El próximo martes 24, el Gran Palais de París abrirá sus puertas para una significativa retrospectiva que explora la etapa final de la carrera de Henri Matisse. Esta exhibición pone el foco en un periodo marcado tanto por la adversidad, bajo la ocupación nazi de Francia, como por una profunda renovación creativa tras un evento médico que cambió su vida. La muestra incluye piezas icónicas como Jazz, los famosos Desnudos Azules y la monumental obra La Gerbe, demostrando que su avanzada edad y salud precaria no detuvieron su capacidad de trabajo.
La exhibición, que se titula Matisse 1941-1954, presenta una colección de 320 obras que abarcan diversos formatos: desde óleos y dibujos hasta vitrales, textiles y sus célebres recortes de gouache. Todas estas piezas fueron creadas antes de su fallecimiento en 1954, a los 84 años. El recorrido histórico sitúa al espectador en un tiempo donde los nazis lo catalogaban como un creador «degenerado» y donde el propio artista admitió a sus allegados que estuvo
«a un pelo de la muerte»
después de someterse a una intervención quirúrgica en 1941.

Claudine Grammont, quien fuera directora del Museo Matisse de Niza y actual responsable de arte gráfico en el Centro Pompidou, se encarga de la curaduría de esta muestra. Según Grammont, en aquella época el artista era
«En ese momento, era por tanto un hombre mayor, parcialmente discapacitado y con dificultades para mantenerse erguido»
. No obstante, a pesar de estas limitaciones físicas, el maestro francés estaba iniciando
«el momento más prolífico de su carrera»
, describiéndolo como una etapa de plenitud absoluta. Para la experta,
«Es realmente su apoteosis, lo que significa que el artista alcanza un estado de indiferencia, de desapego… en definitiva, un momento de gracia.»
El mito de los recortes de papel
Uno de los objetivos centrales de esta exposición es desmentir la creencia de que Matisse abandonó la pintura al final de su vida para dedicarse exclusivamente a los recortes. Claudine Grammont es enfática al respecto:
«A menudo se ha dicho, erróneamente, que durante este periodo Matisse dejó de pintar y no hizo nada más que recortes de gouache. Pues no: Matisse pintó 75 cuadros entre 1941 y 1954.»
La productividad del artista en su octava década de vida fue sorprendente, destacando que
«Solo en 1950, se produjeron 40 obras. Es mucho para un hombre de 80 años»
.

Intimidad y nuevas formas de expresión
El público tendrá la oportunidad de visitar la muestra hasta el 26 de julio. Entre los tesoros expuestos se encuentran las decoraciones diseñadas para la Capilla de Vence en el sur de Francia, así como cuatro versiones de sus ahora universales Desnudos Azules. Estas figuras se han convertido en símbolos culturales de la modernidad, presentes desde dormitorios universitarios hasta artículos de regalo, a pesar de las controversias posteriores sobre las influencias coloniales tras su estancia en Tahití.
El proceso creativo de obras como La Gerbe (1953), caracterizada por sus vibrantes estallidos de color, solía ocurrir durante las horas nocturnas
«porque era un insomne»
, según relata Grammont. El recorte de papel no fue una renuncia a la complejidad, sino el desarrollo de
«un nuevo vocabulario iconográfico»
que permitió a su arte alcanzar dimensiones monumentales.
Por esta razón, la muestra se despliega en dos niveles del edificio, utilizando galerías amplias que reflejan la escala de los recortes que alguna vez decoraron su taller. La intención de la organización ha sido capturar la atmósfera personal del creador.
«Lo que quisimos recrear en la exposición es esta intimidad dentro del atelier,»
explicó la comisaria, concluyendo que el objetivo primordial es
«se trata de poder entrar en el estudio de Matisse y encontrarse cara a cara con las obras.»
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