Una pieza invaluable de la historia del rock británico ha salido al mercado inmobiliario. Se trata de la antigua residencia de David Gilmour, el legendario guitarrista de Pink Floyd. La propiedad, situada en la localidad de Woodley, Essex, en el Reino Unido, ofrece una inmersión total en la estética de los años setenta, década en la que la banda alcanzó su máximo esplendor global. Este inmueble está valorado en 1,27 millones de euros y se presenta como una oportunidad excepcional para coleccionistas o amantes del diseño retro.
La propiedad no es solo una vivienda, sino una extensión del legado creativo de Gilmour. Con una extensión de casi dos hectáreas de terreno, el hogar cuenta con cinco dormitorios y se ubica en un entorno semirrural privilegiado. La estructura mantiene elementos arquitectónicos originales como vigas oscuras expuestas, ventanas emplomadas y robustas chimeneas de ladrillo que evocan el ambiente de épocas pasadas. En su interior, la decoración se mantiene fiel a su origen, con paredes revestidas de papel pintado de virutas de madera y cortinas de motivos florales.
El vínculo personal del músico con la casa es profundo. David Gilmour adquirió la finca en el año 1970, poco antes de iniciar su relación con su primera esposa, Ginger Gilmour. La pareja habitó la residencia hasta 1980. Durante ese tiempo, el guitarrista no solo disfrutó del espacio, sino que supervisó personalmente varias reformas significativas. Entre las adiciones más destacadas se encuentran una sala de música y un estudio de grabación profesional, además de una piscina personalizada que fue excavada por orden del artista, aunque hoy se encuentre en desuso.
Una cápsula del tiempo del rock británico
Visitar la vivienda hoy en día es como retroceder cincuenta años en el tiempo. La estética interior ha permanecido prácticamente inalterada durante cinco décadas. Los futuros dueños encontrarán baños en color aguacate, alfombras con intensos patrones florales y mobiliario que refleja la libertad creativa y el estilo de vida de las estrellas de rock de aquel entonces.
Además de la casa principal y sus dormitorios, el predio incluye varias dependencias adicionales. Aunque algunas de estas estructuras se encuentran actualmente en ruinas, ofrecen un gran potencial para ser restauradas como espacios habitables modernos o talleres artísticos. El entorno natural asegura privacidad y silencio, factores que Gilmour valoraba para su proceso creativo, estando a una distancia razonable de centros urbanos como Roydon, Harlow y Epping, lo que facilita la movilidad hacia Londres.
Potencial de restauración y legado cultural
Uno de los puntos que más curiosidad despierta es la piscina exterior. Aunque actualmente se encuentra en estado de abandono y cubierta por algas, todavía conserva su trampolín original, siendo un recordatorio nostálgico de los veranos de la familia Gilmour. Esta característica subraya el valor de la propiedad como un proyecto de restauración que puede unir la modernidad con el patrimonio cultural británico.

Tras la mudanza de los Gilmour a principios de la década de los ochenta, la casa permaneció bajo la misma propiedad hasta el reciente fallecimiento de sus dueños. Esta continuidad es la razón por la cual la estructura y la decoración se han preservado con tanta fidelidad. La sólida base de la construcción y sus amplios terrenos permiten desde el desarrollo de jardines extensos hasta la implementación de pequeños proyectos de agricultura privada.
La ubicación estratégica permite una conexión fluida para quienes prefieren vivir en un entorno rural sin alejarse de la actividad profesional. Con sus amplios espacios y su atmósfera cargada de historia, esta residencia sigue siendo un lugar idóneo para el desarrollo de actividades artísticas, manteniendo vivo el espíritu que David Gilmour imprimió en cada rincón durante su estancia de diez años en el lugar.
Fuente: Fuente