Los gobiernos de Samoa y Tonga han emitido un llamado urgente por asistencia internacional ante la inminente amenaza de una escasez de combustible y el alza descontrolada en los costos energéticos. Esta situación es consecuencia directa de la inestabilidad en Medio Oriente, que ha empujado el precio del petróleo a niveles cercanos a los 110 dólares por barril tras los recientes ataques contra infraestructuras estratégicas en Irán y diversas naciones del Golfo.
La fragilidad de los mercados globales de energía ha golpeado con fuerza a las islas del Pacífico Sur, regiones que presentan una dependencia crítica de las importaciones. En el caso de Samoa, aproximadamente dos tercios de su generación de electricidad se sustentan en el diésel traído del extranjero, un factor que deja a la nación expuesta a cortes de suministro y a una inflación energética severa.
Coordinación regional ante la incertidumbre
Luego de mantener un diálogo con el primer ministro de Nueva Zelanda, Christopher Luxon, el jefe de gobierno de Samoa, La’aulialemalietoa Leuatea Schmidt, subrayó la urgencia de contar con mecanismos de respaldo para enfrentar una posible crisis.
“No sabemos qué va a pasar después”
, manifestó con preocupación. El mandatario detalló que, aunque su país se abastece principalmente desde Singapur y otros mercados, es vital obtener apoyo externo: solicitó ayuda para
“cubrirnos en caso de que ocurra algo”
.
En Tonga, el panorama es similar, ya que el 80% de su matriz energética depende totalmente del diésel importado. Ante este escenario, las autoridades han activado protocolos de preparación. El primer ministro de la isla, Lord Fakafanua, confirmó que existe una coordinación constante con los gobiernos de Australia y Nueva Zelanda para anticiparse a situaciones adversas. Según explicó, ambas potencias regionales están
“compartiendo inteligencia”
técnica para optimizar la planificación frente a eventuales faltantes de hidrocarburos.

El encarecimiento sostenido del petróleo añade una presión financiera extra a economías que están fuertemente vinculadas al turismo. Para Samoa, esta industria representa el 25% de su Producto Interno Bruto (PIB), mientras que en Tonga el impacto alcanza el 11%. El alza en los costos operativos de las aerolíneas podría derivar en una disminución de la conectividad aérea o en el incremento de los precios de los boletos para los visitantes internacionales.
Impacto en la seguridad alimentaria
Otro sector vulnerable es la pesca, actividad fundamental para el sustento y la alimentación en ambas naciones insulares. Las comunidades locales requieren acceso constante a combustible para la movilización de sus embarcaciones; una falta de suministro limitaría drásticamente la capacidad de los pobladores para garantizar su propia seguridad alimentaria y sus medios de vida diarios.
Cabe destacar que Tonga ya atravesó una situación crítica de suministro durante el año pasado, provocada por retrasos en mantenimientos técnicos, deficiencias en el almacenamiento y complicaciones logísticas con un buque de carga. Aquel suceso, que dejó al país al límite de sus reservas, ha incrementado el nerviosismo actual ante la nueva inestabilidad internacional.
En medio de este clima, el primer ministro tongano ha solicitado calma a sus ciudadanos, reconociendo que factores externos rigen la situación actual.
“Las restricciones están fuera de nuestro control”
, puntualizó. No obstante, resaltó que el ejecutivo no se mantiene de brazos cruzados:
“Lo que podemos hacer es prepararnos lo mejor posible, y parte de eso es compartir información con nuestros socios como Australia y Nueva Zelanda”
.

Lord Fakafanua insistió en que su prioridad absoluta es la continuidad del servicio energético interno.
“Mi preocupación es asegurar que tengamos suficiente energía para el país”
, declaró, añadiendo que, a pesar de los riesgos,
“por ahora parece que estamos bien”
. A pesar de este relativo optimismo, remarcó que seguirán monitoreando el conflicto y su efecto en los precios internacionales.
Para concluir, el líder de Tonga manifestó su deseo de que la crisis en Medio Oriente se resuelva por la vía del diálogo.
“No promovemos la violencia. Nuestra política exterior sigue siendo amiga de todos, enemiga de nadie”
, sentenció. El futuro de estas naciones insulares dependerá de la volatilidad del mercado, dado que su dependencia de los combustibles importados las posiciona entre las economías más expuestas del mundo.
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