A lo largo de los últimos once años, el planeta Tierra ha operado bajo una dinámica similar a la de un invernadero expuesto a una radiación solar constante, donde el calor queda atrapado, se potencia y carece de vías de escape naturales.
Durante el transcurso de 2025, el mundo ha cruzado un nuevo umbral en la emergencia climática global. Por primera ocasión, indicadores fundamentales como las concentraciones de dióxido de carbono, el calentamiento de las masas oceánicas y la frecuencia de desastres climáticos han quebrado todos los registros previos. Esta situación no solo agrava el panorama ambiental, sino que intensifica las crisis sociales y financieras en todos los rincones del globo.
Estas conclusiones se desprenden del reporte anual emitido por la Organización Meteorológica Mundial (OMM). Dicho documento cataloga a 2025 como el segundo o tercer año con mayores temperaturas jamás documentado, con un promedio térmico global de 1,43 °C por encima de los niveles de la época preindustrial. Estas cifras confirman una aceleración del calentamiento que coloca a la humanidad frente a un límite sumamente peligroso.
Gases de efecto invernadero y calor histórico en 2025
La OMM especifica que las concentraciones de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera llegaron a las 423,9 partes por millón (ppm) durante 2024, representando la cifra más elevada en al menos dos millones de años de historia geológica del planeta.
Este registro implica un crecimiento anual de 3,5 ppm, lo que supone el mayor incremento desde que se iniciaron los monitoreos científicos modernos en el año 1957. Los factores determinantes fueron la quema incesante de combustibles fósiles, el incremento de los incendios forestales y una capacidad reducida de los océanos y bosques para absorber el gas. Además del CO2, el 2025 mostró picos históricos en otros gases: el metano alcanzó las 1.942 partes por billón (un 266 % más que en la era preindustrial) y el óxido nitroso llegó a 338 (125 % respecto al referente preindustrial), según los datos más recientes de la OMM.

El reporte institucional de la OMM aclara una situación climática particular:
“A pesar de la transición de El Niño a La Niña, 2025 mantuvo temperaturas globales excepcionalmente altas. Enero fue el enero más cálido jamás registrado”.
Este escenario es el resultado de una acumulación ininterrumpida de energía en el sistema de la Tierra. Al situarse la temperatura media global apenas por debajo del récord histórico de 2024, se confirma que los últimos once años han sido los más calurosos de los que se tiene registro. Al respecto, la experta en clima Sarah Perkins-Kirkpatrick, vinculada a la Universidad Nacional Australiana en Canberra, declaró a la revista Nature que
“Parece que estamos entrando en una nueva era donde las temperaturas serán significativamente más altas que hace diez años”.
El desequilibrio energético y la respuesta de los océanos
Una novedad en el informe de la OMM es la inclusión del desequilibrio energético terrestre como una métrica de alta relevancia. Este indicador mide la brecha entre la radiación solar recibida y la energía que el planeta logra devolver al espacio. En 2025, este indicador alcanzó su punto máximo desde 1960, evidenciando una aceleración drástica en las últimas dos décadas según mediciones de satélites y boyas oceánicas.
Thomas Mortlock, analista del clima en la Universidad de Nueva Gales del Sur en Sídney, resaltó en Nature la importancia de este dato, señalando que más del 91 % del exceso de calor captado por la Tierra desde los años 70 ha sido absorbido directamente por las aguas marinas.
Como consecuencia de esta absorción masiva, en 2025 se reportó el nivel de calor oceánico más elevado de la historia, lo que a su vez impulsa un incremento acelerado del nivel medio del mar.

