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500 megavatios menos en media hora: La maniobra de seguridad que dejó a oscuras a una parte del país la noche del martes

La noche del martes 31 de marzo de 2026, el sistema eléctrico de Ecuador experimentó una desconexión forzada de casi 500 megavatios (MW) que dejó a oscuras a miles de ciudadanos en Quito, Guayaquil y otras ciudades.

En algunos sitios los cortes de luz persistían la mañana del 1 de abril de 2026.

Mientras se intenta justificar los apagones con argumentos técnicos, los datos del Operador Nacional de Electricidad (Cenace) y las voces de expertos confirman que el país enfrenta un déficit estructural de 1.000 MW y una vulnerabilidad crítica ante el estiaje.

A las 21:00 de la noche del 31 de marzo, la demanda nacional se situaba en 5.074 MW, pero apenas media hora después, esta cifra se desplomó a 4.576 MW. Esta reducción del 9,8% representa una ruptura drástica del comportamiento habitual de la demanda, que suele variar apenas un 2%.

Eso significa que hubo cortes de luz en varias partes del país. De hecho, una fuente de Cenace confirmó a Radio Pichincha que la noche del martes “se desconectaron en varios puntos la energía eléctrica, pasó lo que se anticipaba, no solo es tener el embalse lleno sino también tener reserva de potencia para la hora pico y no la tenemos”.

“Desconexión por seguridad del sistema”

El analista energético Darío Dávalos sostiene que una caída de tal magnitud no es un accidente por factores externos, sino una desconexión por seguridad del sistema ante la incapacidad de cubrir la demanda en horas pico.

En CNEL Los Ríos también se desconectó 33,60 megavatios a las 21:12.

Pero eso no fue todo. En Quito, los ciudadanos reportaron apagones simultáneos en sectores como Caupicho, Guamaní, Chillogallo, El Bosque y el Valle de los Chillos, mientras la Empresa Eléctrica de la capital guardaba silencio sobre el origen de los cortes.

Coca Codo Sinclair y Mazar, heridos

La crisis se agrava por el agotamiento de las hidroeléctricas, que cubren el 70% de la energía del país. La situación de las dos centrales principales es alarmante:

  • Coca Codo Sinclair: Al ser una central de paso sin reservorio, depende exclusivamente del caudal de los ríos. El 29 de marzo, su caudal cayó a 100 m3/s, el nivel más bajo del año, obligándola a operar a apenas el 28% de su capacidad, generando solo 421 MW de los 1.500 MW instalados. Con corte a las 08:00 del 1 de abril aporta el 34% de la energía hidroeléctrica del país.
  • Mazar: El embalse estratégico del complejo Paute ha perdido cerca de 13 metros de altura en marzo, situándose en la cota 2.140,98 msnm. Si el nivel cae por debajo de los 2.115 msnm, la central debe salir de operación para evitar daños por sedimentos. Actualmente, el agua de Mazar se consume a un ritmo crítico de un metro por día.

A pesar de que el complejo Paute aumentó su aporte a 1.314 MW en marzo para compensar la caída de Coca Codo Sinclair, la falta de lluvias en la cuenca oriental ha reducido los caudales de entrada a Mazar a mínimos históricos de 8,4 m3/s, niveles similares a los de la crisis de octubre de 2024.

Vacío de generación

La falta de respuesta estatal ante este escenario es evidente. Durante 2024 y 2025, el Gobierno adjudicó siete contratos de generación terrestre por USD 706 millones, pero ninguno de los motores contratados llegó a operar. Empresas como Progen y Austral Technical Management (ATM) recibieron millonarios anticipos por motores que resultaron ser usados y antiguos, lo que derivó en la terminación unilateral de los contratos y denuncias por estafa y delincuencia organizada.

Una fuente interna de Cenace afirma que “el Gobierno no ha instalado un solo megavatio” nuevo y que el país carece de reserva de potencia para enfrentar los récords de demanda, como el del pasado 18 de marzo, cuando se alcanzó el hito histórico de 5.274 MW.

Para evitar un colapso, el Gobierno ha recurrido al racionamiento forzado en el sector industrial. Las cuatro empresas de mayor consumo (AV2) —Ecuacorriente, Aurelian, Novacero y Adelca— están siendo desconectadas del sistema nacional entre cuatro y seis horas diarias, obligándolas a depender de su propia autogeneración. Esta medida busca garantizar el consumo ciudadano en sectores urbanos ante una demanda que no deja de subir por el calor en la Costa.

En este contexto, la importación de energía desde Colombia se vuelve la única tabla de salvación, proceso que está suspendido debido a las malas relaciones diplomáticas que existen entre ambos países y por las necesidades eléctricas que enfrenta el vecino país.

Sin embargo, analistas como Dávalos advierten que Ecuador llega a la mesa de negociación en una posición de extrema debilidad, lo que obligará al país a aceptar tarifas poco convenientes, siempre y cuando Colombia acepte reanudar la venta de energía a nuestro país.

Radio Pichincha

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