Ver el letrero “Edificio El Fórum” de color blanco y con rejas negras de fondo provoca un contraste que transmite historia pura, más aún cuando se alza la mirada para contemplar lo majestuoso de su estructura, que no pareciera que lleva levantada por 45 años.
Frente a su fachada han caminado miles de personas, justo en la calle Vélez, entre Pedro Moncayo y 6 de Marzo, al frente del parque Centenario, ya sea por trabajo, trámites, porque viven ahí o simple curiosidad.
Sus paredes y demás detalles fueron diseñados por el ingeniero Miguel Salem Dibo. La construcción se inició en 1975 y finalizó en 1981. Esto es “maravilloso”, asegura Manuel Chele, presidente del Comité Ejecutivo de El Fórum, quien ha sido testigo de su transformación.
Resistencia por décadas
A pesar de los años, el edificio destaca por su robustez. Construido con ladrillo quemado, un material altamente resistente, El Fórum ha demostrado ser un búnker contra los desastres naturales, cuenta Chele.
“Desde el terremoto de 2016 no ha tenido ninguna viga partida, ni fisuras ni agrietamientos”, afirma Chele con orgullo sobre la integridad física de la estructura.
Cuando se han registrado otros movimientos telúricos, la edificación se mece ligeramente como una hamaca, al menos es lo que han experimentado Chele y un guardia de seguridad que lleva 30 años trabajando para el edificio.
Movimiento más controlado
Cuenta con 432 oficinas, de las cuales el 70 % de ellas están ocupadas como estudios jurídicos, talleres de costuras, emisoras de radio y habitaciones. Las demás son espacios que faltan por arrendar o que han sido abandonados por empresas.
Hace varios años, el ingreso a este edificio no tenía un control. Las personas entraban, esperaban el ascensor y hacían sus trámites. De hecho, se formaban filas, la mayoría iba a los estudios jurídicos
Las baldosas del ingreso o ciertos pisos, al subir por las escaleras, tenían mal olor y estaban manchadas. Esa impresión ha cambiado. Los pisos están limpios, no hay basura acumulada en escalones ni al salir del elevador. La iluminación de los pasillos sí funciona.
Además, entrar al edificio ya es distinto. Los inquilinos tienen un dispositivo (dentro de este hay un chip) para activar los dos ascensores con un nuevo panel: uno va a los pisos pares y el otro (montacargas) incluye los pares y los impares. Chele está gestionando la instalación de un tercer ascensor.
El movimiento, ya controlado por un guardia y vigilado por cámaras de seguridad, se inicia a las 05:30 y suele finalizar a las 20:00. La hora pico es a las 10:00 con el flujo de abogados.
Otro detalle interesante es la reconversión de los espacios: muchos propietarios han transformado sus oficinas en suites modernas para vivienda, las cuales se alquilan por aproximadamente $ 220.
“El Fórum no va a morir; es un edificio emblemático que genera empleo y activa negocios”, dice con firmeza el directivo, decidido a que este ícono siga siendo un orgullo para Guayaquil.
¿Por qué al edificio se lo relaciona con lo paranormal?
En TikTok han difundido historias sobre supuestas apariciones paranormales en el edificio. Sin embargo, Chele, quien conoce este lugar desde hace 30 años y vive en él desde hace doce, desmiente categóricamente estos rumores.
“Le aseguro que no asustan. El ‘aire frío’ que dicen sentir bajo las puertas es porque el aire entra por las ventanas de norte a sur con mucha fuerza”, explica, señalando que los ruidos suelen ser malinterpretados por la arquitectura del lugar.
Si bien reconoce que en el pasado hubo incidentes trágicos de personas que se lanzaron desde la terraza, en el piso 28, destaca que hoy la seguridad es una prioridad.
Justamente, la terraza es un espacio que quedó a media construcción. Hay un baño, otro que parece habitación y el cuadrante está a la altura del pecho. El viento es fuerte y por un momento da la sensación de que el edificio se mece.
Ese piso es de una empresa privada que está intentando venderlo. Mientras esto pasa, Chele sube de vez en cuando para admirar la ciudad. Desde esa altura se puede apreciar el centro, el sur y el norte de Guayaquil.
A la par se ven el edificio Induauto (23 pisos), La Previsora (35 pisos), los árboles frondosos del parque Centenario y los muy pequeños del cerro Santa Ana. Es una vista que en la noche se transforma en un Guayaquil que brilla con luz propia. (I)
Fuente: El Universo