Durante el transcurso del año 2025, los registros judiciales en España contabilizaron un total de 84.424 solicitudes para la disolución de vínculos matrimoniales, lo que arroja un promedio de 231 divorcios cada día. Detrás de esta fría estadística, se esconde una determinación que raramente resulta sencilla para los involucrados. El dilema entre preservar la unión conyugal o comenzar los trámites de separación supone enfrentar, a menudo durante meses o años, una intensa pugna interna. La psicóloga Diana Tutschek profundiza en esta realidad a través de un artículo en la revista Psychology Today, donde señala que la decisión
“no se basa en una decisión discreta y lineal, sino en un proceso continuo de negociación de fuerzas opuestas”
. Bajo esta premisa, surge la duda sobre cuál es la mejor forma de gestionar la situación cuando la separación se plantea como una posibilidad real.
De acuerdo con la terapeuta especializada en parejas, ya sea de forma constante o durante episodios de crisis aguda, “las personas evalúan el estado de su relación, reflexionando sobre aspectos pasados, presentes y futuros”. En este ejercicio introspectivo, los cónyuges
“analizan los desafíos, como problemas recurrentes o críticos, o problemas crónicos, lo que generalmente las lleva a considerar alternativas, como la posibilidad del divorcio o la búsqueda de ayuda”
.
En cualquiera de estos escenarios, la comunicación tanto interna como externa resulta determinante para que hombres y mujeres puedan lidiar con la incertidumbre que acompaña estos momentos de quiebre. La experta sostiene que
“el diálogo interno implica la autorreflexión y el cuestionamiento de los valores personales, la identidad y el compromiso, así como la evaluación de posibles escenarios futuros. El diálogo externo, por su parte, incluye conversaciones con la pareja, la opinión de amigos, familiares o profesionales, y la interacción con narrativas culturales más amplias sobre el matrimonio y el divorcio”
. Sin embargo, Tutschek lanza una advertencia importante: una parte fundamental de todo este análisis ocurre en el plano de la intimidad y “rara vez se comparte plenamente con otra persona”, incluyendo al propio cónyuge.
La complejidad de un proceso no lineal
Desde su experiencia en la práctica clínica y la terapia de pareja, la autora enfatiza que percibir la toma de decisiones sobre el divorcio como un simple proceso analítico pone en duda la visión de que el objetivo de la terapia sea forzar una resolución rápida o evidente. Por el contrario, el trabajo terapéutico esencial debe enfocarse en reconocer cómo se administran las tensiones y detectar los esquemas de transición entre el crecimiento, la entropía y la preservación del vínculo.
A lo largo de este camino emocional, las parejas suelen arribar a lo que la especialista define como un “punto de inflexión”. Este momento crítico es el que finalmente detona una determinación definitiva, la cual puede manifestarse como el divorcio, una etapa de reconciliación y reparación, o el acuerdo de permanecer juntos incluso sin haber solventado las dificultades de fondo. Para Diana Tutschek, esta resolución final puede estar influenciada por circunstancias que otorgan una lucidez momentánea, inclinando a menudo la balanza hacia la continuidad de la unión gracias a acciones específicas realizadas por uno de los miembros de la pareja.
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