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Fósil de 500 millones de años cambia origen de arañas y escorpiones

La comprensión científica sobre la evolución de los arácnidos ha dado un giro drástico tras el hallazgo del Megachelicerax cousteaui. Este fósil, con una antigüedad de 500 millones de años, redefine por completo la línea de tiempo de los quelicerados, el extenso grupo de artrópodos que en la actualidad comprende a las arañas, los escorpiones y los cangrejos herradura.

Un equipo de investigadores pertenecientes a la Universidad de Harvard fue el encargado de identificar este ejemplar, determinando que se trata del miembro más antiguo de este linaje que se haya registrado hasta la fecha. Este descubrimiento es fundamental, ya que adelanta la aparición de estos seres en el registro fósil en al menos 20 millones de años respecto a lo que se creía anteriormente.

De acuerdo con el estudio difundido en la prestigiosa publicación científica Nature, la evidencia demuestra que los quelicerados ya poblaban los ecosistemas marinos durante el Cámbrico medio. El equipo de expertos, encabezado por Rudy Lerosey-Aubril y Javier Ortega-Hernández, sostiene que la estructura anatómica y la edad del Megachelicerax cousteaui fuerzan a la comunidad científica a reevaluar los mecanismos y las épocas en que surgieron estos grupos biológicos que hoy son vitales para la naturaleza.

Anatomía detallada del Megachelicerax cousteaui

El espécimen sometido a estudio posee una longitud superior a los ocho centímetros. Su morfología destaca por un exoesqueleto dorsal que se divide claramente en dos secciones: un escudo en la zona cefálica y un total de nueve segmentos corporales. En su cabeza se han localizado seis pares de apéndices destinados a funciones de percepción sensorial y alimentación.

Además, en su parte inferior se han identificado estructuras que guardan una gran similitud con las “branquias en libro” que poseen los cangrejos herradura contemporáneos.

El ejemplar de Megachelicerax cousteaui fue hallado en la Formación Wheeler, en el oeste de Estados Unidos, tras décadas en una colección (Créditos: Rudy Lerosey-Aubril/ Universidad de Harvard)

No obstante, el rasgo más significativo de este fósil es la quelícera, un apéndice con forma de pinza que es exclusivo de este grupo y que no se encuentra en los insectos. Sobre este hallazgo, Rudy Lerosey-Aubril manifestó:

“Las pinzas nunca se encuentran en esa posición en un artrópodo cámbrico. Tardé unos minutos en darme cuenta: acababa de exponer la quelícera más antigua jamás hallada”.

Previamente, no se contaba con evidencia irrefutable de esta pieza anatómica en artrópodos del periodo Cámbrico. Por ello, este hallazgo ratifica que la arquitectura corporal básica de este grupo ya estaba plenamente consolidada hace medio milenio de millones de años.

Historia de un hallazgo fortuito

La pieza fue recolectada originalmente en el año 1981 dentro de la Formación Wheeler, situada en la House Range del oeste de Estados Unidos. El responsable del descubrimiento fue el coleccionista Lloyd Gunther. Durante varias décadas, el fósil permaneció resguardado en el Instituto de Biodiversidad y Museo de Historia Natural de la Universidad de Kansas, hasta que Lerosey-Aubril decidió realizar un análisis profundo.

Para revelar sus secretos, los paleontólogos dedicaron más de 50 horas de una minuciosa limpieza bajo el microscopio, logrando describir por primera vez la fisionomía de este depredador de los mares antiguos.

Investigadores de Harvard identifican al quelicerado más antiguo, lo que obliga a revisar la evolución de arañas y escorpiones (Créditos: Rudy Lerosey-Aubril/Universidad de Harvard)

Como un gesto de reconocimiento a la exploración marina, el nombre científico Megachelicerax cousteaui fue elegido en honor al célebre divulgador y explorador francés Jacques-Yves Cousteau.

Nuevas perspectivas sobre la evolución

Hasta este momento, los registros más antiguos de quelicerados se habían localizado en la biota de Fezouata, en Marruecos, datando del Ordovícico temprano (hace unos 480 millones de años). La presencia del Megachelicerax cousteaui en el registro desplaza el origen conocido hacia el Cámbrico medio, cerrando una brecha temporal importante.

Este ejemplar funciona como un eslabón evolutivo clave entre los artrópodos primitivos que carecían de quelícera y los sinziposúridos, que son parientes cercanos de los antiguos cangrejos herradura.

La morfología de Megachelicerax cousteaui revela una complejidad anatómica temprana en los artrópodos marinos del Cámbrico (Imagen Ilustrativa Infobae)

Al respecto, Javier Ortega-Hernández señaló:

“Megachelicerax muestra que la quelícera y la división del cuerpo en dos regiones especializadas evolucionaron antes de que los apéndices cefálicos perdieran sus ramas externas y se transformaran, como las patas de las arañas modernas“.

El investigador también añadió que:

“Esto nos indica que, para el Cámbrico medio, cuando las tasas evolutivas eran notoriamente elevadas, los océanos ya albergaban artrópodos con una complejidad anatómica comparable a las formas actuales“.

A pesar de su avanzada anatomía, estos primeros quelicerados convivieron durante millones de años con grupos dominantes como los trilobites, sin lograr una expansión ecológica inmediata. Lerosey-Aubril enfatizó que

“el éxito evolutivo no depende solo de la innovación biológica; el momento y el contexto ambiental también son cruciales”.

Impacto en el mundo moderno

En la actualidad, el grupo de los quelicerados es sumamente diverso, contando con más de 120.000 especies activas. Este grupo incluye no solo a las arañas y escorpiones, sino también a ácaros, arañas marinas y cangrejos herradura, habitando casi todos los rincones del planeta.

Este fósil de 500 millones de años demuestra que los quelicerados habitaban los océanos del Cámbrico medio, mucho antes de lo pensado (Imagen Ilustrativa Infobae)

Ortega-Hernández destacó la relevancia de estos animales mencionando su huella en la cultura popular, como en la literatura de ciencia ficción. No obstante, subrayó su importancia práctica: la hemolinfa de los cangrejos herradura es esencial para realizar pruebas de esterilidad en medicamentos, mientras que diversos ácaros son piezas clave para el control biológico de plagas en la agricultura.

Este estudio liderado por la Universidad de Harvard no solo aporta datos técnicos, sino que permite reconstruir la historia de especies que son fundamentales para el equilibrio biológico de la Tierra tal como la conocemos hoy.

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