Durante el periodo comprendido entre el 22 y el 28 de marzo de 2026, se llevó a cabo una serie de encuentros y ponencias en Santiago de Chile para analizar la creciente presencia de la República Popular China (RPC) en territorio austral. El actual mandatario chileno, José Antonio Kast, quien asumió la presidencia el pasado 11 de marzo, se encuentra ante una encrucijada estratégica: su intención de consolidar una alianza estrecha con Washington choca con la realidad de que la RPC es el principal receptor de las exportaciones chilenas, manteniendo una red de influencias comerciales y vínculos personales que permean todo el país.
Un claro exponente de este dilema es el titular del Ministerio de Relaciones Exteriores, Francisco Pérez MacKenna. El canciller, con formación académica en Chicago y una trayectoria empresarial ligada a capitales norteamericanos y la Cámara de Comercio Americana, posee también un pasado relevante en el Grupo Luksic. Este conglomerado, uno de los más influyentes de la nación, mantiene nexos sustanciales con el gigante asiático en el rubro minero y otros sectores, donde Beijing actúa como un socio y cliente estratégico. En declaraciones ofrecidas al diario El Mercurio, Pérez MacKenna enfatizó que el acercamiento del presidente Kast hacia Estados Unidos en áreas críticas no significa, bajo ninguna circunstancia, que Chile tenga intenciones de enfriar sus lazos con Beijing.
Como gesto simbólico de esta neutralidad, se destacó un mensaje en redes sociales del ministro donde se le observaba estrechando la mano tanto del embajador estadounidense, Brandon Judd, como del representante diplomático chino, Niu Qingbao. La similitud en la vestimenta y la postura del ministro en ambas fotografías fue objeto de múltiples análisis entre los expertos locales.


Tensiones estratégicas y seguridad nacional
Semanas antes de la investidura de Kast, se registraron incidentes que subrayaron la competencia entre las potencias. Estados Unidos aplicó sanciones a tres exfuncionarios de la administración de Gabriel Boric debido a su rol en el despliegue de un cable submarino de fibra óptica entre Valparaíso y Hong Kong. Washington advirtió que esta infraestructura podría facilitar el acceso de la inteligencia china a flujos masivos de datos intercontinentales. Ante esto, el embajador Niu declaró tajantemente que China no permitiría que Estados Unidos tratara de “socavara la soberanía” de terceros países.
En este clima de tensión, el navío oceanográfico chino Tan Suo Yi Hao realizó investigaciones en aguas territoriales chilenas, pese a las acusaciones de agencias de seguridad de Australia que lo vinculan con tareas de espionaje. Simultáneamente, el buque hospital Silk Road Ark, perteneciente al Ejército Popular de Liberación, arribó a los puertos de Antofagasta y Valparaíso para ofrecer lo que denominaron “asistencia”. No obstante, las autoridades sanitarias chilenas no otorgaron permisos para intervenciones médicas, citando la suficiencia del sistema de salud local y sus estrictos controles de calidad. A estos hechos se sumó la suspensión del proyecto espacial Ventarrones en el Desierto de Atacama, tras advertencias sobre su posible uso militar contra intereses estadounidenses.

Durante la ceremonia de apertura del año académico en la Academia Nacional de Estudios Políticos y Estratégicos (ANEPE), se notó la presencia de una comitiva del Ejército Popular de Liberación conformada por el Coronel Mayor Wang Hui y el Teniente Coronel Chen Chen.
“Aunque algunos colegas me comentaron que es poco común que participen en tales foros”
, la asistencia de los delegados chinos marcó un precedente en la visibilidad de sus nexos militares.
La hegemonía económica como herramienta de presión
A pesar de las fricciones en seguridad y tecnología, el verdadero poder de la RPC radica en su dominio comercial. Según testimonios de importantes empresarios chilenos, el hecho de que el 40% de las exportaciones del país tengan como destino China —cifra que duplica las ventas a Estados Unidos— hace que cualquier provocación sea vista como un riesgo imprudente. En los círculos empresariales se recuerda con temor cómo Beijing aplicó represalias económicas contra Australia tras desacuerdos en materia de seguridad, una lección sobre la capacidad de venganza sutil que posee el gigante asiático.

