La comunidad de inversionistas a nivel global podría estar ignorando la magnitud real de las repercusiones económicas que una guerra con Irán podría provocar. Así lo manifestó Antonio Gabriel, economista global de Bank of America Securities, quien señaló una desconexión entre la confianza del mercado y la realidad del conflicto.
“Si bien una resolución rápida del conflicto es ciertamente una posibilidad, consideramos igualmente probable que se prolongue hasta el segundo trimestre, y no se puede descartar una guerra más prolongada”
Según el análisis de Gabriel, los actores financieros parecen estar procesando este choque como un evento meramente pasajero. Un indicador de esta calma relativa es el comportamiento del índice S&P 500, el cual ha experimentado un retroceso de apenas el 4% respecto a su máximo histórico. A pesar de que existe una preocupación latente por la inflación y el ajuste en las expectativas sobre los recortes de tasas por parte de la Reserva Federal, el apetito por el riesgo se mantuvo presente el pasado lunes, con el índice de referencia subiendo cerca de un 1% tras una baja en los costos del crudo.

El especialista enfatizó que la atención actual está volcada casi exclusivamente en las presiones inflacionarias, dejando de lado escenarios que podrían golpear directamente el crecimiento global.
“En nuestra opinión, los mercados se centran principalmente en la inflación, mientras que escenarios más disruptivos para el crecimiento global podrían estar subestimados”
Visiones divididas en las firmas de inversión
Mientras la incertidumbre sobre el desenlace bélico persiste, otras entidades financieras mantienen posturas diversas. Analistas de Goldman Sachs Group y Morgan Stanley conservan una visión optimista fundamentada en la solidez de las ganancias corporativas y valoraciones que no consideran excesivas. No obstante, voces como la de Stephen Parker, codirector de estrategia global de inversión en JPMorgan Private Bank, coinciden en que existe un grado de complacencia frente a la evolución de la guerra.
Por su parte, desde RBC Capital Markets, la estratega jefe de materias primas, Helima Croft, ha ajustado al alza sus previsiones sobre cuánto tiempo durarán las hostilidades y su efecto directo en el mercado energético.
“La ampliación de los objetivos bélicos de Estados Unidos, así como las capacidades asimétricas de Irán y su deseo de restaurar la disuasión, podrían prolongar el conflicto hasta bien entrada la primavera”
Proyecciones críticas para el precio del crudo
La duración del conflicto será determinante para la estabilidad de los precios del petróleo. Según las estimaciones de Croft, se manejan los siguientes escenarios críticos:
- Si el conflicto persiste por tres o cuatro semanas más sin mejoras en la seguridad de las rutas marítimas, el crudo podría superar el récord de la guerra entre Rusia y Ucrania de USD 128 por barril.
- Si la situación se extiende por varios meses, el precio podría rebasar el máximo histórico de 2008 de USD 146 por barril.
En la jornada del lunes, el crudo West Texas Intermediate (WTI) se situó cerca de los 93 dólares. Simultáneamente, se registró una recuperación en los bonos del Tesoro estadounidense, impulsada por una leve mejora en el apetito por el riesgo de los inversores. No obstante, las presiones siguen presentes, pues los futuros del crudo en Estados Unidos han registrado un incremento superior al 40% desde inicios de marzo, marcando su ritmo de avance más acelerado desde mayo de 2020.
Finalmente, el entorno político añade presión a los mercados. El presidente Donald Trump ha instado a la creación de una alianza internacional para garantizar la apertura del estrecho de Ormuz, un punto neurálgico para el comercio global, al tiempo que lanzó advertencias sobre el futuro de la OTAN si sus aliados no respaldan las acciones de Washington en la región.
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