La cineasta Isis Ahumada, responsable de la dirección del documental “Mi No Lugar”, ha lanzado una fuerte crítica ante la situación de las comunidades trabajadoras en el campo. Según sus palabras,
“Existe una deuda histórica con las comunidades jornaleras, no pueden seguir diciendo que algún día llegará esa justicia”
, enfatizando que su obra no solo aborda la explotación infantil en entornos agrícolas, sino también las múltiples capas de violencia que sufren los menores en dichos contextos.
Esta producción cinematográfica funciona como un reclamo urgente hacia las autoridades estatales. El hilo conductor es la vida de Jonathan, un adolescente de 13 años que se traslada a la localidad de Quesería, situada al norte de Colima. Su intención inicial era seguir con su formación académica, integrándose a una familia dedicada a la zafra de la caña de azúcar. Durante poco más de una hora, la cinta explora la cotidianidad de un núcleo familiar migrante que se desplazó desde Guerrero con la esperanza de que su hijo mayor alcanzara un porvenir distinto; no obstante, la directora señala que “la realidad superó al cine”.
Jonathan: El símbolo de una infancia interrumpida por el trabajo
En declaraciones ofrecidas a medios internacionales, Isis Ahumada relató que se interesó en la trayectoria de Jonathan al notar el entusiasmo de sus hermanos por su llegada a Quesería. Con el tiempo, fue testigo de cómo los menores deben adaptarse a entornos ajenos que acaban convirtiéndose en sus “no lugares”. A pesar del deseo de superación, el joven se topó con barreras como la discriminación, la pobreza extrema que imposibilitaba la compra de útiles escolares y situaciones de salud que terminaron empujándolo hacia los cultivos de caña.
La cineasta, quien incluso fue docente de Jonathan en la etapa secundaria, detalló los obstáculos que enfrentaron:
“Fue en 2015 este seguimiento mucho más puntual de cuando él está en la escuela, (pero) tiene dificultades. Que si el uniforme, los zapatos, (en) toda esa primera parte nosotros sí manteníamos la idea de que podía seguir en la escuela, de que podía ser un caso de éxito, digamos. Buscábamos la forma de apoyarle, pero hubieron varios retos con Jonathan. Nos dábamos cuenta de que (su contexto) era un monstruo de mil cabezas, o sea, un día era el uniforme, pero otro día era que su papá estaba enfermo y entonces alguien tenía que ir a trabajar y entonces otro día alguno de sus hermanos se enfermaba y otro día en la escuela la pasaba mal y entonces no quería ir. También me daba cuenta que al final no era que Jonathan no quisiera ir por no querer, era realmente que él no la estaba pasando bien en la escuela”

Pese a sus esfuerzos por resistir la desigualdad con apenas 13 años, Jonathan se vio forzado a trabajar de forma intermitente en el corte de caña. El documental realiza un salto temporal hasta que el protagonista alcanza los 18 años, momento en el cual regresa a Quesería para establecerse de manera definitiva como trabajador del sector agrícola.
Vulnerabilidad ante el crimen organizado y la desigualdad
La directora sostiene que “Mi No Lugar” es un espejo de la realidad que atraviesan miles de niños en diversos estados de México donde se permite su inclusión en labores pesadas. Ahumada recalcó que esta explotación laboral es evidente para la sociedad, los empresarios y los tres niveles de gobierno. Tras 12 años de investigación y documentación, la realizadora lamenta que las condiciones no hayan mejorado, volviéndose incluso más complejas para las familias que intentan sobrevivir.

Un hallazgo alarmante durante la producción fue el vínculo entre la migración y la inseguridad. Muchos jóvenes provenientes de Guerrero confesaron que abandonaron sus hogares para escapar del reclutamiento forzado por parte del crimen organizado.
“Algo de lo que nosotros pudimos darnos cuenta con las historias que nos contaban (es que), sobre todo los jóvenes que venían de Guerrero, venían huyendo de este reclutamiento. O sea, si bien en Colima encuentran una cara también poco amigable con la explotación, en Guerrero no había manera de conseguir un empleo que saliera de este esquema, a veces del crimen organizado, incluso todo el tiempo estaban siendo acechados”
comentó la directora.
A esto se suma el incremento de la inseguridad en Colima, lo que expone aún más a los migrantes en condiciones precarias. Se reporta un aumento en el consumo de sustancias entre jóvenes trabajadores, quienes recurren a ellas para soportar el agotamiento de las jornadas extremas, quedando a merced de las redes criminales.
Estadísticas críticas sobre el trabajo infantil

Aunque la Constitución Mexicana y la Ley Federal del Trabajo prohíben estas prácticas, la realidad económica dictada por la pobreza obliga a millones de menores a trabajar. Según el INEGI, con datos cerrados a 2022, en México residían 28.4 millones de menores de entre 5 y 17 años, de los cuales 3.7 millones se encontraban ejerciendo algún tipo de trabajo infantil.
El desglose de estas cifras revela lo siguiente:
- El 60.2% de los menores trabajadores son hombres.
- El 39.8% corresponde a mujeres.
- El 33% de estos niños y niñas laboran específicamente en el sector agropecuario.
Distribución y salas de cine

Bajo la producción de Chulada Films, el documental se encuentra disponible en diversas salas de cine, incluyendo la Cineteca Nacional Xoco en la Ciudad de México. La información sobre funciones se actualiza a través de la cuenta de Instagram @minolugar.
Para concluir, Isis Ahumada hace un llamado a la empatía:
“Si se dan la oportunidad de conocer la historia, creo que van a poder conectar no solo con Jonathan, con su familia, sino entender que esto es algo que ocurre en muchos estados. Creo que este lado humano de solidaridad puede emerger y nos puede colocar en algo muy importante: que vivimos en un país muy grande donde hay tantas culturas, lenguas y realidades, que nos exige como ciudadanía ser más receptivos y entender que no todos migramos de un estado a otro bajo las mismas condiciones. Estas familias lo hacen bajo una condición de mucha desigualdad y de explotación laboral”
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