Con un volumen de ventas que a nivel global sobrepasó los USD 36.400 millones en 2025, la cadena KFC gestiona desafíos monumentales en la administración de sus productos. El manejo del excedente de pollo al finalizar la jornada en sus más de 27.000 sucursales, repartidas en 146 países, es una de sus prioridades operativas más críticas.
La multinacional, que forma parte del conglomerado Yum! Brands, mantiene desde hace más de veinte años un protocolo estricto que pone como prioridad la donación y el aprovechamiento de los alimentos no comercializados. Esta política se enmarca en una estrategia integral para mitigar el desperdicio de comida y mejorar la eficiencia en el uso de los recursos.
La administración de estos excedentes en KFC requiere de una logística altamente coordinada que vincula la responsabilidad social con la rentabilidad del negocio. Diariamente, cada establecimiento realiza un balance del pollo que no fue consumido y, siguiendo las normativas corporativas, se define el camino que seguirá dicho producto. El eje central de esta operación es prevenir que alimentos aptos para el consumo terminen en los vertederos, impulsando acciones que generen un impacto positivo en las comunidades locales.
El programa Harvest y su impacto global
La mayor parte del pollo que queda al final del día es gestionada a través de Harvest. Este programa fue lanzado originalmente en 1999 mediante una alianza estratégica entre la Fundación KFC (el brazo filantrópico de la organización) y el respaldo de Yum! Brands.
Datos oficiales de la compañía, difundidos por el portal gastronómico Mashed, señalan que la iniciativa Harvest ha permitido la entrega de más de 92 millones de raciones de comida a un total de 4.300 organizaciones sin fines de lucro alrededor del mundo. Según las reglas del programa, todo el pollo que no se vendió y que cumple con los parámetros de seguridad alimentaria es destinado a:
- Bancos de alimentos de diversas ciudades.
- Comedores de asistencia comunitaria.
- Diversas entidades de ayuda social.
Para asegurar que los alimentos mantengan su calidad, se aplican procesos de manipulación y traslado bajo rigurosas normativas de sanidad. Estas donaciones se ejecutan en conjunto con socios locales expertos en distribución humanitaria, garantizando que la ayuda llegue directamente a los sectores más vulnerables de la población.
Reutilización creativa: Del mostrador al ‘Chicken Pot Pie’
En escenarios donde la donación no es factible debido a trabas logísticas o normativas legales del país, KFC opta por la reutilización del pollo para la creación de nuevos ítems del menú. Testimonios de trabajadores y excolaboradores recogidos por Mashed revelan que, tras el cierre, el personal utiliza guantes para retirar manualmente la carne de los huesos y almacenarla bajo condiciones de seguridad controladas.
Esta proteína desmenuzada se convierte luego en el ingrediente base para el chicken pot pie (pastel de pollo). Este plato tradicional permite dar un nuevo uso al excedente operativo sin comprometer el estándar de sabor ni la calidad que define a la marca.
Esta práctica de economía circular es habitual en múltiples locales de KFC, sobre todo en regiones donde existe una alta demanda por estas recetas horneadas. La empresa enfatiza que estos procesos se realizan bajo protocolos de inocuidad alimentaria que cumplen con las exigencias de las autoridades de salud en cada mercado.
Otras alternativas antes del descarte final
No obstante, los métodos de gestión pueden variar según la región. De acuerdo con información de supervisores y empleados citada por Mashed, algunos locales implementan la venta de cubetas de pollo a precios reducidos minutos antes del cierre. Esto permite a los usuarios obtener comida fresca a un costo menor mientras se disminuye el descarte.
Asimismo, en ciertas sucursales se permite que los empleados lleven parte del excedente a sus casas o lo consuman en el sitio, dejando la eliminación total del producto como la última opción posible.
La crisis del desperdicio de alimentos a escala mundial

El esfuerzo por reducir el desperdicio alimentario es una preocupación de carácter internacional. Cifras de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) indican que anualmente se pierden cerca de 1.300 millones de toneladas de comida en el planeta. Esto representa un tercio de la producción global para consumo humano. Acciones como las de KFC demuestran cómo el sector privado puede influir positivamente en la sostenibilidad de los recursos.
Compromiso social y operativo de Yum! Brands

La política establecida desde finales de los años 90 ha conectado a los restaurantes de la cadena con entidades dedicadas a combatir el hambre. El alcance de 4.300 organizaciones beneficiadas ratifica la escala de la iniciativa coordinada por la Fundación KFC.
Expertos en salud pública han destacado la relevancia de estos canales de donación seguros, siempre que existan protocolos que mitiguen riesgos sanitarios. El sistema de KFC es visto como un modelo que otras empresas de la industria podrían replicar al unir eficiencia y ayuda social.
Pese a las dificultades regulatorias de cada país, la franquicia adapta sus políticas a las realidades locales. Sobre este compromiso, Trisha Baksh, directiva de una franquicia en Trinidad y Tobago, comentó a Mashed:
“Nuestro programa Harvest encarna la creencia de que la comida tiene el poder de unir, elevar e inspirar el cambio”.
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