacto directo en la salud de los ciudadanos
La transición hacia este modelo se traduce en cifras positivas para la salud pública. Diversas investigaciones realizadas en territorio sueco proyectan que el cambio hacia productos sin combustión ha logrado prevenir aproximadamente 3.000 fallecimientos anuales vinculados directamente al tabaquismo.
Al comparar los datos con el promedio de la Unión Europea, Suecia muestra indicadores mucho más favorables en patologías derivadas del tabaco. El país registra tasas considerablemente menores de cáncer y de mortalidad asociada a enfermedades respiratorias y cardiovasculares.
Este fenómeno de descenso es transversal a toda la sociedad. Desde el año 2013, la prevalencia del tabaquismo se ha reducido casi a la mitad en todos los rangos de edad. Destaca especialmente el segmento de jóvenes de entre 18 a 29 años, donde el consumo diario de tabaco combustible apenas alcanza el 2,9%, mientras se consolida la preferencia por alternativas tecnológicas.

Controversia y debate en el marco europeo
Mientras Suecia celebra sus resultados, la Unión Europea se encuentra en pleno proceso de revisión de la Directiva de Productos del Tabaco (TPD). Existen propuestas sobre la mesa que buscan aplicar la misma rigurosidad regulatoria de los cigarrillos tradicionales a los productos sin humo o sin combustión.
Esta intención de equiparar ambos tipos de productos ha levantado alertas entre especialistas, quienes argumentan que no todas las alternativas presentan el mismo perfil de riesgo para el consumidor. Asimismo, se ha advertido que una regulación excesivamente restrictiva podría incentivar el mercado ilícito.
Un ejemplo de esta problemática se observa en Francia, donde el contrabando y consumo ilegal de tabaco ha experimentado un auge en los últimos años, impulsado por una fuerte carga impositiva y leyes de control sumamente estrictas.
El panorama regulatorio en España
En el contexto español, la discusión actual gira en torno al Plan Integral de Prevención y Control del Tabaquismo 2024-2027, el cual contempla regular las bolsas de nicotina. Una de las medidas que genera mayor fricción es la propuesta de limitar la concentración de nicotina a un máximo de 0,99 mg por unidad.
Expertos en la materia consideran que este tope tan bajo podría anular la efectividad de estos productos como herramientas para dejar de fumar. Al respecto, Karl Fagerström se mostró sumamente crítico con la medida:
“Una dosis de 0,99 mg de nicotina no ayudará en nada a un fumador, es demasiado baja”
El especialista también advirtió sobre las repercusiones en las poblaciones más jóvenes si se eliminan opciones con niveles adecuados de satisfacción para los adultos:
“Para un niño de 13 años, con un sistema nervioso ingenuo, sin tolerancia, sensible a la nicotina… probablemente pensará: ‘Esto no es lo suficientemente fuerte. ¿Tienes algo más fuerte? ¿Un cigarrillo?’”

El avance de Nueva Zelanda fuera de Europa
En el plano internacional, Nueva Zelanda es otra nación que se encamina a cifras de tabaquismo marginales, reportando actualmente un 6,8% de fumadores diarios. La estrategia neozelandesa se ha centrado en promover el vapeo como una vía de salida para los fumadores crónicos.
El Ministerio de Salud de Nueva Zelanda ha reconocido formalmente la utilidad de estos aparatos, especialmente para aquellos grupos sociales donde los tratamientos de cesación tradicionales no habían surtido efecto, manteniendo una postura de cautela sobre la relación de causalidad total, pero validando su uso clínico.
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