La presencia de talento argentino en los grandes escenarios globales es una constante, y el ámbito cinematográfico no es la excepción. Santiago Fillol, nacido en Córdoba en 1977, se encuentra actualmente bajo el foco de la prensa internacional. Aunque su acento denota sus años en Europa, Fillol es una pieza fundamental como coguionista de Sirat, la producción española que compite como Mejor Película Extranjera en los Premios Oscar, bajo la dirección de Oliver Laxe.
Formado en Letras, Ciencias de la Comunicación y dirección de cine, este profesional se radicó en Barcelona en el año 2000 tras obtener una beca de la Universidad Pompeu Fabra. Desde esa plataforma, se ha erigido como un referente del cine contemporáneo español. En una reciente charla desde Los Ángeles, Fillol profundizó sobre los orígenes de su pasión, su vínculo con la industria argentina y el camino que llevó a Sirat —un relato sobre un padre y un hijo en busca de una joven desaparecida en Marruecos— hasta la Academia.
La reconstrucción de historias desde la infancia
Al ser consultado sobre su vínculo temprano con el séptimo arte, el guionista recuerda la influencia de su madre abogada, quien lo llevaba a los cines Gran Rex o Colón tras sus jornadas laborales. Un detalle peculiar marcó su narrativa: solían entrar a las funciones ya comenzadas.
“Mi modo de narrar cine quizá viene de que como mi mamá me hacía entrar a media película, yo debía reconstruir lo que había pasado. Después, quedábamos escondidos en las butacas y, cuando se vaciaba la sala, volvíamos al inicio hasta llegar al punto de entrada”, relata Fillol.
Ese entorno de cineclubes y videoclubes en Córdoba fue su escuela inicial. Su madre, asidua al cine de autor francés como el de Rohmer o las obras de Kieslowski, fomentó una curiosidad que luego se profesionalizaría en la etapa universitaria.

Un legado familiar volcado al arte
La veta artística de Santiago Fillol no es aislada. Sus hermanos también han seguido caminos creativos: Esteban se dedica a la música y Virginia al cine de animación. A pesar de que sus padres provienen de ámbitos técnicos como la economía y el derecho, siempre actuaron como impulsores de sus vocaciones. Fillol destaca que ellos fueron sus primeros mecenas, alentándolos a elegir profesiones por pasión y no por mera previsión de éxito económico.
Vínculos literarios y cinematográficos
Su formación académica en la Universidad Nacional de Córdoba le permitió explorar la intersección entre la literatura y la imagen. Para él, escritores como Juan José Saer y Antonio Di Benedetto son, en esencia, cineastas que utilizan la pluma como un lente de cámara. Esta visión lo conecta directamente con figuras como Lucrecia Martel, a quien considera una referente absoluta.
“Lucrecia Martel es un faro, no solo para mí, sino para quienes buscan pensar las imágenes y repensar cómo comunicarnos o compartir relatos. Martel es un oráculo”, afirma con admiración.
Además de Martel, el guionista resalta el trabajo de otros cineastas argentinos como Ramiro Sonsini, Mauro Aparicio, Martín Sapia, Pablo Martín Weber y Laura Citarella, subrayando la importancia de que el talento local cuente con el respaldo financiero necesario.

La situación de la industria en Argentina
A pesar de su éxito en el exterior, Fillol mantiene una conexión estrecha con su país de origen, aunque observa con preocupación el panorama actual. Describe como un “momento triste” el desmantelamiento del Instituto Nacional de Cine (INCAA), señalando que la falta de apoyo estatal se traduce en una menor presencia de obras argentinas en festivales internacionales, un espacio donde históricamente el país ha tenido una representación brillante.
El éxito de Sirat y la alianza con Oliver Laxe
Su integración al cine español ocurrió de manera orgánica en la Universidad Pompeu Fabra, rodeado de maestros como Joaquín Jordá y José Luis Guerín. Fue en ese entorno donde hace dos décadas conoció a Oliver Laxe, con quien ha formado una sociedad creativa sólida, similar a otras duplas famosas como las de Santiago Mitre y Mariano Llinás.
Para Sirat, el equipo contó con profesionales destacados como el director de fotografía Mauro Herza y Amanda Villavieja, esta última nominada al Oscar en la categoría de Mejor Sonido. Sobre la nominación a la estatuilla dorada, Fillol mantiene una postura humilde:
“La nominación es un privilegio no buscado, un bello accidente. Lo esencial fue atrevernos a hacer una película desde la intuición y sin cálculos, sosteniendo cosas que no sabemos cómo sostener”.
El filme propone que la sala de cine sea un espacio de rito y vibración, donde la búsqueda externa de un personaje se transforma en una introspección profunda sobre la existencia.

El respaldo de grandes nombres
Un factor determinante en la consolidación de este proyecto fue el apoyo de la productora El Deseo, liderada por Agustín Almodóvar, Esther García y el aclamado Pedro Almodóvar. Fillol califica la experiencia de trabajar con ellos como extraordinaria, destacando que la productora realmente honra su nombre al seguir y proteger el deseo artístico de los directores con los que colaboran.
Fuente: Fuente