La influencia china es transversal en la economía chilena:
- Minería: El 75% del cobre y una cifra similar del litio chileno se exportan a la RPC. La firma Tianqi es socia estratégica de SQM, vinculada al empresario Julio Ponce Lerou.
- Agricultura: Beijing adquiere el 90% de las cerezas, además de grandes volúmenes de uva, vino y pulpa de celulosa.
- Energía: Compañías chinas controlan cerca del 60% de la distribución eléctrica nacional y lideran la provisión de tecnología para parques solares y eólicos.
- Transporte: Los vehículos de origen chino representan el 40% del mercado automotriz. Santiago posee la mayor flota de autobuses eléctricos chinos fuera de la propia China, y en ciudades como Copiapó, el transporte público es íntegramente eléctrico y de origen asiático.
En el rubro de las telecomunicaciones, firmas como Huawei, ZTE, Xiaomi, Honor y Oppo dominan el mercado a través de operadores como Movistar, Entel, Claro y WOM. Huawei ya opera tres centros de datos y, junto a Tencent, planea expandir sus operaciones si el proyecto de cable submarino avanza.
Infraestructura estratégica y desafíos legales
En el ámbito portuario, empresas como China Railway Construction Corporation (CRCC) y China Harbour Engineering Corporation (CHEC) buscan liderar la ampliación del Puerto de San Antonio. Paralelamente, existen acuerdos preliminares con Shanghai Ports Investment Corporation para una instalación en Tierra del Fuego, proyecto que preocupa a expertos por su valor estratégico para observar el tránsito naval en el Estrecho de Magallanes y el Paso Drake.
Sin embargo, la relación no ha estado exenta de conflictos contractuales. La CRCC fue apartada del proyecto de la Línea 7 del Metro de Santiago debido a deficiencias en su ejecución, y enfrenta una demanda de 140 millones de dólares relacionada con las obras en la Autopista 5.
En el sector minorista, se contabilizan aproximadamente 1.000 centros comerciales chinos en el país. No obstante, estos establecimientos están bajo la lupa de las autoridades por presuntas irregularidades como contrabando y evasión fiscal mediante la no emisión de boletas.

Redes de influencia académica y política
La RPC ha tejido una red de relaciones que incluye al Consejo Empresarial China-Chile (CHICIT) y un robusto grupo de amistad en el Congreso Nacional, compuesto por más de 40 parlamentarios. Entre ellos destaca Karol Cariola, del Partido Comunista, quien se vio envuelta en controversias por la certificación de un centro comercial vinculado al empresario Emilio Yang.
La influencia académica es igualmente notable a través de 17 Institutos Confucio distribuidos en instituciones como la Universidad Católica, la Universidad de la Frontera y la Universidad de Magallanes. La Universidad de Santo Tomás es particularmente relevante, ya que alberga 14 de estos centros y es la sede de CRICAL, el ente coordinador regional de estos institutos. Además, los principales medios de comunicación, El Mercurio y La Tercera, perciben ingresos por publicidad oficial de la RPC, mientras que Radio Cooperativa produce junto a Radio China Internacional el espacio “El Efecto China”.
Finalmente, existe una preocupación creciente por la actividad de grupos criminales como la denominada mafia de Fujian, involucrada en narcotráfico y trata de personas. Se han identificado centros de operaciones clandestinos, como el restaurante Fooly en Viña del Mar, propiedad de Wang Ing La, señalado como una supuesta base de control de la RPC. Ante este escenario de múltiples aristas, el gobierno de Kast deberá maniobrar con extrema cautela para no desencadenar una crisis económica mientras busca realinearse con los intereses de Washington.
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