Durante el periodo comprendido entre 2023 y 2024, el nivel de los océanos subió cinco milímetros debido a la influencia de El Niño. Al finalizar el 2025, el promedio global se situaba 11 centímetros por encima de las referencias de 1993.
Desde el año 2012, el ritmo de este ascenso ha superado los registros de las décadas anteriores. Paralelamente, la pérdida de masa en los glaciares es crítica: ocho de los diez años con mayor deshielo desde 1950 han ocurrido a partir de 2016. El ciclo 2024/2025 figuró entre los cinco peores de la historia, con efectos devastadores en Islandia y el Pacífico norteamericano. Asimismo, el Ártico y la Antártida reportaron extensiones de hielo marino en mínimos históricos o cercanos a ellos durante los meses de febrero y septiembre de 2025.
La OMM también advirtió sobre la acidificación de los océanos. Se estima que aproximadamente el 29 % de las emisiones de CO2 generadas por la actividad humana en la última década han terminado en el mar. Esto ha provocado un descenso del pH superficial de –0,017 por década entre 1985 y 2025, el cambio más violento jamás registrado.
Impacto humano: Catástrofes naturales y crisis sanitaria

El calentamiento global se manifestó en 2025 a través de fenómenos extremos sin precedentes. Se registraron oleadas de calor asfixiantes en Asia y Europa, mientras que inundaciones masivas golpearon a Pakistán, Nigeria, Sudáfrica y la República Democrática del Congo. Además, el sudeste asiático y el Caribe sufrieron tifones y huracanes de gran letalidad, y regiones como la Amazonía, el Gran Chaco y México enfrentaron sequías prolongadas.
En Pakistán, el impacto de las lluvias monzónicas fue trágico, resultando en más de 1.000 fallecimientos y 1,57 millones de damnificados. Por otro lado, en Texas, las tormentas torrenciales causaron 135 muertes, convirtiéndose en el desastre de inundación más grave para Estados Unidos en casi medio siglo.

Estas condiciones climáticas afectaron severamente la seguridad alimentaria y provocaron desplazamientos forzosos de cientos de miles de individuos, lo que generó una presión extrema sobre la asistencia humanitaria y los servicios de salud, particularmente en las naciones más vulnerables.
En el ámbito de la salud pública, la OMM reportó que el dengue alcanzó su pico máximo de contagios, con casi la mitad de la población del planeta viviendo en áreas de riesgo. El aumento térmico ha expandido el territorio y la duración de esta enfermedad. Asimismo, el estrés por calor ya perjudica a 1.200 millones de trabajadores en sectores como la construcción y la agricultura, provocando un aumento en enfermedades renales, accidentes laborales y una caída en la productividad global.

Una respuesta internacional aún deficiente
El informe subraya que las estrategias globales para enfrentar estos riesgos siguen siendo insuficientes. Hasta el año 2023, apenas el 50 % de las naciones contaba con sistemas de alerta temprana para olas de calor enfocados en la salud. La integración de datos climáticos en la toma de decisiones médicas es aún escasa. La OMM enfatiza lo siguiente:
“La brecha en preparación y respuesta frente a riesgos climáticos de salud es aún considerable. La integración de información meteorológica y vigilancia epidemiológica es esencial para pasar de la reacción a la prevención”.
En cuanto a los patrones meteorológicos, la transición de El Niño (2023-2024) hacia La Niña en 2025, sumado a la intensidad del Dipolo del Océano Índico (la tercera más fuerte en 45 años), alteró las lluvias en todo el mundo. Cabe destacar que 2025 se convirtió en el año más caluroso de la historia sin la influencia de El Niño. El Dipolo negativo, por su parte, profundizó las sequías en África Oriental e intensificó las inundaciones en Australia e Indonesia.
Los científicos de la OMM recalcan que su informe no busca dar recomendaciones políticas ni realizar proyecciones a futuro, sino consolidar la evidencia de los indicadores físicos y los eventos ocurridos durante el año para fundamentar las decisiones globales.

Las estadísticas presentadas son contundentes: los niveles récord de gases, el calor en los océanos y el deterioro de la criosfera confirman que 2025 ratifica una tendencia de aceleración en la crisis climática, con impactos profundos y variados en la vida humana y los ecosistemas del mundo.
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