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Guía médica actualiza los niveles ideales de colesterol LDL

El monitoreo del colesterol LDL ha tomado una relevancia sin precedentes en la medicina preventiva actual. Recientemente, el American College of Cardiology (ACC) y la American Heart Association (AHA) han presentado una actualización de sus protocolos clínicos, estableciendo criterios mucho más rigurosos para los niveles permitidos de lípidos en la sangre. Esta medida busca disminuir drásticamente la incidencia de accidentes cerebrovasculares e infartos de miocardio en la población.

La nueva normativa, que sustituye a la versión emitida en 2018, fue difundida a través de las prestigiosas revistas científicas JACC y Circulation. El documento redefine lo que se considera un valor normal, ajustando las recomendaciones de tratamiento según las condiciones específicas de salud de cada individuo.

¿Qué es el colesterol LDL y por qué es peligroso?

Conocido comúnmente como el «colesterol malo», el colesterol LDL es una partícula encargada de trasladar lípidos desde el hígado hacia los diversos tejidos del organismo. Sin embargo, su presencia en niveles excesivos es responsable de la creación de placas obstructivas en las paredes de las arterias. Según datos de la Fundación Española del Corazón, este elemento es el indicador clave que los especialistas deben vigilar para evitar complicaciones cardiovasculares graves.

El documento publicado en JACC y Circulation reemplaza la versión vigente desde 2018 
INTERMOUNTAIN HEALTHCARE HEART INSTITUTE

Nuevos parámetros según el perfil de riesgo

Las directrices actuales del ACC y la AHA segmentan a los pacientes en tres grupos diferenciados para determinar sus metas de salud y controlar el riesgo:

  • En pacientes con un riesgo cardiovascular intermedio o límite, el objetivo es mantener cifras de colesterol LDL inferiores a 100 mg/dl.
  • Para personas clasificadas con un alto riesgo cardiovascular, el valor sugerido desciende a menos de 70 mg/dl.
  • En el caso de individuos que ya han sufrido un evento cardiovascular previo —como un infarto agudo de miocardio—, la meta es aún más estricta: el nivel debe situarse por debajo de los 55 mg/dl.

“Un LDL más bajo es mejor, especialmente para quienes tienen mayor riesgo de infarto o accidente cerebrovascular”

Así lo manifestó Pamela Morris, vicepresidenta del equipo redactor y líder del Seinsheimer Cardiovascular Health Program en la Medical University of South Carolina.

El colesterol LDL transporta lípidos desde el hígado a los tejidos y su exceso favorece la formación de placas en las arterias (Imagen Ilustrativa Infobae)

De la prevención al tratamiento farmacológico

El consenso médico enfatiza que la primera línea de defensa es la adopción de hábitos saludables desde la juventud. Esto incluye el control del peso corporal, la práctica constante de actividad física, la eliminación total del tabaquismo y garantizar un descanso nocturno reparador. No obstante, si estos cambios no logran los objetivos deseados, las guías sugieren una intervención farmacológica más temprana y enérgica que en años anteriores.

El tratamiento estándar continúa basándose en el uso de estatinas, medicamentos diseñados para reducir el colesterol en sangre. En casos donde estos fármacos no son suficientes, la normativa recomienda combinarlos con otras opciones como la ezetimiba, el ácido bempedoico o los anticuerpos monoclonales PCSK9. Asimismo, el fármaco inyectable inclisirán permanece bajo evaluación para determinar su impacto real en la baja de incidentes cardíacos.

“Sabemos que el 80 por ciento o más de las enfermedades cardiovasculares se puede prevenir y que el colesterol de las LDL elevado, a veces llamado colesterol ‘malo’, es una parte importante de ese riesgo”

Afirmó Roger Blumenthal, quien preside el comité de redacción de la guía y dirige el Johns Hopkins Ciccarone Center for the Prevention of Heart Disease.

Las guías distinguen tres categorías de riesgo cardiovascular y establecen valores objetivos de LDL para cada una

Herramientas de diagnóstico y factores de riesgo adicionales

Para facilitar la labor médica, se ha integrado la calculadora PREVENT-ASCVD, una herramienta que proyecta la probabilidad de un evento cardíaco en un plazo de 10 años. Según esta clasificación, los rangos de riesgo se definen de la siguiente manera:

  • Bajo: menos del 3%
  • Límite: entre 3% y 4%
  • Intermedio: entre 5% y 9%
  • Alto: 10% o más

Además de los valores numéricos, el informe insta a considerar los llamados «potenciadores de riesgo», como la diabetes mellitus, la obesidad, la enfermedad renal crónica, los antecedentes familiares de patologías cardíacas, y la ascendencia del sur de Asia o filipina. También se sugiere analizar biomarcadores específicos como la lipoproteína(a), la apolipoproteína B, los triglicéridos elevados y la proteína C reactiva de alta sensibilidad.

“La medición de otros biomarcadores puede brindar un panorama más completo del riesgo cardiovascular y fundamentar decisiones sobre si es necesario un tratamiento para reducir los lípidos más temprano o si se justifica una terapia más intensiva”

Indicó Blumenthal respecto a la importancia de personalizar cada caso clínico.

Este documento es el resultado de un esfuerzo conjunto en el que colaboraron otras nueve entidades científicas, entre ellas la American Diabetes Association, la National Lipid Association y la Preventive Cardiovascular Nurses Association. Finalmente, Pamela Morris concluyó que

“los ensayos clínicos han demostrado beneficios significativos en la reducción de eventos cardiovasculares cuando los niveles de colesterol LDL son incluso inferiores a los recomendados en guías anteriores”

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