En una reciente conversación con Facundo Pasquevich, encargado de la integración mecánica del microsatélite de origen nacional, se revelaron aspectos desconocidos sobre la intervención de Argentina en el próximo lanzamiento de Artemis II. Esta operación representa la primera misión con tripulación humana de la NASA dirigida a la Luna en medio siglo, un evento que genera gran expectativa a escasas horas del despegue desde Florida.
Durante el diálogo, Pasquevich brindó detalles desde el Kennedy Space Center sobre su ubicación actual:
“Nosotros estamos acá, cerca de 12 kilómetros donde está el cohete Artemis, en un centro donde hay una exhibición sobre toda esta misión, en el edificio Atlantis”
El especialista resaltó la relevancia global y el impacto emocional de este acontecimiento tecnológico. Según indicó, unas 40 mil personas han transitado por el lugar en las últimas jornadas.
“Pasaron por acá 40 mil personas en estos dos, tres días que estamos. Así que es bastante intenso y hay mucha emoción, mucha alegría y mucho también, de piel de gallina, de esperar el momento en que prendan esos motores y la humanidad vuelva a orbitar la Luna”
La intervención argentina y el desarrollo del satélite Atenea
La NASA tomó la decisión de seleccionar a la Argentina, entre un grupo de casi 50 naciones, para la creación de un microsatélite que formará parte de la carga de Artemis II. Sobre este proceso, Pasquevich relató:
“En el 2023, la NASA invita a CONAE, nuestra agencia espacial, a participar de la misión Artemis II, la misión que va a llevar a los astronautas a orbitar la Luna, mediante que nosotros fabriquemos un microsatélite, un satélite chiquito, para que vaya junto con los astronautas al tránsito de la Luna y nos van a largar a nosotros en algún punto intermedio entre esos trayectos”
El cumplimiento de los plazos representó un reto de proporciones mayúsculas para los técnicos locales.
“El desafío era enorme, teníamos ocho meses para hacerlo, algo que parecía imposible. Ahí es cuando CONAE nos llama a nosotros, a la Facultad de Ingeniería de La Plata, y nos dice: ‘¿Ustedes lo pueden hacer esto?’ Nosotros ya veníamos desarrollando este tipo de proyectos, entonces les dijimos que sí, que íbamos para adelante”
El proyecto se consolidó gracias a un esfuerzo conjunto entre diversas entidades académicas. Aunque el cronograma sufrió leves modificaciones debido a la complejidad técnica de los lanzamientos de la NASA, el trabajo continuó bajo el liderazgo de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) como contratista de la CONAE. En la iniciativa también colaboraron la UNSAM, encargada de un sensor de radiación, y la UBA, que desarrolló la placa para la carga de energía.
En su rol específico como responsable de la integración mecánica, Pasquevich describió la meticulosidad del ensamblaje. Manifestó haber diseñado la estructura inicial y supervisado la unión de todos los componentes internos. “Es muy complejo porque es chiquito, pero tiene muchas cosas adentro. Hay que tener cuidado en cómo uno lo va armando. Es como meterse en un quirófano para hacerlo”, comparó el experto.

Exigencias de seguridad y presencia internacional
La participación en un programa de esta envergadura conlleva estándares de seguridad extremadamente rigurosos. Pasquevich señaló que la NASA mantenía cierta cautela inicial sobre la viabilidad del proyecto, no por la procedencia de los desarrolladores, sino por la dificultad de integrar una carga en una misión tripulada.
“NASA no pensaba que íbamos a poder hacer esto, pero no nosotros por ser argentinos, sino porque era una misión muy difícil, con un requerimiento de seguridad altísimo por ser tripulada. Imaginen que no puede fallar el cohete con los astronautas por una carga que es un satélite. La vida del astronauta es primordial”
En la zona de exhibición, la delegación argentina comparte espacio con representantes de Alemania, la Agencia Espacial Europea (ESA), Corea del Sur y Arabia Saudita.
“Somos cuatro países los que formamos parte de esta misión también”
, precisó el ingeniero, destacando además que se encuentra acompañado por Fernando Filippetti, representante de la UBA, siendo ambos los rostros visibles del país en este operativo.
Por otro lado, se conoció que los astronautas que participarán en el vuelo han permanecido en una estricta cuarentena durante los últimos 15 días. Esta medida busca evitar cualquier tipo de complicación de salud, como un simple resfrío, antes de que inicien el trayecto hacia la órbita lunar.
La vibración y el estruendo de los motores son parte de la experiencia que los asistentes esperan vivir próximamente. La organización ha advertido a los presentes sobre la intensidad de la energía que se liberará al momento del despegue, una sensación que el equipo describe como inexplicable sin estar presente en el sitio.

Geopolítica espacial: El camino hacia una base en la Luna
El programa Artemis II se desarrolla en un contexto de renovada competencia espacial. Estados Unidos encabeza este modelo que integra a la industria privada, con empresas como SpaceX y Blue Origin, diferenciándose del esquema estatal y centralizado que propone China.
Desde una perspectiva política, retomar las misiones tripuladas tras cinco décadas se percibe como una búsqueda de consolidación institucional para Estados Unidos. Lograr que un ser humano vuelva a pisar la superficie lunar representaría un hito significativo en medio de un panorama global complejo.
Finalmente, Pasquevich aclaró que el objetivo de fondo de estas misiones es alcanzar Marte. No obstante, subrayó que primero es necesario aprender a subsistir fuera de los límites terrestres, utilizando a la Luna como campo de entrenamiento debido a su cercanía de solo cuatro días de viaje, frente a los nueve meses que tomaría llegar al planeta rojo.
Sobre los planes a futuro, el ingeniero reveló las intenciones de la NASA:
“Quieren construir una base permanente en la Luna que le enseñe a los humanos a vivir fuera del planeta. Son cuatro misiones Artemis. Esta es la segunda y la cuarta, que va a ser la que ponga la persona en la Luna, es en el 2028”
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