A pesar de la recomendación tradicional de ingerir grandes cantidades de agua para evitar los dolorosos cálculos renales, un reciente estudio científico pone en duda la efectividad real de esta medida. La investigación indica que para los pacientes es extremadamente difícil, y en ocasiones imposible, beber el volumen de líquido requerido para prevenir de forma efectiva estas formaciones minerales.
El estudio, cuyos resultados fueron publicados recientemente en la revista especializada The Lancet, utilizó dispositivos tecnológicos denominados «botellas inteligentes» con conexión Bluetooth para monitorear la ingesta de agua de los participantes. Si bien este método logró que los pacientes aumentaran su consumo y, por ende, su producción de orina, la incidencia de nuevos cálculos no mostró una mejora significativa respecto a quienes no contaron con esta ayuda tecnológica.
«Los resultados del ensayo muestran que, a pesar de la importancia de una alta ingesta de líquidos para prevenir la recurrencia de cálculos, lograr y mantener una ingesta muy alta de líquidos es más complicado de lo que a menudo asumimos para las personas con enfermedad urinaria de cálculos»
Así lo manifestó el investigador principal, el Dr. Charles Scales, quien se desempeña como profesor asociado de urología y ciencias de la salud poblacional en la Facultad de Medicina de la Universidad de Duke, ubicada en Durham, Carolina del Norte.
La complejidad de la enfermedad renal
De acuerdo con la Fundación Nacional del Riñón, los cálculos renales se definen como masas sólidas compuestas por químicos y minerales presentes en la orina. Los pacientes que sufren esta condición pueden experimentar cuadros de dolor insoportable en la espalda o los costados, además de presentar síntomas como:
- Sangre en la orina
- Náuseas y vómitos
- Fiebre y escalofríos
Las estadísticas revelan que aproximadamente 1 de cada 11 personas en los Estados Unidos padece de cálculos renales, y los investigadores señalan que casi el 50% de los afectados volverá a presentarlos en más de una ocasión. Generalmente, estas piedras se forman con mayor facilidad cuando la orina está muy concentrada debido a una hidratación insuficiente.
Detalles del experimento con tecnología inteligente
Para determinar si un soporte adicional podría cambiar el panorama, los expertos diseñaron un programa integral de hidratación. El estudio contó con la participación de 1.658 adolescentes y adultos con antecedentes de cálculos renales, distribuidos en seis hospitales estadounidenses. La mitad de los voluntarios fue asignada a un grupo con metas personalizadas para producir al menos 2,5 litros de orina al día.
A este grupo se le entregaron las botellas inteligentes y se les ofreció un incentivo económico de 1,50 dólares diarios por alcanzar su meta de consumo. Adicionalmente, recibieron recordatorios por mensajes de texto y sesiones de coaching de salud. La otra mitad de los participantes funcionó como grupo de control, recibiendo solo la botella y el consejo de beber más, pero sin los incentivos ni el seguimiento especializado.
Tras un seguimiento de dos años, los datos confirmaron que, aunque los pacientes del programa intensivo bebieron más y orinaron con mayor frecuencia, no se registraron diferencias en la aparición de nuevas piedras o en el crecimiento de las ya existentes en comparación con el grupo de control.
Hacia nuevos enfoques médicos
El Dr. Gregory Tasian, urólogo pediátrico adjunto en el Hospital Infantil de Filadelfia y coinvestigador del estudio, subrayó la necesidad de replantear las estrategias actuales:
«En lugar de pedir a cada paciente que cumpla el mismo objetivo de líquidos, deberíamos determinar quién se beneficia de qué objetivos, entender por qué la adherencia falla y construir intervenciones –conductuales y médicas– que reduzcan de forma fiable la recurrencia de cálculos»
Ante la evidencia de que la hidratación por sí sola puede no ser suficiente, el equipo de investigación enfatizó la urgencia de desarrollar nuevos tratamientos que logren mantener los minerales disueltos en la orina de manera más eficiente.
Finalmente, la Dra. Alana Desai, investigadora principal y uróloga de la Universidad de Washington en St. Louis, destacó el impacto de esta patología en la vida diaria de las personas:
«La enfermedad de cálculos renales es una afección crónica, marcada por episodios impredecibles y, a veces, dolorosos que pueden alterar el trabajo, el sueño, la productividad y la vida en general. La mayoría de la gente agradecería un medio sencillo para reducir sus posibilidades de experimentar otro evento»
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