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Siniestro aéreo en Putumayo: Avances en la investigación del Hércules

Las labores periciales para esclarecer las causas del accidente sufrido por la aeronave Hércules C-130 FAC 1016 en la zona de Puerto Leguízamo, departamento de Putumayo, continúan bajo la dirección de un grupo interdisciplinario que aplica rigurosos estándares nacionales e internacionales.

Este lamentable suceso, registrado el pasado lunes 23 de marzo, tuvo un saldo trágico de 69 fallecidos y 57 personas heridas entre los efectivos militares que realizaban el trayecto desde Puerto Leguízamo hacia Puerto Asís.

El comandante de la Fuerza Aeroespacial Colombiana, el General Carlos Silva, suministró un informe pormenorizado sobre el estado de las indagaciones. El alto mando puntualizó que el proceso es liderado por expertos en seguridad operacional siguiendo una normativa técnica establecida internacionalmente. Al respecto, el general sostuvo:

“La investigación no responde a decisiones arbitrarias, sino a una normatividad técnica definida”

Asimismo, enfatizó que la meta principal es determinar las causas del siniestro apoyándose exclusivamente en “evidencia verificable”.

Durante su intervención, Silva compartió material audiovisual que detalla la ruta y la logística de la misión. El comandante precisó que el avión

“lleva dos pasajeros y 15.380 libras.”

Esto último referente a la carga, resaltando la capacidad de este modelo para el transporte y descarga ágil de materiales mediante su rampa posterior.

El avión militar, que cumplía trayectos internos y transportaba personal y carga, se precipitó poco después de despegar desde Puerto Leguízamo - crédito Captura video Presidencia

La cronología del vuelo indica que la aeronave partió de Bogotá a las 7:00 a. m. Tras una escala en Puerto Leguízamo, se alistó para trayectos internos, abordando 113 efectivos del Ejército en la primera etapa. Sin embargo, el impacto se registró apenas minutos después, exactamente a las 9:41 a. m., bajo condiciones que son materia de estudio.

Los registros visuales desde el aire exponen la magnitud de la devastación tras el fuego. Silva explicó que las imágenes muestran la aeronave incinerada, recordando que su estructura de aluminio y el combustible transportado facilitaron la propagación de las llamas. Se detectó en el lugar una combinación de hidrocarburos, líquidos hidráulicos y químicos extintores.

Sobre la trayectoria final, el oficial describió que, por causas desconocidas, el avión realizó un viraje en descenso hasta colisionar a 1,8 kilómetros de la pista de aterrizaje. La conflagración posterior destruyó gran parte del fuselaje.

En cuanto a los ocupantes de la cabina, se informó que había 11 tripulantes, a pesar de que la operación básica solo requiere de seis personas. Esta decisión responde a la política de la Fuerza Aeroespacial de aprovechar los desplazamientos para el entrenamiento continuo, permitiendo que oficiales con menos horas de vuelo adquieran experiencia junto a instructores veteranos.

Once tripulantes y 113 militares iban a bordo del Hércules C-130 al momento del accidente ocurrido poco después de las 9:41 a. m. - crédito Captura video Presidencia

El mando del vuelo estaba a cargo del Mayor Fernández, un piloto con vasta trayectoria que sumaba 5.800 horas de vuelo, de las cuales 900 horas correspondían específicamente al sistema Hércules. Como contraste, el general mencionó su propia experiencia de 39 años y 8.000 horas de vuelo antes de su retiro de las cabinas.

El resto del equipo incluía a:

  • Un subteniente de segundo año como copiloto, con poca experiencia acumulada.
  • El Teniente Rodríguez, quien también fungía como copiloto en el sistema de relevos por rutas.
  • La Mayor Natalia Rojas, navegante con un registro de 2.300 horas.
  • El Teniente Coronel Juan Pablo Amador, quien participaba en calidad de navegante observador.

Ante la alta experiencia de varios tripulantes, el General Silva planteó la interrogante sobre qué pudo fallar, subrayando la profundidad que requiere esta investigación.

Especificaciones y mantenimiento del Hércules FAC 1016

La unidad afectada operaba con la institución desde el año 2020. Aunque su fabricación data de 1983, poseía un margen de 20.294 horas de vida estructural. Al incorporarse a la flota, se le realizó un mantenimiento integral tipo PDM, donde, según el general,

“se desbarata completamente el avión. Las piezas que ya cumplieron su vida útil son reemplazadas”

. Dicha intervención tuvo un costo de 3 millones de dólares.

En términos operativos, el avión voló 345 horas entre 2021 y 2024; sumó 537 horas en 2025 y en lo que iba de 2026 registraba 155 horas. Según los cálculos de la institución, la aeronave tenía un potencial de servicio de 40 años adicionales.

Los controles técnicos HSC e isocrónicos estaban vigentes, y se tenía programada una nueva inspección para el mes de abril. Respecto a la planta motriz, los motores Allison (ahora bajo soporte de Rolls-Royce) se encontraban dentro de los rangos de tiempo permitidos y serán remitidos al fabricante para un peritaje técnico que revele su estado previo al choque.

El análisis final se regirá por la normativa RACAE 114 y contará con la vigilancia de la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI), evaluando factores humanos, técnicos, climáticos y de logística. Para ello, se cuenta con la grabadora de datos de vuelo en territorio nacional y la grabadora de voz, la cual será procesada en Estados Unidos debido a que su tecnología de cinta magnética requiere equipos especializados para su lectura.

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