La expansión global de la Candida auris, un patógeno fúngico caracterizado por su elevada resistencia a los tratamientos convencionales, ha encendido las alarmas en la comunidad médica internacional. Esta preocupación se ha intensificado tras el reporte de brotes significativos en centros hospitalarios de Nueva York y Nueva Jersey, en Estados Unidos. Aunque los focos principales se ubican en el extranjero, la vigilancia epidemiológica local se mantiene activa para evaluar el impacto potencial en los sistemas sanitarios nacionales.
En el contexto peruano, el Instituto Nacional de Salud documentó el primer hallazgo oficial de este hongo en el año 2020. En aquella ocasión, se identificaron dos pacientes adultos en un centro de salud de alta complejidad situado en Lima. Ambos sujetos presentaban cuadros clínicos complejos con múltiples enfermedades preexistentes y periodos de hospitalización extendidos. Un dato alarmante fue que las cepas analizadas evidenciaron una clara resistencia al fluconazol, siguiendo la tendencia observada en otras naciones de Sudamérica. Ante este panorama, la comunidad científica ha calificado a este organismo como una “grave amenaza para la salud mundial”.

Naturaleza y desafíos de la Candida auris
Para comprender la magnitud de este problema, Carlos Saavedra, quien se desempeña como director de la Escuela Profesional de Medicina Humana en la Universidad Privada del Norte (UPN), precisó que este microorganismo es una levadura unicelular con una notable capacidad para colonizar tanto el cuerpo humano como las superficies en entornos clínicos.
El especialista aclaró que, si bien existen más de 200 especies dentro del género Candida, apenas entre 20 y 30 poseen relevancia en el ámbito de la medicina. La Candida auris sobresale entre ellas debido a su naturaleza emergente y su capacidad de generar brotes difíciles de controlar.
“El hábitat de la Candida es doble: puede vivir tanto en el ser humano (como microbiota normal) como en el ambiente”
Habitualmente, este hongo convive de forma inofensiva con otras bacterias del cuerpo. No obstante, adquiere un carácter patógeno bajo circunstancias específicas como la inmunosupresión, el consumo prolongado de antibióticos, la diabetes o el uso de dispositivos médicos invasivos. Según Saavedra, el mayor obstáculo no radica en su crecimiento en laboratorio, sino en su diagnóstico preciso.
“No requiere medios especiales para crecer, pero sí métodos avanzados de PCR para distinguirla de otras especies”
, acotó el experto.

Sintomatología y mecanismos de contagio
La presencia de este hongo suele sospecharse cuando un paciente presenta los siguientes cuadros:
- Fiebre persistente que no cede ante tratamientos comunes.
- Deterioro de la función respiratoria.
- Ausencia de respuesta favorable a la administración de antibióticos.
Estos síntomas son particularmente críticos en individuos que se encuentran en unidades de cuidados intensivos (UCI). Respecto a su propagación, esta se produce prioritariamente por el contacto directo entre personas o a través de superficies y equipos hospitalarios contaminados. Es importante destacar que no se transmite por vía aérea ni suele representar un peligro para personas sanas fuera de los hospitales.
Protocolos de prevención y grupos vulnerables
La lucha contra la Candida auris requiere de medidas estrictas para mitigar su avance. Los expertos recomiendan:
- Mantener una rigurosa higiene de manos en el personal médico y visitantes.
- Implementar el aislamiento preventivo de pacientes infectados o colonizados.
- Realizar una desinfección profunda de equipos y superficies con agentes químicos eficaces.
- Fomentar un uso racional de antifúngicos y antibióticos para frenar la aparición de cepas multirresistentes.
Los perfiles con mayor vulnerabilidad incluyen a personas con comorbilidades graves, pacientes inmunosuprimidos y aquellos que dependen de dispositivos médicos como catéteres venosos centrales, ventilación mecánica o sistemas de nutrición parenteral. La educación continua de los trabajadores de la salud es fundamental para identificar los factores de riesgo y aplicar los protocolos de bioseguridad de manera oportuna.
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