La escalada bélica en el sur de Líbano ha alcanzado niveles críticos, dejando un rastro de devastación que ya contabiliza casi 1.040 personas fallecidas y aproximadamente 2.900 heridos desde el pasado 2 de marzo. De acuerdo con los informes oficiales emitidos por las autoridades libanesas, la violencia no cesa, registrándose al menos diez víctimas mortales y 90 lesionados únicamente en la última jornada de enfrentamientos.
Crisis humanitaria y desplazamiento masivo
La magnitud de la ofensiva israelí ha forzado a más de un millón de ciudadanos a abandonar sus hogares, según los registros de la Unidad de Riesgos y Desastres de la Presidencia del Consejo de Ministros de Líbano. Esta cifra, que fue publicada originalmente hace una semana y sigue en aumento, refleja una crisis humanitaria sin precedentes en la región, agravada por el avance constante de las operaciones militares.
Ante este panorama, la comisaria europea de Gestión de Crisis, Hadja Lahbib, ha manifestado un rechazo contundente a las acciones del ejército de Israel contra la infraestructura civil, haciendo especial énfasis en la destrucción de los puentes situados sobre el río Litani, un punto neurálgico que conecta el sur con el resto del territorio libanés.
«Condeno los ataques contra infraestructuras críticas en todo Oriente Próximo, incluidos los puentes en Líbano. Atacar la infraestructura civil viola el Derecho Internacional humanitario»
Exigencia de una salida diplomática
La representante de la Comisión Europea alertó que la persistencia de esta espiral de violencia solo consigue «profundizar el sufrimiento» de la población en la zona. En sus declaraciones públicas, Lahbib hizo un llamado urgente para retomar los canales diplomáticos y buscar un consenso que detenga las hostilidades. Al respecto, la funcionaria fue enfática al señalar: «Necesitamos una solución política», instando a los gobiernos involucrados a reanudar las negociaciones de paz que se encuentran interrumpidas.
Por otra parte, el ministro de Defensa israelí, Israel Katz, confirmó que, bajo órdenes directas de su despacho y del primer ministro Benjamin Netanyahu, se procedió a la demolición estratégica de todos los puentes sobre el río Litani. El argumento esgrimido por el mando israelí es que estas estructuras eran presuntamente utilizadas por Hezbolá para el traslado de armamento y combatientes hacia las zonas limítrofes.
Además, Katz instruyó a las Fuerzas de Defensa de Israel para intensificar el derribo de viviendas en la línea de contacto dentro de territorio libanés. Este procedimiento sigue el patrón operativo aplicado previamente en enclaves de la Franja de Gaza como Beit Hanun y Rafá, áreas que actualmente se encuentran bajo control de las fuerzas israelíes.
Origen del conflicto y consecuencias logísticas
El recrudecimiento de las hostilidades entre Israel y Hezbolá se intensificó a inicios de este mes, tras el lanzamiento de proyectiles por parte de la organización chií hacia territorio israelí. Dicha acción fue presentada como una represalia por el fallecimiento del líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei, un suceso que disparó las tensiones en todo el tablero de Oriente Próximo y motivó la respuesta militar sobre objetivos estratégicos en el Líbano.
Las consecuencias de estos ataques han derivado en una grave crisis humanitaria, con daños severos a servicios básicos y redes de comunicación esenciales. La destrucción de la infraestructura de transporte no solo afecta la movilidad civil, sino que representa un obstáculo logístico crítico para la llegada de ayuda humanitaria y suministros básicos a las zonas más golpeadas. Diversos organismos internacionales han expresado su profunda preocupación, subrayando que la falta de puentes limita drásticamente la capacidad de respuesta ante la emergencia.
Finalmente, la Unión Europea, a través de su representación en esta crisis, ha reiterado que el respeto al Derecho Internacional humanitario es innegociable y que la única vía sostenible para garantizar la estabilidad regional es el diálogo. Mientras tanto, las autoridades de Líbano advierten que el flujo incesante de desplazados sigue amplificando el reto sanitario y logístico en las áreas de refugio.
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