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Nuevas guías de colesterol: metas más estrictas para evitar infartos

Una analítica sanguínea básica tiene el potencial de predecir la salud cardíaca a futuro. Las actualizadas directrices clínicas para el control del colesterol, desarrolladas por el American College of Cardiology (ACC) y la American Heart Association (AHA), representan una evolución en la estrategia de prevención cardiovascular. Estas normativas fijan objetivos de colesterol LDL más reducidos e impulsan acciones médicas más precoces, fundamentadas en el riesgo de cada paciente y en la evidencia científica más reciente.

Estas sugerencias, presentadas en Estados Unidos por las citadas organizaciones junto a otras nueve sociedades científicas, ratifican la inclinación hacia una medicina preventiva más individualizada y diligente. El ajuste fundamental reside en que los parámetros de colesterol LDL considerados seguros disminuyen según el perfil de riesgo, mientras que la determinación de comenzar un tratamiento con fármacos se anticipa si las modificaciones en los hábitos de vida no alcanzan las metas sugeridas, tal como se especifica en el informe oficial publicado en las revistas especializadas JACC y Circulation.

Sobre este tema, el médico cardiólogo y responsable de la Unidad Coronaria del ICBA Instituto Cardiovascular, Juan Pablo Costabel (MN 119.403), señaló:

“La actualización de las guías ACC/AHA 2026 consolida una tendencia que ya venía creciendo en los últimos años: ser más exigentes con los niveles de colesterol LDL. Esto no responde a una decisión arbitraria ni, como a veces se plantea, a una presión de la industria farmacéutica, sino a evidencia científica sólida que muestra que cuanto más bajo es el LDL, menor es el riesgo de eventos como infarto o ACV”.

Nuevos criterios para el control del colesterol: qué cambia con la actualización

La evidencia científica muestra que reducir el colesterol LDL disminuye significativamente la mortalidad por enfermedad cardiovascular (Imagen Ilustrativa Infobae)

El nuevo esquema de salud sugiere metas de colesterol LDL inferiores a 100 mg/dL para individuos con un riesgo calificado como límite o intermedio; menos de 70 mg/dL para aquellos en la categoría de alto riesgo y por debajo de 55 mg/dL en pacientes que ya han atravesado un incidente cardiovascular previo. Esta revisión aconseja la prescripción de medicación en etapas más tempranas que hace una década, en caso de que los indicadores no mejoren mediante medidas no farmacológicas.

Por su parte, el médico consultor en Medicina Interna y exlíder de la Sociedad Argentina de Lípidos, Pablo Corral (MP 93559), precisó que

“la nueva guía presentada hace unas semanas no coloca cifras más exigentes. Incluso es menos exigente que quizá la guía europea publicada el año pasado. Lo que hace esta guía fundamentalmente es discriminar a pacientes de alto riesgo y de muy alto riesgo. Las cifras surgen de la evidencia científica acumulada; no es una recomendación arbitraria, sino el resultado de años y décadas de estudios clínicos”.

La implementación de la calculadora PREVENT-ASCVD figura como una de las principales innovaciones. Este sistema permite calcular la probabilidad de padecer un evento cardiovascular en un plazo de 10 años, categorizándolo en cuatro niveles: bajo, límite, intermedio y alto. De esta manera, es posible adaptar la fuerza del tratamiento: “Estos objetivos más estrictos no aplican a toda la población por igual. Están dirigidos principalmente a personas con riesgo cardiovascular muy elevado o que ya tuvieron un evento cardiovascular previo, en quienes el beneficio de bajar el colesterol de manera más intensiva es mucho mayor”, detalló el doctor Costabel.

El control regular de los lípidos en sangre es clave para anticipar y evitar complicaciones cardiovasculares (Freepik)

“Con esta nueva herramienta de evaluación, podemos calcular mejor el riesgo cardiovascular utilizando información de salud ya obtenida durante un examen físico anual y luego personalizar aún más la puntuación de riesgo para cada persona al observar los ‘potenciadores del riesgo’”

, manifestó Roger Blumenthal, quien preside el comité de redacción de la guía y dirige el Johns Hopkins Ciccarone Center for the Prevention of Heart Disease.

En sintonía con esto, Pamela Morris, vicepresidenta del comité y directiva del Seinsheimer Cardiovascular Health Program en la Medical University of South Carolina, aseveró:

“Un LDL más bajo es mejor, especialmente para quienes tienen mayor riesgo de infarto o accidente cerebrovascular”.

Por qué la enfermedad cardiovascular sigue liderando la mortalidad pese a los avances

La calculadora PREVENT-ASCVD permite estimar el riesgo cardiovascular a 10 años y personalizar las estrategias de prevención (Freepik)

A pesar del endurecimiento de las guías y la existencia de terapias efectivas, las patologías cardiovasculares se mantienen como la primera causa de fallecimiento a nivel global.

De acuerdo con Corral, “la causa por la cual sigue siendo la primera causa de morbi-mortalidad tiene múltiples explicaciones. Primero, porque la población envejece y al envejecer aumenta la chance de enfermar de cuadros cardiovasculares. Pero quizá el motivo principal es que no se cumplen los objetivos. Los estudios epidemiológicos muestran que muy pocas personas logran los objetivos que se plantean y que se recomiendan en las guías”.

