En un reciente diálogo periodístico, la comunicadora Brenda Caretto expuso los pormenores y las conclusiones de un desafío personal: un periodo de 30 días de desintoxicación digital. El objetivo central fue cuantificar cómo el uso desmedido de plataformas sociales afecta directamente procesos fundamentales como la capacidad de atención, la retención de memoria y la salud emocional de los usuarios.
Durante la charla, en la que participaron profesionales como Manu Jove, Maia Jastreblansky, Paula Guardia Bourdin y Rosendo Grobo, Caretto relató su transición de creadora de contenido a paciente bajo observación científica. El experimento contó con el respaldo y seguimiento del Instituto de Neurología de Buenos Aires, lo que permitió dotar de evidencia clínica a sus vivencias personales.
La pérdida de control y el inicio del proceso
La periodista fue enfática al describir el punto de quiebre que la motivó a alejarse de las pantallas.
“Empecé a notar que perdía el control. Me iba a dormir decidido a dejar el celular, pero volvía a buscarlo y me quedaba scrolleando en el living”
, confesó. Según su testimonio, la necesidad de estar conectada no respondía únicamente a compromisos laborales, sino a una sensación de insatisfacción constante. “Ya no me sentía cómoda, me sentía en un loop”, añadió sobre esa conducta compulsiva.
Para llevar a cabo el detox, Caretto eliminó de su dispositivo aplicaciones como Instagram y TikTok durante un mes completo. Previo a esto, se sometió a rigurosas evaluaciones neurocognitivas que arrojaron resultados alarmantes sobre su estado inicial.
“Me hice un estudio con una neuropsicóloga antes y después del detox. Nunca me frustré tanto en un test. No me acordaba de nada”
, admitió al recordar su desempeño en la primera fase de las pruebas.
Recuperación cognitiva y beneficios emocionales
Tras concluir las cuatro semanas de desconexión, los nuevos exámenes médicos revelaron un cambio drástico y positivo en su salud mental. Caretto detalló que:
“Hubo mejoras generales en la memoria episódica y visual, en la atención, en las funciones ejecutivas, lenguaje, más estabilidad cognitiva, menos intrusiones en memoria y mejor de ánimo”
. Los especialistas del área psicológica destacaron especialmente una regulación más eficiente de las emociones y un descenso significativo en los niveles de ansiedad, algo que ella describió como la sensación de quitarse una carga pesada de encima.
El peligro de los algoritmos adictivos
La periodista advirtió que el uso intensivo de smartphones ya no debe verse solo como una obsesión, sino como una conducta compulsiva. En su investigación, citó datos científicos que sostienen que utilizar el teléfono cuatro horas al día puede mermar la capacidad cognitiva en un 35%. Además, resaltó un dato esperanzador:
“Hay trabajos que muestran que si dejás el celular dos semanas, podés recuperar el equivalente a 10 años de deterioro cognitivo”
.
En el transcurso del análisis, Paula Guardia Bourdin mencionó la denominada teoría de la mente extendida, sugiriendo que los dispositivos actúan como una memoria externa. Ante esto, Caretto aclaró que el conflicto no reside en herramientas útiles como calendarios digitales, sino en la arquitectura de las redes sociales, las cuales están estratégicamente diseñadas para monopolizar la atención del usuario a través de mecanismos como el autoplay y el scroll infinito.

Una nueva percepción del tiempo y la productividad
Al evaluar su vida cotidiana sin la influencia de las notificaciones constantes, la invitada notó una transformación en cómo percibía el transcurso de las horas.
“Los días eran larguísimos, sentía que duraban 28 horas. Hice deporte, desarrolle un documental, avancé con cosas pendientes y mejoró mi ánimo”
, relató. Este cambio evidenció que la hiperconectividad fomenta la dispersión y dificulta mantener la concentración en tareas únicas, desmitificando la efectividad del multitasking.
Finalmente, aunque se reconoció el valor de estas plataformas para la democratización de la información y el empleo, Caretto hizo un llamado a la autorregulación consciente.
“No se trata de demonizarlas, pero hay que tomar conciencia de hasta qué punto moldean nuestra identidad y nuestro bienestar”
, sentenció para concluir su intervención.
Fuente: Fuente