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Estudio cuestiona que la violencia sea un rasgo humano innato

Un reciente análisis científico liderado por expertos de la Universidad de Lincoln, en el Reino Unido, pone en duda la creencia convencional de que los seres humanos poseemos una naturaleza violenta por instinto. Según el reporte, este comportamiento no es necesariamente inherente, sino que se deriva principalmente de factores sociales, el entorno y la influencia cultural. El estudio, difundido a través de la prestigiosa revista Evolution Letters, determina que la agresión de baja intensidad y los actos letales han seguido trayectorias evolutivas independientes, ofreciendo una nueva visión a uno de los debates más antiguos sobre la esencia del ser humano.

Tradicionalmente, las discusiones sobre las raíces de la hostilidad humana han partido de la premisa de que la agresión es un comportamiento unificado. Esto sugeriría que aquellas especies con roces diarios constantes tendrían una mayor inclinación hacia la violencia mortal. No obstante, al examinar detalladamente los patrones de conducta en 100 especies de primates, incluyendo a los humanos, los especialistas descubrieron que las especies con frecuentes agresiones leves no muestran necesariamente una mayor tendencia a acabar con la vida de sus semejantes.

Por el contrario, las manifestaciones de violencia extrema, tales como el infanticidio o el asesinato de adultos rivales, parecen regirse por dinámicas de evolución particulares, totalmente desligadas de las fricciones de la vida diaria. Estos hallazgos, obtenidos por los profesores Bonaventura Majolo, Samantha Wakes y Marcello Ruta, desafían la noción de que la violencia extrema es simplemente una herencia biológica inevitable.

La investigación resalta que la agresividad rutinaria y la violencia fatal no se ubican en una misma progresión, sino que surgen de causas y contextos diferenciados. Debido a esto, el nexo entre los pequeños incidentes cotidianos y los actos de violencia de mayor gravedad es considerablemente más débil de lo que la ciencia había estimado previamente.

Imagen de dos gorilas. (Europa Press)

Análisis de patrones complejos

En relación con estos descubrimientos, Bonaventura Majolo, profesor especializado en Evolución Social, recalca la relevancia de comprender los cimientos evolutivos de la agresividad, no solo para el campo de la biología, sino para la interpretación general del comportamiento de nuestra especie.

“Nuestro estudio muestra que la evolución de la agresión sigue patrones más complejos que los modelos previos y que clasificar a las especies por su tendencia general a la agresión resulta inexacto, desde el punto de vista biológico. Necesitamos una perspectiva más detallada a la hora de debatir si los humanos son intrínsecamente violentos”.

El equipo de trabajo evaluó cinco categorías distintas de agresión, que comprenden desde disputas menores hasta ataques con resultados mortales, apoyándose en una robusta base de datos sobre primates. Las evidencias señalan que las diversas manifestaciones de violencia letal guardan relación entre sí, pero poseen una conexión mínima con la agresividad de carácter leve. Esto indica que los mecanismos biológicos que impulsan la violencia extrema son evolutivamente divergentes.

Para los investigadores de la Universidad de Lincoln, estos resultados representan una oportunidad para replantear el origen de la violencia en la humanidad. Asimismo, instan a profundizar en el análisis del impacto que tienen los factores sociales y culturales por encima de los determinismos estrictamente biológicos.

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