El descubrimiento de un espécimen fósil de Captorhinus aguti en el estado de Oklahoma, con una cronología que alcanza los 289 millones de años, ha transformado drásticamente las teorías previas sobre cómo evolucionó la respiración en los vertebrados de tierra firme. Esta investigación, coordinada por expertos de la Universidad de Harvard y la Universidad de Toronto, ha sido detallada en la prestigiosa publicación científica Nature, subrayando que la excepcional conservación de piel y proteínas en este ejemplar facilita la reconstrucción del paso evolutivo hacia la existencia fuera del entorno acuático.
Este resto orgánico, hallado específicamente en las cavidades de Richards Spur —un sitio de gran relevancia por su abundancia de vertebrados pertenecientes al Paleozoico tardío—, expone la arquitectura respiratoria más remota que se haya identificado en los amniotas. Este grupo biológico abarca a los reptiles, las aves y también a los mamíferos contemporáneos.
La inusual permanencia de tejidos blandos y de restos proteicos entrega a la disciplina de la paleontología molecular un recurso sin precedentes. Gracias a esto, es posible determinar cómo los vertebrados primitivos desarrollaron la respiración costal, un factor determinante para colonizar entornos terrestres y propiciar la diversificación de nuevas especies.

El fósil, que se remonta al período Pérmico, demuestra que los amniotas iniciales implementaron la expansión y compresión del tórax para la captura de oxígeno mediante el uso de músculos intercostales. Este avance biomecánico les otorgó la capacidad de mantener una existencia mucho más dinámica y eficiente en la superficie terrestre.
Las pruebas recolectadas señalan que este método respiratorio es notablemente superior al de los anfibios, quienes dependen de la permeabilidad de su piel o del bombeo bucal de aire. Por tanto, se considera un hito fundamental en la trayectoria evolutiva de los seres vertebrados.
Condiciones de preservación y rasgos distintivos
De acuerdo con los informes de la Universidad de Harvard, una mezcla específica de hidrocarburos, agua mineralizada y un entorno de barro anóxico dentro de la cueva propició el escenario perfecto para la momificación. Este proceso permitió que huesos, cartílago calcificado y piel con texturas en relieve se conservaran de forma tridimensional.

En la actualidad, esta pieza histórica se encuentra bajo el resguardo del Royal Ontario Museum en Toronto. El estudio técnico empleó tomografía computarizada de neutrones y espectroscopía infrarroja de sincrotrón, técnicas que detectaron proteínas originales en las estructuras de hueso y piel. Este logro desplaza en casi 100 millones de años el récord anterior de las proteínas fósiles más antiguas registradas, el cual pertenecía a un dinosaurio.
La integridad de elementos anatómicos como las costillas esternales, el esternón segmentado y las conexiones óseas entre la cintura escapular y la caja torácica permitió a los científicos mapear el sistema respiratorio del Captorhinus aguti.
“Es fundamental para comprender la evolución temprana de los amniotas”
Así lo afirmó Ethan Mooney, investigador de la Universidad de Harvard. Por su parte, Robert R. Reisz, representante de la Universidad de Toronto, ratificó que el mecanismo descubierto
“representa la condición ancestral de la respiración asistida por costillas”
que todavía es observable en las especies actuales de mamíferos, aves y reptiles.

La irrupción de la respiración costal marcó una distancia evolutiva insalvable respecto a los sistemas limitados de los anfibios, permitiendo que estos animales adoptaran hábitos más activos y se expandieran hacia ecosistemas terrestres inexplorados.
Relevancia en la bioquímica y el futuro científico
Hallar proteínas de tal antigüedad traza nuevos caminos para indagar en la bioquímica de los primeros habitantes terrestres. Los datos obtenidos por Harvard y Toronto invitan a revisar las circunstancias en las que las moléculas orgánicas logran perdurar en el registro fósil, ampliando los límites de los estudios sobre evolución.
El Royal Ontario Museum continuará custodiando estos ejemplares para dar soporte a futuras indagaciones sobre la adaptación de los amniotas primitivos. El caso del Captorhinus aguti confirma que la supervivencia de tejidos blandos puede superar los 200 millones de años, redefiniendo las fronteras de lo que la paleontología molecular considera posible para entender la diversidad de los vertebrados.
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