Hacia el 23 de marzo de 2026, el panorama del diagnóstico médico podría transformarse radicalmente. Identificar las señales prematuras de la enfermedad de Alzheimer podría ser, en el futuro cercano, un proceso tan simple como realizar una toma de muestra en el interior de las fosas nasales.
Un dispositivo de hisopo experimental, que cuenta con la patente de Duke Health, ha logrado detectar alteraciones tempranas en las células del sistema inmunitario y nervioso. Estos hallazgos son significativos porque ocurren incluso antes de que se manifiesten los fallos cognitivos o de memoria característicos de la enfermedad.
«Si conseguimos diagnosticar a las personas lo suficientemente temprano, podríamos iniciar terapias que prevengan que desarrollen Alzheimer clínico»
Esta afirmación fue realizada por el Dr. Bradley Goldstein, investigador y docente de la Facultad de Medicina de la Universidad de Duke en Durham, Carolina del Norte. El equipo liderado por Goldstein difundió los resultados de esta prometedora investigación en la revista Nature Communications.
Avances en la detección precoz
El propósito fundamental, según el especialista, es lograr
«confirmar el Alzheimer muy pronto, antes de que el daño tenga oportunidad de acumularse en el cerebro.»
Para la ejecución de este estudio, los científicos recolectaron muestras nasales de un grupo de 22 participantes. El procedimiento consistió en la aplicación inicial de un anestésico en spray, seguido del uso de un pequeño cepillo diseñado para alcanzar la zona superior de la nariz, lugar donde se ubican las neuronas encargadas de la olfacción.
A través de estas muestras, los expertos analizaron la actividad genética, la cual sirve como un termómetro de lo que sucede internamente en el cerebro. La técnica permitió evaluar el comportamiento de miles de genes en cientos de miles de células individuales, lo que generó millones de puntos de datos. Gracias a este volumen de información, se identificaron cambios en individuos que, aunque no presentaban síntomas, ya mostraban marcadores de la enfermedad en pruebas de laboratorio.
Eficacia y diferenciación científica
Los resultados fueron contundentes: la prueba mediante hisopo logró diferenciar con éxito los casos de Alzheimer clínico y temprano de los sujetos sanos en aproximadamente el 81% de las pruebas.
Los investigadores subrayaron que los análisis de sangre disponibles actualmente suelen detectar indicadores que se manifiestan en etapas más avanzadas del padecimiento. Por el contrario, este método nasal logra captar la actividad inmunológica y nerviosa en tiempo real. Esto proporciona una perspectiva más directa de las alteraciones patológicas, facilitando una intervención médica mucho más temprana.
«Gran parte de lo que sabemos sobre el Alzheimer proviene del tejido de la autopsia»
Así lo explicó Vincent D’Anniballe, autor principal del estudio y estudiante en el programa de formación de científicos médicos de Duke. El investigador añadió que
«ahora podemos estudiar tejido neural vivo, abriendo nuevas posibilidades para el diagnóstico y el tratamiento.»
Un legado para la investigación
La participación ciudadana también ha sido clave. Mary Umstead decidió unirse al estudio como voluntaria en memoria de su hermana, Mariah Umstead, quien falleció debido a un Alzheimer de inicio temprano. Mariah fue diagnosticada a los 57 años, pese a que su entorno familiar ya percibía señales de alerta mucho tiempo antes.
Sobre su motivación, Mary expresó:
«Cuando surgió la oportunidad de participar en un estudio de investigación, simplemente la aproveché porque nunca querría que ningún familiar tuviera que pasar por la pérdida que nosotros vivimos con Mariah»
. Agregó además que
«yo tampoco querría que ningún paciente pasara por lo que nosotros pasamos.»
Actualmente, mediante una alianza con el Centro de Investigación de la Enfermedad de Alzheimer de Duke & UNC, los científicos están expandiendo el alcance de este estudio a grupos de población más diversos. El objetivo final es determinar si el uso del hisopo puede servir también para monitorear la efectividad de los tratamientos médicos con el paso del tiempo. Esta investigación contó con el respaldo financiero de los Institutos Nacionales de Salud (NIH).
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