La monarquía británica atraviesa uno de sus periodos más convulsos en la historia reciente. Tras las severas polémicas que involucran al expríncipe Andrés de Windsor con la red de Jeffrey Epstein, sumadas a las informaciones sobre su exesposa, Sarah Ferguson, la presión institucional ha recaído directamente sobre sus hijas. Las princesas Eugenia y Beatriz de York se encuentran actualmente asumiendo las repercusiones de los actos de sus padres, lo que ha derivado en un aislamiento progresivo dentro de la corona.
La situación de vulnerabilidad para ambas hermanas se agudizó en las últimas semanas. A finales de enero, la partida de sus progenitores del Royal Lodge de Windsor se convirtió en un hito de tensión interna. Este hecho no solo evidenció la fractura familiar, sino que alimentó las dudas sobre la permanencia de Eugenia y Beatriz en la estructura real, contemplando incluso la drástica posibilidad de que sean despojadas de sus títulos nobiliarios.
El distanciamiento se hizo aún más evidente con una decisión reciente de la corona. Según trascendió, el Palacio de Buckingham decidió no incluir a las princesas en la lista de invitados para el Royal Ascot. Al ser el evento hípico de mayor prestigio y una cita social ineludible en el Reino Unido, la exclusión deliberada de las hermanas causó una profunda sorpresa y malestar en su círculo más íntimo.
Un distanciamiento institucional prolongado
Diversas fuentes cercanas a la familia real han revelado el estado de desprotección que sienten las jóvenes aristócratas. De acuerdo con estos testimonios, Eugenia y Beatriz
“se sienten abandonadas. No reciben apoyo del Palacio de Buckingham y, sin duda, les preocupa perder sus títulos y privilegios debido al comportamiento de sus padres”
. Estas declaraciones subrayan la atmósfera de inseguridad que rodea el presente de las York.

En este escenario, la actitud del soberano Carlos III parece haber experimentado una transformación notable hacia la rigidez. Versiones de allegados indican que la postura del monarca responde a una necesidad de salvaguardar la imagen de la institución real. Al respecto, se ha mencionado que
“el ambiente ha cambiado por completo. El rey se ha puesto nervioso (…) Esto es muy doloroso para las hermanas York, ya que creían que su posición en la monarquía estaba asegurada mientras Carlos fuera rey”
.
Pese a la gravedad del panorama, las princesas todavía conservan sus lugares de residencia dentro del patrimonio de la corona. Beatriz sigue establecida en el Palacio de St. James, mientras que Eugenia reside en Ivy Cottage, dentro del Palacio de Kensington, gracias a convenios previos con la familia real. Sin embargo, su participación en la vida pública podría estar sufriendo un recorte sistemático que va más allá de un solo evento.
La decisión de apartar a Eugenia y Beatriz de York del Royal Ascot sería apenas el primer paso de una estrategia de restricciones más severas. Se ha reportado que ambas princesas han sido excluidas de los compromisos oficiales de manera indefinida. La institución monárquica se encuentra en un proceso de análisis profundo sobre cualquier posible vínculo financiero o mención en los documentos del caso Epstein. Mientras se desarrolla esta evaluación, la posición de las hermanas York en la realeza británica es más frágil que nunca.
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