La ingesta de alimentos ultraprocesados ha experimentado un crecimiento sostenido a nivel mundial, convirtiéndose en un componente mayoritario de la dieta en diversas sociedades. Si bien sus consecuencias en la salud metabólica y el sistema cardiovascular son ampliamente conocidas, nuevas evidencias científicas alertan sobre los peligros que estos productos representan para la salud ósea.
Una investigación reciente ha determinado que el consumo elevado de estos artículos alimenticios está directamente vinculado con una reducción en la densidad mineral ósea y un incremento en las probabilidades de sufrir fracturas de cadera, afectando tanto a personas mayores como a adultos menores de 65 años. El estudio, que fue difundido en la publicación científica The British Journal of Nutrition, recalca la importancia crítica que posee la calidad nutricional para el mantenimiento del sistema esquelético.
El consumo recurrente de ultraprocesados posee el potencial de fragilizar la estructura ósea debido a su escasa presencia de nutrientes vitales y su excesiva carga de grasas, sal y azúcares añadidos. Los hallazgos permitieron identificar una disminución considerable de la densidad mineral en zonas clave como la columna lumbar y la región superior del fémur.
Para llegar a estas conclusiones, un equipo de investigadores analizó durante un periodo de 12 años los registros de salud de más de 160.000 ciudadanos en el Reino Unido. En este grupo de estudio, se observó que los participantes ingerían un promedio de ocho raciones diarias de productos ultraprocesados.
Vínculo entre la cantidad de ingesta y las lesiones
Los datos publicados en The British Journal of Nutrition arrojaron una cifra alarmante: por cada 3,7 porciones adicionales de ultraprocesados consumidas al día —lo que equivale, por ejemplo, a una bebida azucarada, una galleta y una cena congelada—, el riesgo de padecer una fractura de cadera se eleva en un 10,5 %.

La experta en nutrición y portavoz de la Academia de Nutrición y Dietética, Grace Derocha, señaló que este incremento es sumamente significativo para la salud pública.
“Las fracturas de cadera pueden influir en la movilidad y la autonomía a largo plazo”
, advirtió la especialista, quien además aclaró que, aunque el estudio revela una asociación clara, no establece una relación de causalidad directa. Derocha enfatizó en la necesidad de transformar la calidad de la alimentación general para proteger el organismo.
Mecanismos de daño y factores de riesgo
Diversos especialistas coinciden en que la carencia de componentes nutricionales básicos es el motor principal del deterioro óseo. Dana Hunnes, nutricionista clínica vinculada a UCLA Health, precisó que
“la inflamación podría contribuir a la reducción de la densidad ósea”
. La experta detalló que el bajo aporte de fósforo, calcio, vitamina D y otros minerales fundamentales es un factor determinante en los regímenes alimenticios donde predominan los productos procesados.
Asimismo, Dana Hunnes observó que las personas con alta dependencia de estos alimentos suelen tener una menor actividad física, lo cual reduce el estímulo necesario para que los músculos y huesos mantengan su fortaleza. Por otra parte, el doctor David Cutler, del Providence Saint John’s Health Center, recordó que la densidad mineral ósea depende de múltiples factores, citando la importancia de proteínas, magnesio, potasio y vitamina K.
Un dato revelador del informe es que el impacto negativo no se limita a la población de la tercera edad. La pérdida de densidad ósea fue notablemente marcada en adultos menores de 65 años y en individuos con un índice de masa corporal (IMC) inferior a 18,5.

Los especialistas sugieren que en los adultos jóvenes el riesgo es alto debido a que su sistema digestivo es más eficiente, lo que podría derivar en una mayor absorción de aditivos y componentes nocivos. En el caso de personas con bajo peso, su predisposición natural a problemas esqueléticos se ve agravada por la falta de nutrientes propia de estas dietas.
Estrategias para fortalecer el sistema óseo
Para contrarrestar estos efectos, se recomienda una transición hacia hábitos que prioricen los alimentos naturales y frescos. Según Grace Derocha, los esquemas basados en cereales integrales, frutas, legumbres, frutos secos y proteínas de alta calidad son los que mejor protegen la estructura de los huesos.
Para quienes buscan realizar cambios graduales, la nutricionista Theresa Gentile propuso realizar ajustes en las preparaciones cotidianas.
“Pequeñas adaptaciones, como agregar huevo, pollo desmenuzado o vegetales a una sopa instantánea, o añadir frutas y semillas a la avena, incrementan el valor nutritivo de los platos ultraprocesados”
, recomendó la experta, sugiriendo enriquecer la dieta con micronutrientes y calcio en lugar de prohibiciones drásticas.

Finalmente, se destacó que la combinación de una alimentación balanceada, rica en vitamina D y calcio, junto con la práctica regular de ejercicios de fuerza, resulta esencial para reducir la inflamación y favorecer el metabolismo de los huesos. Mantener un aporte calórico y proteico adecuado es, según los expertos, la base para asegurar la integridad esquelética en todas las etapas de la vida.
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