La ministra de Juventud e Infancia, Sira Rego, ha lanzado una fuerte crítica este jueves contra el expresidente estadounidense, Donald Trump, y el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu. Durante su intervención, los calificó formalmente como «la mayor amenaza para la seguridad mundial», alertando simultáneamente sobre una preocupante «normalización de la violencia» que se vive a escala global.
En el marco de la celebración por el 25 aniversario de ‘Entreculturas’, la funcionaria manifestó su profunda preocupación por el panorama internacional contemporáneo. Rego señaló que
«En los últimos años estamos asistiendo a una normalización de la violencia a muchos niveles y cómo se resquebrajan los consensos internacionales construidos tras la II Guerra Mundial»
.
Conflictos internacionales y geopolítica
Para sustentar su postura sobre el riesgo que representan los líderes de Estados Unidos e Israel, la titular de la cartera de Juventud e Infancia enumeró diversos conflictos geopolíticos de alto impacto. Entre ellos, destacó los siguientes puntos críticos:
- El «genocidio contra el pueblo palestino» y los bombardeos persistentes en la Franja de Gaza.
- La incursión militar de Israel en territorio de el Líbano.
- Las acciones de Donald Trump dirigidas hacia Venezuela y el histórico bloqueo económico sobre Cuba.
Asimismo, Sira Rego dedicó una parte importante de su discurso a enaltecer el activismo de las nuevas generaciones frente a la crisis en Gaza y otros retos sociales urgentes. Según la ministra, los jóvenes han protagonizado movilizaciones masivas en contra de lo que describió como un genocidio, pero también están liderando luchas por la paz y la justicia climática.
La ministra esgrimió que la juventud actual está «cuestionando un mercado laboral que premia la competición y que les roba tiempo de vida», además de posicionar en la agenda pública temas fundamentales como la salud mental y la garantía de un futuro digno para su generación.
La juventud como motor de transformación
Finalmente, Rego enfatizó la necesidad de que la juventud organizada sea tratada como un sujeto político con plenas facultades para proponer transformaciones sociales profundas. En este sentido, instó a las instituciones públicas a establecer mecanismos de participación que sean «estables, accesibles y dotados de recursos», con el fin de asegurar que su intervención en la esfera pública sea efectiva, real y transformadora para la sociedad.
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