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Diego Giannotti: El ingeniero que rescató al Zorro de un pico de estrés

Desde su infancia, en aquellos días marcados por la merienda y la leche chocolatada, Diego Giannotti sentía una conexión inexplicable con un trato protocolar que nadie le otorgaba. A pesar de sus deseos, ni su madre ni sus compañeros de escuela lo llamaban “Don Diego”. Hoy, con 47 años de edad, este ingeniero industrial comprende que aquel anhelo era el preludio de un destino vinculado a la justicia y la máscara.

“No me acuerdo cuándo se metió El Zorro en mi vida porque siento que nací y El Zorro ya estaba ahí. A mi mamá le encantaba la serie, merendábamos juntos y la mirábamos. Guy Williams había hecho la temporada más exitosa de la historia de Mar del Plata en 1978, justo antes de que yo naciera. No sé si eligieron mi nombre sólo por Don Diego de la Vega, pero estoy seguro de que tuvo algo que ver”

Giannotti, además de sus responsabilidades profesionales, ha asumido la misión personal de preservar la figura de ese héroe de ficción que, tras casi siete décadas de su lanzamiento original, continúa siendo un pilar en la televisión de los hogares argentinos.

Las raíces de una vocación enmascarada

Aunque los recuerdos exactos del inicio de su fanatismo son difusos, Diego atesora memorias nítidas, como la primera capa que su abuela Lucy le confeccionó cuando era apenas un niño. Asimismo, recuerda las palabras de su abuelo Roberto, quien durante su adolescencia notó un parecido físico con el personaje y le vaticinó que él se convertiría en el “Zorro del futuro”. Esos años los pasó luciendo su traje en los carnavales de Ramos Mejía, donde nació y se crió.

Lo que más le cautivaba del personaje no eran solo las secuencias de acción o el misterio, sino los valores éticos que representaba. Según explica, “El Zorro luchaba por un ideal”, un concepto que aún hoy le genera una profunda emoción al recordarlo. No obstante, al terminar la escuela secundaria, debió seguir el mandato familiar de obtener un título universitario, alejándose momentáneamente del arte.

La icónica serie protagonizada por Guy Williams se estrenó en 1957. En Argentina todavía brilla en televisión

Mientras cursaba Ingeniería Industrial junto a sus amigos, conoció a Paula, quien luego se convertiría en su esposa y madre de sus dos hijas, que actualmente tienen 15 y 14 años. Ella fue el apoyo fundamental cuando Giannotti decidió finalmente explorar esa pasión que lo acompañaba desde la niñez.

La esgrima y las celebraciones temáticas

El camino hacia la personificación profesional no fue inmediato. Giannotti comenzó organizando fiestas de disfraces en su hogar mientras avanzaba en su formación académica. En estas reuniones, su vestimenta era innegociable: el traje del héroe californiano. Para lograr la apariencia perfecta, se dejaba crecer el bigote con precisión para el día del evento.

En esa etapa, Diego ya había iniciado sus estudios de esgrima deportiva bajo la tutela de Juan Gabaida, quien curiosamente trabajó con figuras como Fernando Lúpiz e incluso con el propio Guy Williams. Durante sus fiestas, Diego realizaba pequeñas coreografías de combate con amigos, quienes fingían ser sus oponentes.

Incluso ideaban dinámicas creativas donde, bajo la excusa de recaudar fondos para gastos de la casa, Giannotti aparecía desde el tejado para realizar un “acto de justicia” devolviendo el dinero a los presentes tras una breve exhibición de esgrima.

En las presentaciones, El Zorro se enfrenta a Monasterio, su histórico rival. Giannotti construyó un show que dura 50 minutos

A pesar de sus habilidades con la espada, nunca buscó la competencia profesional en este deporte. Su verdadera meta era dominar las herramientas y movimientos que le permitieran dar vida al personaje de sus sueños, mientras completaba su carrera como ingeniero.

Un punto de quiebre bajo el sol de la costa

El año 2004 marcó un antes y un después en su visión del entretenimiento. Al observar espectáculos callejeros en la Costa Atlántica, quedó impactado por el talento de un artista conocido como Doctor Cerebro. La energía que este lograba transmitir al público despertó en Diego la inquietud de probar su propia capacidad para conectar con la gente.

