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Serios daños en infraestructura de misiles de Irán tras ataques

La capacidad militar estratégica de Irán ha sufrido un golpe considerable tras un mes de operaciones ofensivas lideradas por Estados Unidos e Israel. Según un análisis pormenorizado realizado por expertos para el Washington Post, al menos cuatro centros fundamentales de fabricación de proyectiles y un mínimo de 29 plataformas de lanzamiento de misiles balísticos presentan daños de gravedad, lo que compromete el núcleo de la defensa iraní.

A lo largo de esta campaña bélica, las fuerzas estadounidenses e israelíes han ejecutado miles de incursiones contra diversos enclaves militares. El informe del rotativo estadounidense detalla de manera exhaustiva el impacto en las infraestructuras de lanzamiento y las consecuencias directas para la evolución del programa armamentístico de la nación persa.

De acuerdo con la revisión de imágenes capturadas por satélite y el criterio de especialistas militares iraníes, las agresiones han logrado destruir instalaciones de lanzamiento en superficie, bloquear temporalmente el paso a los proyectiles resguardados en depósitos subterráneos y frenar la fabricación inmediata de nuevas unidades. No obstante, la comunidad de expertos aclara que el aparato de misiles balísticos no ha sido erradicado por completo de la zona.

“Siguen lanzando misiles. Ese es un indicador clave”

Esta declaración pertenece a Tom Karako, quien se desempeña como director del Proyecto de Defensa Antimisiles del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales en Washington. Sus palabras subrayan que, pese a los daños, la operatividad no se ha detenido totalmente. Otros analistas mantienen reservas sobre la eliminación definitiva del programa, recordando que el régimen posee una probada capacidad de reconstrucción y mantiene vínculos con suministradores externos para reemplazar la maquinaria perdida. Además, el uso de lanzadores móviles, cuyo inventario exacto se desconoce, añade una capa de complejidad a la evaluación de los daños.

Nicole Grajewski, investigadora de la Fundación Carnegie, sostiene una postura escéptica ante un posible cambio de doctrina iraní: “No veo que Irán vaya a realizar un cambio fundamental en su estrategia de misiles si el régimen sobrevive”. Para la experta, estas armas representan el “elemento disuasorio definitivo” y el pilar central de su arquitectura militar.

Declaraciones oficiales y objetivos de guerra

Desde la administración de Donald Trump, se ha señalado que desarticular el programa de misiles de Irán es una prioridad absoluta del conflicto actual. El 19 de marzo, durante una comparecencia ante la prensa, el secretario de Defensa Pete Hegseth aseguró que las operaciones norteamericanas impactaron con éxito “las fábricas y las líneas de producción que alimentan sus programas de misiles y drones”.

En esa misma fecha, el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, manifestó que las reservas de armamento de Irán se han visto “masivamente reducidas”. El mandatario comparó estas acciones con las ocurridas en junio del año pasado, enfatizando que esta vez se están atacando los centros que “producen los componentes para fabricar estos misiles”.

Aunque no se han revelado públicamente todos los objetivos específicos, Pete Hegseth reportó una caída del 90% en los ataques de represalia iraníes contra naciones vecinas desde el inicio de las hostilidades el pasado 28 de febrero. No obstante, el general Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto, admitió que el régimen aún cuenta con capacidades bélicas activas.

Un hecho relevante ocurrió el 21 de marzo, cuando Israel denunció que, por primera ocasión, Irán disparó proyectiles balísticos de rango intermedio hacia la base militar de Diego García en el Océano Índico, situada a unos 3.200 kilómetros de distancia.

Centros de producción bajo fuego

La red de desarrollo de misiles en Irán, coordinada por la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) y el Ministerio de Defensa, ha visto sus instalaciones más críticas seriamente afectadas. Los complejos de Khojir, Parchin, Hakimiyeh y Shahroud —donde se ensamblan armas y se genera combustible esencial— sufrieron daños superiores a los ataques registrados en junio y octubre de 2024.

Jim Lamson, investigador del Centro James Martin para Estudios de No Proliferación, destacó la importancia de estos blancos: “Sin propulsión, los misiles no llegan a ninguna parte”. Tras revisar imágenes satelitales, un grupo de cuatro expertos concluyó que la producción de misiles de corto y medio alcance ha quedado paralizada de forma temporal.

  • Khojir: Ubicado al este de Teherán, este complejo de producción de combustible sólido y líquido reporta al menos 88 estructuras destruidas según datos del 24 de marzo.
  • Shahroud: En el noreste del país, este centro de la Guardia Revolucionaria enfocado en combustible sólido sufrió daños en 28 estructuras.
  • Parchin: Instalación clave para propelente sólido donde 12 edificios fueron alcanzados el 12 de marzo.
  • Hakimiyeh: En la periferia de la capital, se registraron ataques en 19 estructuras dedicadas a propelente líquido y lanzadores el 14 de marzo.

El analista Sean O’Connor de la firma Janes advirtió que la incapacidad de reconstruir estas fuerzas significaría para Irán la pérdida de su estrategia defensiva más vital en la región.

Impacto en las bases de lanzamiento

La logística de disparo también ha sido blanco de la ofensiva. Se estima que en Irán existen cerca de 30 emplazamientos de lanzamiento, de los cuales al menos 29 han sido atacados. Estas bases suelen contar con almacenes bajo tierra ocultos en montañas. Imágenes de satélite confirman que los impactos han sellado múltiples entradas de túneles, dejando el armamento atrapado en el subsuelo.

“Estos ataques obstaculizarán significativamente las operaciones”, señaló Sam Lair, añadiendo que “ahora se tarda más en instalar los lanzadores, lo que da a Estados Unidos e Israel más tiempo para identificarlos y destruirlos”.

Geográficamente, las bases del centro y oeste se destinan a ataques contra Israel, mientras que las situadas en el Golfo Pérsico apuntan a los estados vecinos. La base de Khorgu ha sido blanco de dos ataques, resultando en 15 instalaciones destruidas. Por su parte, en la base Imam Ali, se detectaron nueve estructuras de superficie y dos accesos a túneles afectados.

Pese a la magnitud del daño, especialistas como Jeremy Binnie, también de Janes, consideran que el efecto podría ser reversible: “En teoría, se pueden neutralizar, pero Irán seguirá desenterrándolas y reparándolas”.

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