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5 señales de ansiedad que pasan desapercibidas según expertos

Los diagnósticos relacionados con la ansiedad, la depresión y el estrés han experimentado un crecimiento notable en los últimos tiempos. Poco a poco, los prejuicios sobre estas respuestas físicas y mentales ante desafíos o pensamientos frustrantes han ido disminuyendo. De acuerdo con datos del Consejo General de Psicología, más de la tercera parte de los ciudadanos convive actualmente con algún tipo de trastorno de salud mental.

El estudio, que toma como base el Informe Anual del Sistema Nacional de Salud 2024, indica que el 35,6% de las personas sufre condiciones como ansiedad, problemas de sueño o cuadros depresivos, con una clara tendencia al crecimiento. Este escenario se vuelve más complejo debido a la escasez de recursos especializados: apenas 548 psicólogos ejercen en la atención primaria del sistema de salud pública.

Ante este panorama, Alba Guijarro, psicóloga y cofundadora de Nüm Psicología, ha compartido claves poco habituales para identificar este trastorno. La especialista explicó a través de su cuenta en redes sociales (@talcualtia) que, aunque la mayoría de la gente vincula esta condición con ataques de pánico o taquicardias, existen manifestaciones que suelen normalizarse. En sus palabras:

“La mayoría asocia la ansiedad a taquicardias o ataques de pánico, pero hay síntomas que normalizamos sin saber que son ansiedad”

. Por ello, la experta ha detallado cinco indicadores que no suelen parecer síntomas de ansiedad a simple vista.

Alba Guijarro da cinco claves para saber si tienes ansiedad (@talcualtia)

Manifestaciones físicas y conductuales de la ansiedad

Como primer punto, Guijarro destaca que “procrastinar” las obligaciones y tareas es una alerta relevante. La profesional enfatiza que, a pesar de que la persona pueda sentir que le falta voluntad o se tilde de vaga, este comportamiento suele originarse en la ansiedad.

“Cuando una tarea parece muy estresante o abrumadora, buscamos alivio inmediato evitándola. Y muchas veces la autoexigencia es lo que lo genera. El miedo a no hacerlo perfecto estresa, angustia y a veces provoca una evitación”

, explica.

En segundo lugar, la psicóloga menciona la “irritabilidad constante” como un factor determinante. La especialista aclara que esto no implica necesariamente mal humor o ser una mala persona, sino que es un síntoma reconocido junto a la fatiga o la falta de concentración. Según Guijarro:

“Cuando tu sistema nervioso lleva mucho tiempo en alerta, cualquier cosa pequeñita puede detonarlo”

.

El tercer indicador señalado por la experta son los “problemas digestivos sin causa médica”. Entre estos se encuentran las náuseas, el nudo en el estómago o las digestiones lentas y pesadas que no tienen una explicación física evidente. En estos casos, el cerebro procesa señales del sistema digestivo y las altera bajo la influencia de un cuadro ansioso.

Como cuarta señal, aparece el “cansancio inexplicable”. Esto sucede cuando el sistema nervioso se encuentra desregulado. La lógica detrás de esto es directa: mantener al organismo en un estado de alerta constante durante largos periodos consume una cantidad masiva de energía. Aunque el individuo no realice actividad física intensa, su cuerpo está funcionando al máximo rendimiento interno constantemente.

Finalmente, Guijarro advierte sobre el hecho de “parecer muy funcional o muy productiva”, calificándolo como el signo más engañoso. Se define como ansiedad de alto funcionamiento, donde las personas se muestran organizadas, enfocadas en objetivos y muy proactivas. Sin embargo, la experta matiza que

“detrás de ese comportamiento hay un montón de pensamientos negativos, un montón de autoexigencia y un montón de malestar”

.

Estadísticas: 111,3 casos por cada 1.000 ciudadanos

Las investigaciones del Consejo General de Psicología revelan que desde el año 2019, los reportes de ansiedad y dificultades de aprendizaje han subido un 36,4% en el segmento de menores de 25 años, alcanzando los 34,6 casos por cada 1.000 personas.

A nivel general, la prevalencia se sitúa en 111,3 casos por cada 1.000 habitantes. No obstante, existe una marcada diferencia de género: en mujeres la cifra escala a 143,3, mientras que en hombres baja a 77,9. La incidencia es particularmente crítica en mujeres de entre 40 y 79 años, donde cerca del 17% posee un diagnóstico oficial por esta causa.

A este complejo escenario se suman la depresión y los trastornos del sueño, que mantienen un ritmo ascendente desde el 2016. El informe concluye con una advertencia sobre la insuficiencia asistencial, recordando que solo existen 548 psicólogos en el primer nivel de atención para dar cobertura a una población de 48,6 millones de personas.

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