Es un escenario habitual en diversas esferas sociales: un colega que sostiene argumentos con una firmeza absoluta sobre temas que apenas comprende, o un pariente que dicta cátedra sobre medicina, economía o política tras visualizar un par de clips en redes sociales. Estas situaciones, presentes en oficinas, aulas y reuniones familiares, no son simples rasgos de personalidad, sino que responden a un patrón psicológico profundamente estudiado.
Este fenómeno explica por qué ciertos individuos exhiben una seguridad desproporcionada en comparación con sus capacidades reales. La divulgadora experta en antropología y evolución, Candela Antón (conocida en plataformas digitales como @candeliousfang), aborda esta problemática analizando el llamado efecto Dunning-Kruger. Según Antón:
“¿Por qué la gente que menos sabe es la que habla con más seguridad? Vamos a hablar del sesgo cognitivo que explica por qué tu cuñado es un experto en virología después de haber mirado tres vídeos en YouTube”
.
La paradoja de la autoevaluación
La esencia de este sesgo radica en la incapacidad de reconocer las propias limitaciones.
“Los incompetentes en un dominio carecen precisamente de la competencia necesaria para reconocer su propia incompetencia”
, afirma la especialista. Esto sugiere que quienes poseen menos preparación en una materia no solo incurren en errores con mayor frecuencia, sino que carecen de las herramientas intelectuales para identificar dichos fallos. En definitiva, no son conscientes de su propia falta de conocimiento.

Antón recuerda el estudio fundacional que dio origen a esta teoría. Durante el experimento, los participantes que se encontraban en el percentil más bajo de desempeño en áreas como la lógica, la gramática y el sentido del humor se calificaron a sí mismos de forma muy superior a la real. La evidencia demostró que cuanto menor era el conocimiento, más se sobreestimaba la habilidad personal, revelando una desconexión sistemática entre la realidad y la percepción.
Metacognición y complejidad
La clave de este proceso psicológico se encuentra en la metacognición, que es la facultad de reflexionar sobre lo que uno sabe. Al respecto, la divulgadora señala:
“La metacognición, saber lo que uno sabe y lo que uno no sabe, requiere las mismas habilidades que la tarea misma”
. Esto implica que, para admitir la ignorancia en un tema, se requiere alcanzar previamente un nivel de comprensión que permita ver la magnitud de lo que se desconoce.
El problema se intensifica bajo ciertas condiciones específicas. Antón menciona que investigadores como Erlinger han determinado que este efecto es más agudo cuando el tema es complejo y existe una motivación ideológica detrás. La combinación de estos factores es descrita por la experta como “letal”.
De esta manera, individuos con nociones sumamente superficiales en áreas críticas como la inmunología, la climatología o la economía, pueden mostrar una confianza mayor que los expertos que llevan décadas investigando. Mientras que el especialista entiende la profundidad del problema, la persona con sesgo opta por la simplificación.
Un sesgo universal
No obstante, nadie está exento de caer en este error de juicio.
“El punto crítico es que todos, absolutamente todos, somos Dunning-Kruger en algo”
, advierte Antón. Se puede ser una eminencia en una profesión específica, pero un “desastre absoluto” en áreas como la nutrición, las finanzas personales o la gestión de relaciones interpersonales, sin siquiera notarlo.
Finalmente, el efecto tiene un impacto inverso en los conocedores.
“Los verdaderos expertos tienden a subestimar su conocimiento sobre la materia porque son conscientes de todo lo que desconocen”
. Mientras que la experiencia y el estudio profundo suelen derivar en una postura de humildad y cautela, la falta de información tiende a generar certezas infundadas. Como resume la divulgadora, “el conocimiento real genera humildad y la ignorancia genera certeza”.
Fuente: Fuente