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¿Es posible perdonar una infidelidad? Análisis de psicólogos expertos

En un profundo debate sobre los límites de las relaciones afectivas, la psicóloga Belén Humenczuk (MN 59898) sostuvo con firmeza que

“no se vuelve a lo anterior después de una infidelidad”

. Por su parte, el especialista Mario Guerra (MN 72425) destacó que, si bien la sanación es un camino viable, la clave fundamental “no se trata de fingir demencia, sino de trabajar el compromiso”.

Acompañados por un panel integrado por Maru Duffard, Andrei Serbin Pont, Jimena Grandinetti, Fede Mayol y Facundo Kablan, los expertos desglosaron las múltiples dimensiones de la traición, desde el perdón hasta los complejos patrones de conducta que llevan a una persona a romper sus acuerdos de exclusividad.

La imposibilidad de retomar el pasado y el nuevo vínculo

La premisa de Belén Humenczuk es clara: la traición rompe una estructura que no puede restaurarse a su estado original. Según la profesional, el éxito de una pareja tras este suceso reside en entender que

“el estado anterior ya no es posible: se renueva el vínculo, pero con otros acuerdos”

.

En sintonía con esta visión, Mario Guerra aportó que estas crisis pueden transformarse en una “oportunidad de crecimiento a nivel individual y de pareja”. No obstante, fue tajante al señalar que, aunque se logre la reconstrucción,

“nunca se vuelve al punto de partida”

. El proceso de sanación exige aceptar que el impacto emocional no es cuantificable, ya que para algunos individuos, un lazo afectivo externo puede generar más daño que un encuentro netamente sexual.

Ante la recurrente consulta de los pacientes que anhelan recuperar la dinámica previa al conflicto, Humenczuk fue enfática:

“Eso es imposible. Si se reconstruye, es sobre nuevas bases”

.

Fronteras de la traición: lo físico, lo emocional y la virtualidad

Durante la conversación, se establecieron diferencias marcadas entre el contacto físico y la intimidad emocional. Humenczuk describió escenarios donde, sin existir contacto corporal, la traición es profunda:

“Hay infidelidades emocionales donde no hubo nada físico. Empezás a decirle a alguien cosas que no le decís a tu pareja, y esa conexión puede doler incluso más”

.

Para Mario Guerra, el primer paso es que cada pareja defina sus propios límites de fidelidad. El experto sugirió que la gravedad percibida varía según la frecuencia; un desliz aislado puede ser perdonado con mayor facilidad que una relación paralela sostenida en el tiempo. Sobre este punto, Maru Duffard expresó su postura personal:

“Para mí, el beso es infidelidad. Si te chapás a otra piba, es infidelidad. Si vas a hacerlo, hacelo completo, pero para mí es lo mismo desde el principio”

.

Las herramientas digitales han sumado nuevas capas de complejidad a estos conflictos. Los profesionales advirtieron que las aplicaciones y redes sociales permiten conexiones con personas geográficamente distantes que, aun sin contacto directo, son vividas como una ruptura de la confianza. Guerra recalcó que

“no hay un termómetro para el dolor. Hay casos en los que la conexión emocional con el amante duele más que la relación sexual. Cada persona lo vive de manera diferente”

.

Belén Humenczuk explica que la expectativa de regresar a la relación previa tras una infidelidad es imposible; la reconstrucción implica nuevas bases (Imagen Ilustrativa Infobae)

Motivaciones y diferencias estadísticas de género

Al indagar en las razones que impulsan la infidelidad, Belén Humenczuk explicó que, aunque cada caso es único, existen factores comunes como el aburrimiento, la rutina, la falta de atención o insatisfacciones de índole emocional y sexual.

“Motivos hay tantos como personas en el mundo, pero suelen repetirse”

, afirmó la psicóloga.

Mario Guerra aportó datos estadísticos sobre cómo operan los géneros en este ámbito. Indicó que en las mujeres la infidelidad suele estar ligada a la búsqueda de contención emocional. En contraste, en los hombres, las estadísticas reflejan que el acto no siempre está condicionado por la insatisfacción en la pareja, pudiendo ocurrir incluso cuando la relación principal es valorada positivamente.

No obstante, Humenczuk aclaró que la responsabilidad afectiva es vital y que ser infiel no implica necesariamente dejar de amar: “Muchas veces, quien fue infiel sigue amando a su pareja, pero buscó algo que en ese momento sentía que no tenía”. Por su lado, Guerra añadió que mientras los hombres suelen reclamar falta de sexo, en las mujeres predomina el vacío emocional, aunque ambos aspectos suelen estar intrínsecamente conectados.

El trabajo en terapia y la comunicación sincera son recomendados como herramientas fundamentales para reconstruir la confianza luego de una infidelidad (Imagen Ilustrativa Infobae)

La monogamia como construcción y el trabajo constante

Respecto a la durabilidad de la fidelidad, Humenczuk planteó que

“la monogamia es una construcción social”

, la cual tiene mayor o menor arraigo según el contexto. Sin embargo, aseguró que es posible mantenerla si existe una inversión constante de energía en la relación.

La revisión periódica de los pactos internos es, para ambos expertos, la herramienta de prevención más eficaz. Guerra concluyó que las crisis son inevitables, pero lo determinante es “qué hacés cuando las cosas se complican y cómo trabajás el vínculo cuando todo parece estar bien”.

Finalmente, los especialistas dejaron un mensaje de esperanza basado en la voluntad. Superar una traición es posible si existe compromiso, pero advirtieron que es un camino que requiere esfuerzo y afrontar conversaciones incómodas para fortalecer los cimientos del nuevo vínculo.

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