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¿Por qué el ejercicio frena la demencia? Nuevos hallazgos científicos

La práctica constante de actividad física está vinculada directamente con un impacto real sobre el envejecimiento biológico y la prevención de patologías crónicas. Así lo ha señalado el cardiólogo Eric Topol, quien es reconocido como una de las figuras más respetadas en la investigación del envejecimiento saludable a nivel mundial.

A través de sus plataformas digitales, el especialista compartió una revisión detallada de investigaciones que confirman que el ejercicio constituye la herramienta preventiva más eficaz contra el deterioro cognitivo y las enfermedades crónicas que surgen con el paso de los años.

Para Eric Topol, la relevancia de mantenerse activo físicamente es superior a cualquier otra conducta cuando el objetivo es detener el desgaste del organismo. Durante su intervención en un podcast especializado, el cardiólogo afirmó que

“la actividad física es la única costumbre que muestra un efecto concreto sobre el envejecimiento del cuerpo. Otros factores, como la alimentación y las relaciones sociales, también resultan importantes”

.

En el mismo espacio, el experto añadió un dato fundamental sobre la longevidad celular:

“El ejercicio es lo único que sabemos que reduce nuestro reloj biológico. El espacio entre tu verdadera edad y la edad biológica puede ampliarse”

, enfatizó Topol para subrayar cómo el cuerpo puede mantenerse joven internamente a pesar de los años cronológicos.

En cuanto a las pautas recomendadas, aunque el estándar médico sugiere realizar al menos 30 minutos de ejercicio cinco veces por semana, el doctor Topol aclaró que incluso con dos sesiones semanales ya se logran percibir avances y beneficios considerables en la salud del paciente.

El ejercicio: la terapia definitiva contra enfermedades de la edad

La actividad física es una intervención destacada para prevenir enfermedades crónicas asociadas al envejecimiento. Fuente Eric Topol

Un segundo estudio analizado por Topol consiste en una revisión reciente difundida por la revista científica Cell Metabolism. Este trabajo profundiza en cómo el ejercicio actúa como una estrategia terapéutica de primer orden frente a las dolencias crónicas vinculadas a la vejez.

Dicho estudio, liderado por un grupo de investigadores de Australia y Dinamarca, ratifica que el movimiento físico es una intervención poderosa con resultados positivos en múltiples enfermedades crónicas, abarcando especialmente aquellas que provocan el envejecimiento cerebral y la pérdida de capacidades cognitivas.

El documento resalta una paradoja de la modernidad: aunque la esperanza de vida en el planeta ha crecido aproximadamente un 60 % durante el último siglo, los niveles de actividad física han caído drásticamente en comparación con épocas pasadas. Esta tendencia ha disparado la aparición de enfermedades no transmisibles (ENT), agravadas por condiciones como la hipertensión y la obesidad.

Los científicos detrás del estudio puntualizaron que la “esperanza de salud” —entendida como los años que una persona vive sin padecer enfermedades crónicas— no ha crecido de forma proporcional a la longevidad total. Este hallazgo destaca que vivir más años no siempre significa vivir con mejor calidad, lo que pone el foco en el estilo de vida como factor determinante.

Protección del cerebro y la barrera hematoencefálica

El ejercicio ayuda a proteger la barrera hematoencefálica, clave en la prevención del deterioro cognitivo (Imagen Ilustrativa Infobae)

Otro descubrimiento relevante citado por el Dr. Topol pone énfasis en cómo el ejercicio salvaguarda la barrera hematoencefálica (BHE). Este mecanismo es vital para proteger la función cerebral y evitar el desarrollo de enfermedades neurodegenerativas graves, como el Alzheimer.

Según un estudio publicado este mes en la revista Cell, la actividad física regular ayuda a preservar la integridad de esta barrera. La BHE es una capa celular delgada que actúa como un escudo, impidiendo que toxinas y patógenos entren al cerebro desde el torrente sanguíneo.

Tanto en seres humanos como en modelos animales, esta barrera suele presentar un debilitamiento natural con la edad. Cuando esto ocurre, se incrementa el riesgo de sufrir neuroinflamación y otros problemas cognitivos, lo que eleva significativamente las probabilidades de padecer demencia.

El hígado libera una proteína durante el ejercicio que colabora en la restauración de la barrera cerebral (Imágen Ilustrativa Infobae)

Los investigadores hallaron que, durante y después del esfuerzo físico, el hígado de los sujetos de estudio segrega una proteína específica. Esta molécula viaja hacia el cerebro y desempeña un papel crucial en la reparación y mantenimiento de la barrera protectora.

Sobre estos hallazgos, Michelle Voss, directora del Laboratorio de Salud, Cerebro y Cognición de la Universidad de Iowa, comentó para el Washington Post:

“Estos resultados aportan pruebas contundentes en modelos animales de que las señales hepáticas relacionadas con el ejercicio pueden mejorar la función cerebral al actuar sobre la barrera hematoencefálica»

. Cabe señalar que Voss, experta en el área, no formó parte directa del equipo de esta investigación.

Estas revelaciones ofrecen nuevas luces sobre los procesos celulares que permiten al ejercicio evitar el deterioro de la memoria y el razonamiento. Además, plantean la posibilidad futura de aislar dicha proteína para que, en un escenario controlado y seguro, pueda ser administrada como un apoyo para la salud cerebral en pacientes que presentan dificultades de movilidad.

Mecanismos biológicos del beneficio cerebral

Caminar, correr, nadar o hacer pesas contribuyen a mantener la función cognitiva y prevenir enfermedades (Imagen Ilustrativa Infobae)

Mantenerse en movimiento mediante actividades como caminar, correr, nadar o levantar pesas es fundamental para conservar un cerebro saludable en la etapa de la vejez. Múltiples investigaciones avalan que estas prácticas son el sustento de la capacidad cognitiva.

El profesor Saul Villeda, de la Universidad de California en San Francisco, explicó que su equipo se dedicó a investigar las causas exactas de este fenómeno, enfocándose en las exerquinas. Estas son moléculas que se activan y circulan en la sangre durante el ejercicio, impactando positivamente en diversos órganos.

En sus experimentos, el equipo de Villeda comprobó que el plasma de individuos activos mejoraba la memoria en sujetos sedentarios y de edad avanzada. Tras analizar la composición sanguínea, detectaron la presencia de una proteína denominada GPLD1, la cual es generada por el hígado.

Al incrementar los niveles de GPLD1 en modelos sedentarios, se observó una mejora en las pruebas de memoria y un aumento en la creación de nuevas neuronas. Aunque esta proteína no entra directamente al cerebro, los científicos sospechan que su acción sobre la barrera hematoencefálica es la llave maestra que desbloquea los beneficios cerebrales derivados del ejercicio físico.

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