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¿Cuál es la mejor hora para caminar? Lo que dicen los especialistas

En el transcurso de la última década, caminar se ha posicionado como una de las actividades físicas más sugeridas por los profesionales para fortalecer la salud integral del organismo. Debido a que es un ejercicio sencillo y de bajo impacto, su práctica es masiva; sin embargo, persiste una duda frecuente entre los usuarios: ¿hay un horario específico que maximice sus efectos positivos?

Diversos estudios señalan que cada momento del día aporta ventajas particulares al cuerpo humano. No obstante, la evidencia científica sugiere que el factor determinante no es necesariamente la hora marcada por el reloj, sino la regularidad y la incorporación del hábito en la dinámica cotidiana. Desde la optimización del descanso hasta el control metabólico, los beneficios se manifiestan en la mañana, tarde o noche, siempre que se mantenga la disciplina.

Las ventajas de iniciar el día caminando

Realizar caminatas durante las primeras horas de la mañana facilita la consolidación de un estilo de vida saludable. Los paseos matutinos permiten una exposición directa a la luz solar, un elemento crucial para la regulación del ritmo circadiano, lo cual repercute directamente en una mejor calidad del sueño por las noches.

De acuerdo con una investigación publicada en el Journal of Health Psychology, las personas que se ejercitan al comenzar el día reportan un descanso más reparador, independientemente de la luminosidad a la que se expongan el resto del tiempo.

Caminar por la mañana favorece el ritmo circadiano y la calidad del sueño gracias a la exposición a la luz solar (Imagen Ilustrativa Infobae)

Adicionalmente, esta práctica se asocia con una notable mejora en los niveles de presión arterial y una reducción de la resistencia a la insulina, factores de riesgo críticos para quienes padecen síndrome metabólico.

Sobre la posibilidad de caminar en ayunas, el doctor Michael Russo explica una de las motivaciones detrás de esta tendencia:

“hacer ejercicio en ayunas, cuando las reservas de glucógeno son mínimas, puede ayudarte a quemar más grasa”

. Sin embargo, el especialista aclara que este método no es apto para todo el público, ya que podría derivar en cuadros de fatiga o pérdida de tejido muscular si no existe un consumo adecuado de proteínas.

El impacto de caminar durante la tarde

Aquellos que prefieren la jornada vespertina suelen disponer de mayores niveles de energía acumulada tras las primeras comidas del día. Según la profesora Laura A. Richardson, este periodo garantiza una hidratación superior y condiciones físicas ideales para el rendimiento. Se ha observado que caminar tras la ingesta de alimentos es una herramienta poderosa para estimular la digestión y mantener bajo control los niveles de glucemia en la sangre.

Respecto a este punto, Richardson enfatiza:

“Caminar después de comer realmente ayuda a la digestión y a estabilizar el azúcar en sangre”

. Este fenómeno ocurre porque los músculos activos demandan glucosa para funcionar, optimizando el control del metabolismo. De hecho, publicaciones en la revista Sports Medicine sugieren que los paseos cortos poco después de comer son altamente efectivos.

Caminar por la tarde después de las comidas estimula la digestión y ayuda a estabilizar el azúcar en sangre, aspecto esencial para diabéticos (Imagen Ilustrativa Infobae)

Por otro lado, un análisis divulgado por Nature Communications revela que la actividad física moderada o intensa, como el senderismo o la marcha rápida, realizada entre el mediodía y el atardecer, podría disminuir significativamente el riesgo de mortalidad cardiovascular en comparación con el ejercicio realizado únicamente por la mañana.

Caminatas nocturnas y el descanso

Optar por caminar después de la cena no solo contribuye a una mejor digestión, sino que actúa como una barrera contra el consumo impulsivo de calorías antes de ir a la cama. Según los análisis de Richardson, elegir el movimiento en lugar del sedentarismo tras la última comida ayuda a mitigar antojos y favorece el control del peso corporal.

En lo que respecta al impacto en el sueño, la ciencia indica que los resultados varían según el perfil biológico de cada individuo. Un análisis liderado por Richardson detalla que tanto el ejercicio matinal como el nocturno intervienen en la producción de melatonina y los ciclos de descanso.

Para las personas con cronotipos nocturnos, cualquier hora es favorable; no obstante, para quienes madrugan de forma natural, la actividad física tardía podría generar un ligero retraso en la conciliación del sueño.

Las caminatas nocturnas facilitan la digestión después de cenar y ayudan a evitar los antojos alimenticios antes de dormir

Ante esto, la recomendación de la experta es sencilla:

“Si puedes dormir, no te preocupes”

. Se aconseja a los ciudadanos experimentar con diversos horarios hasta encontrar el que mejor se adapte a su ritmo biológico y necesidades personales.

En última instancia, el consenso médico destaca que caminar con constancia genera beneficios sustanciales sin importar la franja horaria. No obstante, Richardson advierte sobre una brecha en la investigación actual:

“La mayor parte de nuestra investigación se centra en los hombres”

, lo que resalta la urgencia de realizar más estudios enfocados específicamente en los efectos según el género.

En conclusión, el mejor momento para caminar es aquel que el individuo pueda sostener a largo plazo. La clave del éxito para la salud física y metabólica reside en la capacidad de integrar este ejercicio de forma estable y permanente en el día a día.

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