Ha transcurrido un mes desde que zarparon los últimos cargamentos de gas natural licuado (GNL) provenientes del Golfo, una región que suministra la quinta parte de la producción global. Este movimiento logístico ocurrió justo antes de que se registraran las ofensivas de Estados Unidos e Israel contra Irán. Con la llegada de estas embarcaciones a sus destinos finales esta semana, los importadores energéticos que dependen críticamente de este recurso para la generación de electricidad están ejecutando planes de contingencia urgentes. Mientras las potencias económicas pagan tarifas más elevadas por el GNL disponible, algunas naciones en desarrollo han tomado medidas drásticas, como el cierre de centros educativos o la reducción de jornadas laborales para mitigar el consumo. En este escenario, la mirada global ha vuelto a posarse con fuerza sobre el carbón.
Retorno a las fuentes tradicionales en Asia
En días recientes, naciones como Japón y Corea del Sur han decidido suspender las restricciones que pesaban sobre antiguas centrales termoeléctricas de carbón, instalaciones que estaban en proceso de desmantelamiento como parte de sus políticas de descarbonización. Paralelamente, Bangladesh ha intensificado sus importaciones de este mineral desde Indonesia y Sudáfrica, además de incrementar la compra de energía eléctrica generada mediante carbón en India. Este giro en la demanda ha provocado que los precios del carbón en Australia, que sirve como el principal referente para el mercado de exportación, experimenten un incremento del 25% desde finales de febrero, confirmando que este combustible fósil vuelve a ser una pieza clave en la matriz energética actual.
Factores que contienen una escalada mayor
A pesar de la tensión, surge la interrogante de por qué los precios no han alcanzado niveles todavía más alarmantes. Actualmente, el petróleo presenta un costo 50% superior al registrado antes del conflicto, debido a que una sexta parte de la producción mundial se encuentra bloqueada tras el estrecho de Ormuz. En el caso del GNL, los precios casi se han duplicado. Al comparar con la crisis energética de 2022 tras la invasión rusa a Ucrania, donde el carbón australiano multiplicó su valor por 2.5, la fluctuación actual se mantiene relativamente contenida. Esto se explica por la estructura propia del mercado: solo el 17% del carbón extraído en el planeta se comercializa en el mercado internacional, en contraste con el 20% del gas natural y la totalidad del GNL.
Durante la crisis de 2022, el impacto fue severo para Europa, que debió prescindir de las importaciones de gas y carbón provenientes de Rusia. Ante la falta de producción interna por compromisos climáticos, el continente se vio forzado a recurrir masivamente al mercado externo. En esta ocasión, el epicentro de la crisis energética se sitúa en Asia, donde los grandes importadores, especialmente China e India, mantienen una robusta infraestructura de extracción y quema de carbón. Esta capacidad instalada les permite aumentar la producción minera local en pocos meses para compensar el déficit de GNL, además de contar con numerosas plantas inactivas que pueden reactivarse de forma inmediata.
Proyecciones e incertidumbre en el mercado
No obstante, la prolongación de la crisis amenaza con recalentar el mercado del carbón. Territorios como Japón, Corea del Sur y Taiwán enfrentan hoy un escenario de vulnerabilidad similar al que experimentó Europa hace cuatro años. El pasado 24 de marzo, el secretario de Energía de Filipinas advirtió que su país deberá apoyarse con mayor intensidad en la generación a base de carbón. De hecho, los precios del mineral australiano han crecido con una rapidez tres veces superior a la de Europa y cinco veces más veloz que en Estados Unidos desde el inicio de las hostilidades.
La agencia de información de precios Argos Media ha señalado que la oferta global ya se encuentra en niveles de escasez. Indonesia, el principal exportador del mundo, gestiona actualmente cuotas de producción para estabilizar los precios, aunque el 25 de marzo indicó la posibilidad de flexibilizar estas medidas para aprovechar el repunte de la demanda. Si el flujo de gas desde el Golfo no se restablece prontamente, la presión alcista sobre el carbón continuará, recordándole al mundo que, mientras la transición hacia energías renovables se consolida para proteger la soberanía energética, el carbón sigue siendo el salvavidas ante los conflictos geopolíticos.
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