Costabel coincidió al indicar que “la enfermedad cardiovascular no depende solo del colesterol. Está fuertemente influida por otros factores que, lejos de disminuir, aumentaron a nivel global, como el sedentarismo, la obesidad, el estrés o la diabetes”. No obstante, el experto resaltó que los fallecimientos por accidentes cerebrovasculares e infartos han bajado en las últimas décadas gracias a la prevención. Pese a ello, la persistencia de esta enfermedad como causa principal de muerte demuestra que el reto debe abordarse de forma integral.

Estilo de vida y prevención: la base del control del colesterol

El 80% de las enfermedades cardiovasculares podría prevenirse con una alimentación saludable, actividad física y control del peso (Freepik)

Las directrices actuales enfatizan que la labor preventiva debe iniciar prematuramente, promoviendo hábitos como el mantenimiento de un peso adecuado, la práctica regular de ejercicio, la evitación del tabaquismo y la higiene del sueño.

“La recomendación del estilo de vida es la base de la pirámide para evitar la enfermedad cardiovascular. Eso siempre tiene que estar y sobre eso habrá que decidir si medicar o no”

, puntualizó Corral. Sin embargo, advirtió que la ausencia de compromiso con estas pautas y la falta de constancia en rutinas saludables de alimentación, descanso y sociabilidad impiden alcanzar los resultados esperados.

Al respecto, Costabel añadió que “los cambios en el estilo de vida son la base del tratamiento y siempre deben estar presentes, independientemente de si el paciente recibe o no medicación. En personas de bajo riesgo, muchas veces estas medidas pueden ser suficientes sin necesidad de iniciar tratamiento farmacológico”.

Blumenthal insistió en que

“sabemos que el 80% o más de las enfermedades cardiovasculares se puede prevenir y que el colesterol LDL elevado, a veces llamado colesterol ‘malo’, es una parte importante de ese riesgo”

. La normativa internacional subraya que el éxito terapéutico reside en la fusión de hábitos saludables sostenidos con la medicación pertinente cuando así se requiera.

Cuándo se indica medicación y cómo se decide el tratamiento

Las estatinas son el tratamiento estándar para reducir el colesterol LDL y el riesgo de eventos cardiovasculares graves (Imagen Ilustrativa Infobae)

Actualmente, la prescripción de fármacos para combatir el colesterol alto se fundamenta en un análisis global del riesgo y no en un dato numérico aislado.

“La decisión de medicar a un paciente depende de múltiples factores. Hay que sentarse con el paciente, analizar antecedentes personales, familiares, hábitos, historia clínica. Claramente hay un grupo de pacientes que sí o sí tiene que estar medicado, como aquellos que ya tuvieron un infarto, un accidente cerebrovascular o tienen manifestaciones de aterosclerosis subclínica”

, indicó Corral.

Costabel aclaró que “hoy la decisión de medicar no se basa únicamente en un número, sino en el riesgo cardiovascular global. Se utilizan herramientas que estiman el riesgo a 10 años de eventos cardiovasculares y, en función de eso, se define la conducta. Hay situaciones en las que la indicación de tratamiento es clara, como en quienes tienen LDL mayor a 190 mg/dL o en pacientes con diabetes”.

La tendencia actual busca la máxima precisión en el riesgo del individuo para consensuar el camino a seguir. Según Costabel, esto facilita un diálogo transparente sobre los beneficios y posibles efectos secundarios, permitiendo una toma de decisiones compartida.

Efectos adversos de las estatinas y desinformación: qué dice la evidencia

El control regular de los lípidos en sangre es clave para anticipar y evitar complicaciones cardiovasculares (Imagen Ilustrativa Infobae)

En el ámbito farmacológico, las estatinas se mantienen como el recurso primordial. Costabel afirmó que estos medicamentos se encuentran entre los más analizados de la medicina, demostrando capacidad para bajar el riesgo de muerte cardiovascular, infarto y ACV, especialmente en pacientes de alta vulnerabilidad.

Ante las dudas planteadas por algunos sectores sobre si estas sustancias afectan funciones hormonales o cerebrales por su acción sobre las grasas, Corral fue tajante: “Esto no es opinable. La ciencia es ciencia y la realidad es que la evidencia científica claramente demostró durante años que bajar los niveles de colesterol a niveles fisiológicos no afecta ni la función hormonal ni la función cerebral. El cerebro tiene un mecanismo autónomo de generación de colesterol y no hay ningún estudio que haya demostrado que bajar los niveles de colesterol a niveles muy bajos afecte la producción hormonal”.

Costabel reforzó esta idea explicando que la evidencia no muestra daños significativos, sino que, por el contrario, la reducción del colesterol se vincula con un menor riesgo de deterioro cognitivo, ya que el daño en el cerebro suele provenir de procesos de enfermedad vascular y microinfartos vinculados al colesterol alto.

Dada la baja incidencia de efectos adversos graves, los profesionales coinciden en que la prioridad actual es neutralizar la desinformación y asegurar una prescripción adecuada y basada en la ciencia. Las nuevas guías ofrecen una hoja de ruta definida para que médicos y pacientes trabajen en la disminución de las enfermedades cardiovasculares mediante una prevención proactiva.

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