El padecimiento de la depresión sumerge a los individuos en un estado de ánimo significativamente bajo, provocando un desinterés generalizado por aquellas vivencias que anteriormente les brindaban satisfacción. Se trata de una patología silenciosa que impacta de manera persistente en la vida de las personas, alterando desde el ámbito laboral hasta los vínculos afectivos y la rutina diaria. Esta condición vuelve a quien la atraviesa sumamente vulnerable, y si bien existen métodos de abordaje clínico efectivos, el proceso de sanación es complejo, especialmente cuando el entorno tiende a minimizar la situación.
Francisco Sánchez, reconocido psicólogo y divulgador especializado en salud mental a través de su plataforma en TikTok (@minddtalk), enfatiza que un error recurrente entre familiares y amigos es restar importancia o minimizar las emociones del paciente al percibir que este no exterioriza un sufrimiento evidente de forma convencional.
En sus intervenciones recientes, el experto aclara que la enfermedad se manifiesta de formas variadas que rompen con los prejuicios sociales:
“la depresión no siempre se ve como pensamos, no siempre es estar en casa aislado, sin salir, sin relacionarse o sin parar de llorar; y sí, por supuesto, hay depresiones que se manifiestan así, pero muchas otras no, y no son por ello ni más leves ni más graves”
El especialista detalla que estas son simplemente diversas maneras de experimentar el dolor que acarrea este trastorno. Muchos pacientes logran mantenerse «operativos» en sus obligaciones, lo cual no anula su padecimiento interno. A este fenómeno se le conoce técnicamente como depresión funcional. Según explica Sánchez, estas personas “van a trabajar, quedan con gente, hacen planes, se ríen, atienden a sus familias; pero eso no significa que estén bien, porque una cosa es lo que haces y otra muy distinta cómo te sientes por dentro”.
Los peligros de la invisibilidad en el trastorno
La complejidad para identificar la depresión funcional radica precisamente en la brecha existente entre lo que se proyecta al exterior y el sentimiento genuino. En palabras de Sánchez: “Salen, pero no lo disfrutan; se ríen, pero no lo sienten realmente; están sin estar en realidad”. Esta desconexión genera una invisibilidad del sufrimiento que, a su vez, deriva en una profunda incomprensión social. El psicólogo advierte que, mientras mejor parezca estar una persona exteriormente, menores son las probabilidades de que su entorno detecte la crisis, lo que lleva a invalidar cualquier intento de comunicación sobre su dolor.
El cumplimiento de las responsabilidades y la participación activa en eventos sociales refuerzan la invalidación del malestar por parte de los demás. Francisco Sánchez resume este prejuicio con una frase recurrente que suelen enfrentar los afectados: “Pero si tú estás bien, si haces vida normal, si sales, te ríes, ¿cómo vas a tener depresión?”.
Esta falta de validación social provoca que muchos individuos decidan camuflar su realidad, desistiendo de buscar apoyo profesional y sintiéndose profundamente incomprendidos. Sánchez insiste en que la imagen mental que la sociedad tiene de la depresión no siempre coincide con la realidad clínica. Para concluir, el experto recalca que el hecho de que alguien funcione no significa necesariamente que esté bien, instando a la sociedad a entender esto para poder observar con mayor detenimiento y juzgar con menor severidad.
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