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Impacto del conflicto en Medio Oriente altera el mapa aéreo mundial

La inestabilidad en Oriente Medio ha vuelto a poner de manifiesto que esta zona geográfica no solo es fundamental para el abastecimiento energético global de gas y petróleo, sino que también actúa como un eje neurálgico para el tráfico de pasajeros a nivel internacional. Durante las últimas dos décadas, gigantes del sector como Emirates, Etihad y Qatar Airways han consolidado al Golfo como el puente principal para conectar Europa, Asia y África. No obstante, el reciente conflicto ha dejado a decenas de miles de viajeros en una situación de incertidumbre durante las últimas dos semanas. «Los esfuerzos por reanudar los servicios, aunque limitados, se han visto interrumpidos». Un ejemplo crítico ocurrió el pasado 16 de marzo, cuando la aerolínea Emirates se vio forzada a suspender operaciones y redirigir aeronaves tras un ataque ejecutado con drones en las inmediaciones del aeropuerto de Dubái. Los analistas sugieren que las secuelas en la aviación comercial podrían persistir mucho después del cese de las hostilidades.

El rol estratégico de la región en la aviación

La relevancia de Oriente Medio para el sector es indiscutible. Antes de que estallara la crisis, la IATA (Asociación Internacional de Transporte Aéreo) había proyectado que esta región generaría el 17% de los 41.000 millones de dólares en utilidades netas previstas para toda la industria en el año 2026. Actualmente, Emirates ostenta el título de la aerolínea internacional más grande y rentable del planeta. Tanto esta compañía como su aliada de trayectos cortos, FlyDubai, realizaron pedidos masivos de flota durante el Salón Aeronáutico de Dubái en noviembre pasado, una estrategia de expansión que también fue replicada por Etihad.

Sin embargo, este crecimiento ahora se encuentra bajo amenaza. La transformación de Dubái en un polo de negocios y turismo ha provocado que la mitad de los usuarios de Emirates tengan a esta ciudad como destino final.

«Los viajeros en conexión, que solo tienen que pasar unas horas en los aeropuertos del Golfo, podrían regresar una vez que termine la guerra, atraídos quizás por grandes descuentos»

, pero los expertos advierten que la reactivación del flujo turístico tradicional será un desafío considerablemente más complejo.

Desvíos de rutas y aumento de costos operativos

El impacto no se limita a las empresas locales. Aerolíneas de diversas partes del mundo han tenido que modificar sus planes de vuelo para evitar la zona de conflicto. Las compañías europeas que se dirigen hacia el sur de Asia ya enfrentaban restricciones al no poder usar el espacio aéreo ruso debido a la guerra en Ucrania desde 2022; por ello, transitar sobre Oriente Medio era la alternativa lógica. Ahora, verse obligados a rodear otro foco de combate implica trayectos más extensos y, por ende, un gasto mucho mayor de combustible.

A esto se suma el encarecimiento de los insumos energéticos. El costo del crudo se sitúa actualmente cerca de los 100 dólares por barril, una cifra superior a los 70 dólares registrados antes del inicio de los combates. La situación es crítica debido al incremento en el “diferencial de refinación”, que es la brecha de precio entre el crudo y el combustible procesado para aviones. James Noel-Beswick, especialista de la firma Sparta Commodities, destaca que esto se debe a que el 20% del combustible de aviación mundial transita por el Estrecho de Ormuz, un punto donde la navegación marítima está casi detenida. Como consecuencia, los precios para las aerolíneas se han duplicado, alcanzando un promedio de 190 dólares por barril.

Consecuencias económicas y operativas para las aerolíneas

La crisis golpea de forma desigual a la industria. En las aerolíneas de bajo coste, el combustible representa aproximadamente el 35% de sus gastos operativos, mientras que en las tradicionales ronda el 20%. Además, la capacidad de resistencia varía según el nivel de cobertura financiera de cada empresa. Compañías como Ryanair, Qantas y el grupo IAG poseen protecciones contra el alza de precios a corto plazo. Por el contrario, las operadoras estadounidenses suelen carecer de estos seguros por considerarlos costosos, con la excepción de Delta Air Lines, que cuenta con su propia refinería.

«Si los precios del combustible se mantienen altos durante todo el año, podría costarles decenas de miles de millones de dólares»

, según proyecciones de Deutsche Bank. Ante este escenario, algunas empresas ya reducen su operatividad, como Air New Zealand, que tiene prevista la cancelación de unos 1.100 vuelos hasta mayo.

Nuevas oportunidades en un mercado convulso

Este vacío operativo ha generado una oportunidad para otros competidores. Debido a la suspensión de vuelos y las dificultades de las aerolíneas del Golfo, los precios de los boletos han experimentado un alza significativa. British Airways (parte de IAG) ya ha reforzado sus frecuencias hacia destinos como Bangkok y Singapur. Por su parte, la aerolínea alemana Lufthansa reportó un crecimiento del 60% en las reservas hacia el continente asiático durante el mes de marzo. Aunque el encarecimiento de la energía podría ralentizar la economía y afectar la demanda a corto plazo, históricamente el sector tiende a recuperarse rápido tras las crisis. «Mientras tanto, los rivales de las aerolíneas del Golfo aprovecharán la oportunidad para recuperar a algunos de sus clientes».

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