Frente a la creciente preocupación sobre las repercusiones del uso excesivo de la tecnología en menores, una reciente investigación académica ha vuelto a poner en primer plano una actividad tradicional: el juego con muñecos. Este hábito, lejos de ser simplemente una forma de distracción, se perfila como una herramienta determinante en el crecimiento emocional, estimulando la empatía en infantes con edades comprendidas entre los cuatro y ocho años, de acuerdo con los hallazgos de la Universidad de Cardiff.
El estudio realizó una comparación directa entre dos realidades que coexisten en la infancia contemporánea: el entretenimiento de antaño y el empleo de herramientas digitales. Bajo la dirección de la doctora Sarah Gerson, perteneciente al Centro para el Desarrollo Humano y Social, la investigación analizó a un total de 152 niños. Los participantes fueron asignados aleatoriamente a dos categorías: un grupo dedicado a jugar con muñecos y otro enfocado en el uso de tabletas, con el fin de cuantificar cómo influyen estas actividades en sus destrezas socioemocionales.
A lo largo de un periodo de seis semanas, los padres de familia documentaron minuciosamente el tiempo diario que sus hijos destinaban a cada labor, así como las personas con quienes compartían dichos espacios. Tras concluir el tiempo de observación, las pruebas de laboratorio revelaron que los menores que interactuaron con muñecos mostraron una superioridad notable en la identificación de emociones y en la comprensión de las intenciones ajenas.
En el transcurso de estas evaluaciones, se pidió a los niños que interpretaran pensamientos y sentimientos de terceros mediante ejercicios específicos. Estas tareas para medir la empatía incluyeron la detección de estados de ánimo en imágenes y el desarrollo de narrativas basadas en simulaciones de interacciones sociales.

El grupo vinculado al juego con muñecos no solo tuvo un mayor índice de aciertos al descifrar lo que otras personas podrían estar pensando, sino que además exhibió un léxico emocional mucho más nutrido y generó historias con un nivel de complejidad superior durante sus momentos lúdicos.
En contraste, aquellos infantes que emplearon mayoritariamente dispositivos electrónicos no evidenciaron los mismos progresos en estas facultades. Estos niños presentaron un vocabulario emocional más restringido, tanto en las dinámicas dentro del hogar como en las mediciones controladas en el laboratorio.
Influencia de los juguetes tradicionales en las habilidades sociales
Las variaciones detectadas por los científicos se mantuvieron constantes durante el seguimiento de seis semanas, lo que permite descartar que se tratara de un fenómeno transitorio. El conjunto que se dedicó al juego tradicional tuvo una mayor interacción con sus hermanos y familiares, lo que derivó en un incremento del diálogo y el intercambio de afectos. Este hallazgo resultó de gran importancia para los menores que presentaban retos iniciales en su vinculación con otros niños de su edad.

La experta Sarah Gerson detalló que esta actividad lúdica impulsa la empatía debido a que motiva a los pequeños a imaginar sensaciones, pensamientos y propósitos distintos a los suyos, consolidando su capacidad de entender lo que otros sienten.
Asimismo, la representación de roles a través de diversos personajes facilitó que los niños con dificultades de integración social pudieran explorar múltiples escenarios emocionales, sirviendo como una plataforma de aprendizaje seguro.
La tecnología y el equilibrio en la formación infantil
A pesar de que el informe resalta las bondades del juego con objetos físicos frente a las pantallas en el ámbito socioemocional, los especialistas de la Universidad de Cardiff aclararon que no todas las funciones digitales son nocivas para el crecimiento.
Según lo manifestado por el equipo de investigación,
“los dispositivos electrónicos pueden cumplir otros roles en el aprendizaje”
, si bien admiten que los muñecos brindan un factor particular de conexión emocional y social que las pantallas todavía no logran igualar con la misma eficacia.

Los profesionales en educación y psicología sugieren que los representantes legales promuevan un balance saludable de actividades, priorizando aquellas que estimulen la inventiva y el contacto humano. El estudio es enfático al señalar que la diversidad en los juguetes y el acompañamiento constante de los adultos son factores vitales para un desarrollo afectivo sano en las primeras etapas de la vida.
Este análisis se alinea con una corriente de estudios globales sobre cómo el juego afecta las habilidades sociales. Según datos de Statista, firma alemana de estadísticas, el 68 % de los padres en Europa sostiene que el juego simbólico es indispensable para el crecimiento de sus hijos. Por otro lado, la prestigiosa revista médica The Lancet ha subrayado en publicaciones recientes que el juego no estructurado es fundamental para afianzar la empatía.

Múltiples informes de la academia concuerdan en que estas interacciones tempranas repercuten directamente en la resolución de conflictos, la comunicación de sentimientos y la inclusión social desde que los niños son pequeños.
Finalmente, los resultados obtenidos en Cardiff añaden evidencia científica al debate actual sobre la convivencia entre la tecnología y lo tradicional en casa, abriendo la puerta a nuevas estrategias educativas que busquen fortalecer el bienestar emocional de la población infantil.
Fuente: Fuente