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EE. UU. exige la renuncia de Miguel Díaz-Canel para negociar con Cuba

En el marco de las complejas negociaciones diplomáticas entre Washington y La Habana, la administración de Donald Trump ha planteado una condición innegociable: la dimisión del presidente cubano, Miguel Díaz-Canel. Fuentes cercanas a estas conversaciones han revelado que este movimiento es visto como un paso esencial para lograr cualquier progreso significativo en el deshielo de las relaciones bilaterales.

El objetivo principal de los estrategas estadounidenses es desplazar a Díaz-Canel, de 65 años, quien ha liderado el país desde 2018. Aunque su salida representaría un cambio de liderazgo visible, la propuesta no contempla, por el momento, un desmantelamiento total del sistema comunista que ha regido la isla por más de 65 años. Según los informes, los representantes norteamericanos han indicado que el mandatario debe marcharse, dejando en manos de la cúpula cubana los mecanismos para ejecutar esta transición interna.

Estrategia política y control económico

Para ciertos sectores del gobierno de Trump, la remoción del actual jefe de Estado facilitaría reformas económicas de carácter estructural que el mandatario actual, considerado un seguidor de la línea dura, difícilmente apoyaría. Además, este movimiento le otorgaría a la Casa Blanca una victoria simbólica de gran impacto ante la opinión pública estadounidense, permitiéndole proyectar el derrocamiento de un líder de izquierda que históricamente se ha opuesto a los intereses de Estados Unidos.

Curiosamente, la presión de Washington no se dirige actualmente contra los integrantes de la familia Castro, quienes mantienen su estatus como los principales gestores del poder en la nación caribeña. Esta postura es coherente con la visión de política exterior de Trump, que prioriza forzar la cooperación y el cumplimiento de acuerdos por parte del régimen en lugar de buscar un cambio de sistema total e inmediato.

Además de la renuncia del mandatario, los negociadores de Estados Unidos exigen otros puntos clave:

  • La jubilación de funcionarios de edad avanzada leales a las ideas de Fidel Castro.
  • La liberación inmediata de presos políticos.
  • La apertura gradual de la economía a la inversión privada y empresas norteamericanas, sentando las bases para una posible relación de estado cliente.

El panorama de crisis y el poder real en la isla

El panorama en Cuba es crítico. La gestión de Díaz-Canel ha estado marcada por la mayor crisis migratoria en la historia reciente y el colapso de los servicios básicos. En julio de 2021, el país enfrentó las protestas más grandes en décadas, ante las cuales el presidente respondió con una fuerte represión, ordenando a sus seguidores el combate y ejecutando detenciones masivas y sentencias de prisión.

A pesar de ostentar el título de presidente y primer secretario del Partido Comunista, diversos expertos coinciden en que Díaz-Canel carece de un control real sobre los pilares económicos del país. El verdadero poder reside en GAESA, el conglomerado empresarial gestionado por los militares, y en la figura de Raúl Castro, de 94 años, quien sigue siendo el máximo referente político.

En la mesa de negociación ha destacado la presencia de Raúl Guillermo Rodríguez Castro, conocido como Raulito y nieto de Raúl Castro. Se especula que él podría ser quien tome las riendas del gobierno desde las sombras tras la partida de Díaz-Canel, mientras que una figura civil externa a la familia, como el viceprimer ministro Oscar Pérez-Oliva Fraga, ocuparía el cargo de manera oficial.

Bloqueo energético y respuestas de los mandatarios

La presión económica se ha intensificado con la paralización de las importaciones de crudo. En una reciente comparecencia, Díaz-Canel reconoció que la isla lleva tres meses sin recibir petróleo, atribuyendo el colapso del sistema eléctrico nacional al bloqueo impuesto por Washington.

«La culpa no es del gobierno, no es de la revolución, no es de nuestro sistema eléctrico nacional. La culpa es del bloqueo energético que nos han impuesto», declaró el mandatario el pasado viernes.

Por su parte, Donald Trump ha mantenido una postura firme. El pasado lunes, al ser consultado sobre el futuro de la isla, afirmó:

«Creo que tendré el honor de tomar Cuba. Creo que puedo hacer lo que quiera con ella».

Aunque no especificó si se trataría de un movimiento militar o diplomático, se estima que el gobierno estadounidense busca repetir el modelo aplicado en Venezuela, donde la intervención permitió tomar el control de la industria petrolera y cortar los suministros hacia La Habana.

Perspectivas de analistas

Para Ricardo Zúniga, exfuncionario del Consejo de Seguridad Nacional, el sacrificio de Díaz-Canel es una salida lógica ante el deterioro del país.

«El capitán se hunde con el barco, y este barco se está hundiendo», afirmó Zúniga.

No obstante, voces como la de la socióloga exiliada Marlene Azor Hernández advierten que la salida del presidente no es suficiente si no se desmantela toda la estructura del Partido Comunista y el control militar sobre la economía.

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