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Artemis II: El avanzado sistema de escape de la NASA para ir a la Luna

En vísperas del trascendental despegue de la misión Artemis II de NASA, el mecanismo de seguridad diseñado por el Armstrong Flight Research Center en California se consolida como el elemento fundamental para asegurar la vida de los astronautas frente a cualquier incidente en la plataforma o durante la fase de ascenso.

Dicho avance es posible gracias a una tecnología de vanguardia capaz de desprender la cápsula del resto del cohete y devolverla íntegra a la superficie terrestre. Por primera vez en más de cinco décadas, seres humanos emprenderán un viaje con destino a la Luna, lo que representa un hito en la exploración del espacio y la administración de peligros críticos.

El punto más sofisticado de este sistema es la capacidad de la cápsula para alcanzar una aceleración de 0 a 800 km/h (500 mph) en tan solo dos segundos. Esta proeza técnica, que supera la mitad de la velocidad del sonido, demanda no solo una ingeniería de extrema precisión, sino también una validación experimental exhaustiva, según han detallado los expertos del Armstrong Flight Research Center.

Este mecanismo se volvió una prioridad ante la posibilidad latente de que el vehículo espacial sufra una explosión o se fragmente durante el lanzamiento, una advertencia subrayada por Brad Flick, quien fuera director del centro.

La aplicación de este protocolo de emergencia implica que, ante una falla en el lanzamiento de Artemis II, la cápsula que transporta a la tripulación puede desligarse del cohete en cuestión de milésimas de segundo para luego descender suavemente con el uso de paracaídas.

El Armstrong Flight Research Center desarrolló la cápsula capaz de acelerarse a 800 km/h en dos segundos para separar a la tripulación de la nave ante desastres (REUTERS/Brendan McDermid)

Según las especificaciones del Armstrong Flight Research Center, esta maniobra de carácter automático contempla diversos escenarios de fallas catastróficas, reduciendo al mínimo la exposición de los astronautas y mejorando los protocolos de salvamento.

Desafíos y funciones del Armstrong Flight Research Center

La intervención del Armstrong Flight Research Center ha sido crucial tanto en la conceptualización como en la ejecución de las pruebas de aborto del programa Artemis.

La primera de estas evaluaciones, denominada Pad Abort-1, se desarrolló en el año 2010 dentro del White Sands Missile Range en Nuevo México. En dicha ocasión, los especialistas configuraron una cápsula de pruebas equipada con sensores, sistemas informáticos de vuelo, cableado y paracaídas.

Este equipo fue sometido a intensos ensayos de vibración y distribución de peso para emular condiciones extremas, garantizando que la estructura soporte tanto la aceleración súbita como el fuerte temblor propio de una emergencia.

Posteriormente, en 2019, se llevó a cabo la prueba Ascent Abort-2 en la costa de Florida. El ejercicio consistió en disparar la cápsula utilizando un misil modificado para recrear las condiciones reales de una trayectoria de ascenso.

La exitosa prueba Pad Abort-1 realizada en 2010 en Nuevo México sentó las bases del diseño seguro para la cápsula de Artemis II (REUTERS/Brendan McDermid)

El Armstrong Flight Research Center tuvo la responsabilidad de crear y testear la red compuesta por cientos de sensores, una herramienta vital para recopilar información determinante durante el proceso de escape.

A través de estas simulaciones, el personal técnico logró identificar peligros relacionados con un balance de peso inadecuado, lo que podría desestabilizar la trayectoria de la cápsula. Asimismo, se realizaron pruebas de laboratorio exponiendo los componentes a niveles de vibración extremos.

Como bien explicó Laurie Grindle, subdirectora del centro y líder del primer ensayo:

“Si no tuviéramos instrumentación, podríamos haber lanzado algo que lucía magnífico en video, pero no sabríamos si funcionó bien”

.

Una tradición de experimentación y antecedentes históricos

El Armstrong Flight Research Center es un núcleo histórico de la experimentación en vuelos tripulados, poseyendo un legado que incluso es previo a la fundación de la NASA.

Durante las décadas de 1940 y 1950, diversos equipos en la base de Edwards, que abarca 1.240 km², lideraron la serie de aviones experimentales conocidos como X-plane. En 1947, el modelo X-1 hizo historia al ser el primero en romper la barrera del sonido.

El Ascent Abort-2, ejecutado en 2019 en la costa de Florida, permitió validar el funcionamiento del sistema de escape bajo condiciones reales de ascenso (REUTERS/Brendan McDermid)

En la década de los 60, el propio Neil Armstrong pilotaba el avión cohete X-15, enfrentando retos críticos como el fallo del sistema de seguridad. Este incidente lo obligó a perder la trayectoria original y aterrizar a 72 km de distancia del punto planeado, específicamente sobre Pasadena.

El centro también fue pionero en la fabricación de prototipos para el módulo lunar, donde Armstrong perfeccionó las maniobras de descenso mucho antes de su histórica caminata sobre el suelo lunar.

Investigaciones realizadas con aeronaves como la apodada flying bathtub (bañera voladora) —un prototipo sin alas con un motor de Pontiac convertible que alcanzaba los 190 km/h— sentaron las bases para el diseño del transbordador espacial.

El término flying brick (ladrillo volador) se utilizaba para describir su estructura robusta y la capacidad del cuerpo de la nave para generar sustentación a pesar de tener alas cortas, optimizando así el reingreso a la atmósfera terrestre.

Artemis II y el debut del sistema con humanos

Toda esta experiencia acumulada se consolidó en 2022, cuando la misión Artemis I ratificó la operatividad del sistema de escape en un trayecto sin tripulación.

Actualmente, la esperada misión Artemis II representará la primera vez que esta tecnología se ponga a prueba con astronautas a bordo.

Los ingenieros del Armstrong Flight Research Center implementaron una red de sensores para recoger datos cruciales ante fallos catastróficos del cohete (REUTERS/Brendan McDermid)

La NASA mantiene su confianza en que la herencia técnica del Armstrong Flight Research Center protegerá la integridad de su tripulación. Este grupo incluye a Victor Glover, quien tiene la posibilidad de convertirse en el primer astronauta afrodescendiente en alcanzar la Luna si el operativo concluye con éxito.

Sobre los desafíos que implica la conquista del espacio, Brad Flick resumió el pensamiento de la institución:

“Las personas en ese avión, sean pilotos o tripulantes, dependen de nosotros para mantenerlos seguros y vivos. Es una responsabilidad que nos tomamos muy en serio”

.

Este sistema de auxilio, capaz de realizar acciones automáticas en fracciones de segundo para aislar y salvaguardar a los tripulantes, es el resultado de 80 años de evolución en la ingeniería aeroespacial de Estados Unidos. El objetivo cercano es concretar el primer retorno humano al satélite natural desde 1972 y, a largo plazo, establecer las bases para llegar a Marte.

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