Un número creciente de académicos en Estados Unidos ha comenzado a priorizar los exámenes orales como una estrategia fundamental para contrarrestar el impacto de las herramientas de inteligencia artificial. La preocupación central radica en que el uso de estas tecnologías generativas pueda debilitar el pensamiento crítico y la creatividad de los universitarios.
Este cambio metodológico busca alejarse de los dispositivos digitales para validar directamente el aprendizaje real. Se ha observado que, aunque muchos trabajos escritos actuales alcanzan niveles de perfección técnica, los alumnos suelen presentar serios problemas para explicar verbalmente sus propios razonamientos e ideas.
El retorno a esta modalidad clásica, vinculada históricamente a instituciones como Oxford y Cambridge, cuenta con ejemplos destacados como el de Chris Schaffer. Este docente de ingeniería biomédica en la Universidad Cornell solicita a sus 70 estudiantes que realicen una defensa individual de 20 minutos tras la entrega de sus ejercicios escritos.
Según Schaffer, la intención no es simplemente castigar el fraude, sino promover que el alumnado realice el esfuerzo cognitivo pertinente, bajo la premisa de que:
“no es posible utilizar IA en una defensa oral”
.

La inquietud por este fenómeno se disparó a finales de 2022 con la aparición de ChatGPT, la herramienta desarrollada por OpenAI. Esto motivó a instituciones como las universidades de Pennsylvania y Nueva York a organizar capacitaciones y talleres dirigidos a sus profesores para el diseño eficiente de evaluaciones orales.
Durante el ciclo más reciente, Panos Ipeirotis, catedrático en la Escuela de Negocios Stern de la Universidad de Nueva York (NYU), aplicó una técnica innovadora: exámenes orales gestionados por un sistema de voz con inteligencia artificial, creado en colaboración con la startup ElevenLabs.
Bajo este modelo, el alumno se conecta desde su hogar y responde a un chatbot de voz que ajusta sus preguntas en tiempo real según la interacción recibida. El objetivo de Ipeirotis es confirmar si los estudiantes realmente participaron en sus proyectos grupales o si delegaron responsabilidades a la tecnología, pues ha dejado de confiar en que los textos escritos reflejen fielmente el pensamiento propio.

La evolución de los métodos evaluativos en la educación superior
Aunque la tradición académica en Estados Unidos se ha sostenido mayoritariamente en modelos escritos, esta transición no es uniforme. Sin embargo, el temor de que los estudiantes no adquieran las capacidades necesarias para cursos avanzados o la vida laboral al eludir el razonamiento propio está presente tanto en las ciencias aplicadas como en las humanidades.
En este contexto, resalta la investigación iniciada en 2020 por la profesora Huihui Qi en la Universidad de California, San Diego. Qi ha buscado la manera de hacer que los exámenes orales sean escalables, un enfoque que cobró relevancia tras la vulnerabilidad detectada en los métodos evaluativos durante la pandemia de COVID-19.
En la Universidad de Pensilvania, docentes como Emily Hammer, profesora asociada de Lenguas y Culturas de Medio Oriente, combinan ambas modalidades. Hammer prohíbe estrictamente el uso de IA y advierte que quienes intenten presentar trabajos generados externamente se encontrarán en una:
“situación muy estresante”
al intentar defender ideas que no son de su autoría.

Impacto directo en docentes y el estudiantado
La tendencia se ve impulsada por organismos como el Centro de Innovación Docente de Cornell, donde se han generado talleres específicos sobre evaluación oral. Carolyn Aslan, responsable de formación en dicha unidad, sostiene que a pesar de los temores sobre la ansiedad o timidez de los alumnos, una estructura clara ayuda a superar estas barreras y permite que demuestren su saber de forma individualizada.
Las reacciones de los alumnos son variadas. Olivia Piserchia, quien estudia ingeniería biomédica en Cornell, admitió nerviosismo inicial pero resaltó la utilidad de la experiencia, ya que
“obliga a estar preparado”
y ayuda a desarrollar la capacidad de comunicar conceptos técnicos complejos en ámbitos profesionales.
Por otro lado, Andrea Liu, estudiante de negocios en la NYU, reconoció que las interfaces tecnológicas actuales pueden sentirse poco naturales, aunque admitió una realidad innegable:
“no existe un escenario perfecto donde la IA esté presente y los estudiantes no la usen en exceso”
.

El desafío de la autenticidad en el aprendizaje
Clay Shirky, vicepresidente adjunto de IA y tecnología en educación en NYU, enfatiza que hoy más que nunca los profesores necesitan mirar a los ojos de sus estudiantes para corroborar el entendimiento real de la materia.
Esta preferencia está impulsando un aumento en las presentaciones y el uso obligatorio de tutorías presenciales. Estas prácticas no solo buscan evitar el plagio, sino reforzar la conexión necesaria entre el proceso de enseñanza y un aprendizaje efectivo en la era digital.
Fuente: Fuente