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¿Sobrevivirá tu empleo a la IA? El dilema del carbón y el caballo

En la actualidad, millones de trabajadores se cuestionan si el avance de la inteligencia artificial provocará la desaparición de sus puestos en un horizonte de apenas cinco años. Ante esta atmósfera de incertidumbre, la historia económica sugiere que las innovaciones tecnológicas no suelen erradicar el empleo de forma absoluta, sino que fuerzan una necesaria transformación de las capacidades humanas.

La periodista Annie Lowrey ha profundizado en este fenómeno, analizando cómo herramientas como ChatGPT y Claude Code han intensificado el nerviosismo en los sectores administrativos y de oficina. En su planteamiento, Lowrey lanza una interrogante fundamental para evaluar el futuro profesional de cada individuo:

“¿Soy carbón o soy un caballo?”

Este cuestionamiento se basa en dos analogías históricas que ilustran los efectos de la evolución tecnológica en la fuerza laboral.

La lección de los caballos y la obsolescencia

La comparación nace del cambio drástico experimentado por los equinos a inicios del siglo pasado. En el año 1915, se contabilizaban más de 26 millones de caballos y mulas trabajando en las granjas de Estados Unidos. No obstante, cien años después, esa cifra se desplomó a solo 700.000. La llegada masiva de tractores y camiones sustituyó la fuerza animal, eliminando sus funciones productivas.

La autora destaca que el problema central de estos animales fue su incapacidad para evolucionar ante el cambio de paradigma. Según sus palabras:

“Cuando las cosechadoras llegaron al campo de alfalfa, los caballos no vieron las señales de alerta en el establo ni empezaron a postular a trabajos de fábrica. No aprendieron a programar ni asistieron a colegios comunitarios. Se quedaron allí y comieron zanahorias”

.

Por el contrario, la trayectoria humana muestra una dinámica distinta. Mientras que en 1880 más de la mitad de los trabajadores estadounidenses se dedicaba a la agricultura, hoy esa cifra representa apenas el 2%. Los empleados no se extinguieron, sino que se integraron en nuevas industrias, convirtiéndose en técnicos, maestros u operarios industriales.

Transformación social y desafíos económicos

Este cambio de la agricultura a la industria no fue sencillo. El proceso incluyó desplazamientos demográficos, crisis profundas como la Gran Depresión y una reconfiguración de los derechos laborales. La transición hacia el trabajo de oficina afectó significativamente a regiones como Dayton, Youngstown y Muncie, exacerbando brechas de desigualdad. No obstante, frente a estos retos, sobresale la capacidad de reinvención propia del ser humano ante las disrupciones técnicas.

Annie Lowrey aborda el análisis a partir de la transformación que sufrieron los caballos a comienzos del siglo pasado en EEUU

El segundo concepto analizado es el del “carbón”, basado en las teorías del economista británico William Stanley Jevons. En 1865, Jevons expuso que el carbón era el elemento esencial para el progreso nacional. Su estudio reveló una contradicción ahora conocida como la paradoja de Jevons: el aumento en la eficiencia de las máquinas a vapor no disminuyó el uso del carbón, sino que lo disparó al reducir costos y expandir su utilidad en múltiples sectores.

La vigencia de la Paradoja de Jevons

Este fenómeno se observa hoy con tecnologías como los LEDs y los semiconductores. Aunque los dispositivos son más eficientes energéticamente, la demanda global de electricidad y recursos sigue en ascenso debido a la proliferación de aparatos. Este debate es constante en Silicon Valley, donde se discute si la inteligencia artificial causará un colapso laboral o si, por el contrario, potenciará la demanda de nuevas funciones.

Un ejemplo claro ocurrió en el ámbito médico. En 2016, el científico Geoffrey Hinton predijo que se debería dejar de formar radiólogos porque el software los reemplazaría. Sin embargo, la mejora tecnológica en imágenes médicas incrementó la cantidad de pruebas necesarias, elevando la demanda de profesionales humanos. En este contexto, Lowrey afirma:

“La tecnología actuó como complemento del trabajo humano y no como sustituto”

.

El caso de la ingeniería de software y la regulación

Incluso en el sector tecnológico, la situación es ambivalente. Este año, la compañía Block, liderada por Jack Dorsey, redujo drásticamente su nómina bajo el argumento de que la IA permite operar con equipos más reducidos. Para Dorsey, era preferible actuar de inmediato ante el cambio tecnológico que realizar recortes progresivos. No obstante, las estadísticas contradicen la idea de una extinción masiva: las empresas en Estados Unidos emplean actualmente un 6% más de ingenieros de software que el año previo, enfocándose en perfiles que dominen productos basados en IA.

La inteligencia artificial puede transformar la vida profesional (Imagen Ilustrativa Infobae)

Finalmente, el impacto de la automatización dependerá de factores externos como la regulación estatal. En la medicina estadounidense, por ejemplo, los procesos de la FDA pueden ralentizar la adopción de nuevas herramientas debido a sus rigurosos estándares de certificación. Asimismo, existen profesiones cuya automatización es compleja, como la de asistente domiciliario, que sigue siendo una de las más demandadas en áreas tecnológicas como la Bahía de San Francisco.

La historia del carbón en Inglaterra nos recuerda que nada es estático. Aunque su demanda creció hasta mediados del siglo XX, fue finalmente desplazado por el petróleo, el gas y las energías renovables. La conclusión del análisis es que el futuro laboral no es blanco o negro; la inteligencia artificial modificará el entorno profesional, pero el resultado final estará ligado a la adaptabilidad y a los contextos económicos y sociales de cada región.

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