Intentó incursionar en el periodismo deportivo durante un año, pero abandonó la carrera al darse cuenta de que su interés real estaba en la actuación y los medios. En el ámbito laboral, comenzó a trabajar en una firma dedicada a realizar auditorías de seguridad para diversas compañías, lo que le exigía un ritmo de vida frenético.

Los constantes viajes a destinos como Brasil y Europa, sumados a los cambios frecuentes de hoteles, derivaron en un cuadro de estrés severo. En medio de esa crisis, encontró una vía de escape mental: la idea de crear su propio show callejero interpretando al Zorro.

Giannotti se dedica a la auditoría de seguridad en empresas. Viajar mucho por trabajo lo llevó a un pico de estrés

El salto a la plaza de Villa Sarmiento

A pesar de tener 35 años y las responsabilidades económicas de un hogar, Diego decidió dar los primeros pasos. El escenario elegido fue una plaza en Villa Sarmiento, donde se inauguraba una calesita. Su estrategia inicial fue vender globos de helio vestido como el personaje para evaluar la reacción del público vecinal.

Lo que empezó como un experimento se transformó en una rutina familiar. Acompañado por su esposa e hijas, Giannotti llevó su propuesta a Mar de Ajó, donde la respuesta fue abrumadora: los turistas hacían fila para fotografiarse con él. Utilizaba una capa hecha por una tía abuela, botas de su adolescencia y una espada de utilería fabricada por él mismo.

El Zorro y Monasterio, históricos rivales

“A mis chicas les encantaba sacarse fotos con las espadas y que sus amiguitos quisieran venir a casa a ver el traje”, recuerda con cariño sobre aquellos años en los que sus hijas tenían 3 y 5 años. Tras una prueba exitosa en una fiesta familiar y en el jardín de infantes de las niñas, decidió que era momento de profesionalizar el espectáculo para realizarlo “a la gorra”.

De los espacios públicos a los escenarios de GEBA

El debut oficial del espectáculo callejero ocurrió en 2016 en la Plaza de Haedo. Giannotti recuerda los nervios de aquel día, esforzándose por proyectar la confianza de un veterano. Desde entonces, los shows se volvieron parte integral de su vida. Su madre fue su espectadora más fiel en la primera fila hasta el día de su fallecimiento.

En 2018, su formación dio un salto de calidad al inscribirse en las clases de esgrima que Fernando Lúpiz dictaba en el club GEBA. Allí se especializó en esgrima escénica, una disciplina que difiere de la deportiva al enfocarse en coreografías preestablecidas similares a un baile.

Una de las claves del espectáculo es que los chicos interactúen mucho.

Giannotti explica que, en la versión escénica, lo crucial es la precisión de los movimientos acordados, simulando ataques que deben parecer reales ante el ojo del espectador. Lúpiz, quien fue campeón deportivo y alumno del propio Guy Williams, incluso le fabricó la espada que Diego utiliza actualmente, un objeto que considera su mayor tesoro.

Un legado que trasciende generaciones

Con el tiempo, el proyecto creció y sumó a Alejandro Morrielo, compañero de esgrima, para interpretar al villano, el Capitán Monasterio. Juntos ofrecen un teatro interactivo de 50 minutos que atrae tanto a niños, fascinados por la acción, como a adultos de hasta 90 años, quienes reviven su nostalgia.

Una foto de 2019: Giannotti, en su rol de Diego de la Vega, junto a sus dos hijas

Giannotti destaca que el éxito del Zorro en Argentina se debe a la calidad de producción de la serie original y al carisma de Guy Williams durante sus visitas al país. Su espectáculo, titulado “Zorro, la leyenda continúa”, busca no solo entretener, sino dejar una enseñanza a sus propias hijas.

“Mi sueño era sentir que pasaba por esta vida dejando algo, un momento lindo a la gente y, si además, puedo aportar un granito de arena para que continúe la leyenda del Zorro es un lujazo enorme para mí”, concluye Diego, reafirmando que nunca es tarde para perseguir aquello que genera verdadera pasión.

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