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EE. UU. y China se disputan influencia militar en Latinoamérica

Entre los últimos meses de 2025 y el inicio de 2026, la Armada del Ejército Popular de Liberación de China (PLAN) puso en marcha una expedición por América Latina y el Caribe empleando un buque hospital militar. Esta iniciativa, denominada el “Arca de la Ruta de la Seda”, pretendía ser una vitrina del poderío de la potencia asiática y su relevancia geopolítica en el hemisferio. No obstante, la misión es calificada actualmente como un fracaso estrepitoso, ya que apenas 6 de las 33 naciones de la región aceptaron recibir la embarcación.

Las ambiciones militares de Pekín

En diciembre pasado, el gobierno de Pekín hizo público su tercer Libro Blanco enfocado en América Latina. En este documento oficial, el régimen manifiesta su intención de

“llevarán a cabo activamente intercambios y cooperación militar con los países de América Latina y el Caribe; ampliarán los intercambios amistosos entre los altos funcionarios de defensa y militares de ambas partes; fortalecerán el diálogo político y establecerán mecanismos de reuniones de trabajo”

.

La hoja de ruta política detallada por China no se detiene en la diplomacia básica. El texto subraya la meta de “realizar visitas mutuas entre delegaciones y buques, profundizar los intercambios profesionales en campos como el entrenamiento militar… y mejorar la cooperación en el comercio y la tecnología militar”. Estos objetivos demuestran que el interés del gigante asiático trasciende la simple oferta de servicios sanitarios preventivos.

Rechazo regional y limitaciones operativas

Pese a sus esfuerzos, la recepción fue mínima. Países como Brasil, Chile, Jamaica y Barbados aceptaron la llegada del navío, mientras que Uruguay y Nicaragua se sumaron de forma imprevista únicamente para realizar paradas técnicas. Un caso notable ocurrió en Chile, específicamente en Valparaíso, donde las autoridades de salud locales prohibieron terminantemente que el personal chino realizara las intervenciones médicas que tenían programadas.

Otros actores clave como México, el socio comercial más relevante de Estados Unidos en la zona, y Perú, que goza del estatus de Aliado Principal fuera de la OTAN, optaron por retirarse del cronograma de la gira sin hacer ruido, ignorando la intensa maquinaria de propaganda china. Para ambas naciones, involucrarse en estas maniobras militares de Pekín no representaba un beneficio estratégico.

Brasil se posicionó como el único país que acogió la misión sin restricciones. En la ciudad de Río de Janeiro, las fuerzas navales de ambos países ejecutaron simulacros de búsqueda y rescate, además de demostraciones de operaciones de combate. Sin embargo, la visita no estuvo libre de polémica: el Consejo Regional de Medicina del Estado de Río de Janeiro (CREMERJ) denunció públicamente que se les impidió inspeccionar la embarcación o mantener contacto con los médicos a bordo.

El portaaviones norteamericano Nimitz visitará varios países de América Latina (REUTERS/Enea Lebrun)

La respuesta estratégica de los Estados Unidos

Frente a los movimientos asiáticos, Estados Unidos inició recientemente una movilización militar de gran escala denominada “Southern Seas 2026”. Este despliegue cuenta con la imponente presencia del portaaviones Nimitz —una plataforma de propulsión nuclear de dimensiones masivas— escoltado por el USS Gridley y un destructor de misiles guiados perteneciente a la clase Arleigh Burke.

Esta gira estadounidense contempla una robusta agenda de ejercicios militares con naciones como:

  • Ecuador
  • Argentina
  • Brasil
  • Chile
  • Colombia
  • Perú
  • México
  • El Salvador
  • Guatemala
  • Uruguay

Además, se han programado visitas oficiales a puertos estratégicos en Panamá, Jamaica, Chile y Brasil. Durante una reciente comparecencia ante el legislativo estadounidense, el General Francis L. Donovan, quien lidera el Comando Sur de los EE. UU., definió los pilares de este nuevo acercamiento regional:

“negar a los adversarios puntos de apoyo e influencia indebida en el hemisferio occidental; fortalecer el mando y control hemisféricos; imponer una freno sistémico total a los cárteles de la droga y a sus redes terroristas; desarrollar fuerzas modernas, rentables y adaptadas específicamente a la misión trazada”

.

Resultados en la lucha contra el crimen organizado

El pasado 7 de marzo, se anunció la creación de la Coalición de las Américas contra los Cárteles. Los efectos de esta política se han manifestado rápidamente: Ecuador ha ejecutado golpes contundentes contra la infraestructura logística de grupos narcodelictivos; Paraguay ratificó un nuevo Acuerdo sobre el Estatuto de las Fuerzas (SOFA); y en Bolivia se logró la captura del narcotraficante más buscado de la región.

La disparidad entre la gira china y el despliegue estadounidense evidencia una competencia geopolítica donde Pekín parece estar perdiendo terreno. Aunque China se mantiene como el socio comercial número uno para gran parte de Sudamérica, Estados Unidos reafirma su posición como el aliado indispensable en temas de defensa y seguridad ciudadana.

La Estrategia de Seguridad Nacional estadounidense es clara al respecto:

“Tras años de negligencia, los Estados Unidos reafirmarán y harán cumplir la Doctrina Monroe para restaurar la preeminencia estadounidense en el Hemisferio Occidental, y para proteger nuestra patria y nuestro acceso a geografías clave en toda la región”

.

El objetivo de Washington es impedir que potencias externas como China logren establecer capacidades militares amenazantes o tomen el control de activos estratégicos en el continente. Aunque la situación es compleja, por ahora, el liderazgo estadounidense parece consolidarse en la región.

*El análisis cuenta con la perspectiva de Arturo McFields, periodista en el exilio, exembajador de Nicaragua ante la OEA y antiguo integrante del Cuerpo de Paz de Noruega. McFields es graduado del Seminario de Seguridad y Defensa de la National Defense University y del programa de Liderazgo de Harvard.

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