La fecha del 29 de marzo de 2021 marcó un punto de quiebre definitivo en la existencia de Ricky Sarkany. En aquella jornada, el prestigioso diseñador de calzado sufrió la pérdida de su hija, Sofía, quien falleció tras enfrentar una severa batalla contra el cáncer de útero. Este hecho ocurrió apenas unos días después de que la joven diera la bienvenida a Félix, su primer y único hijo. Al cumplirse casi un lustro de aquel suceso que conmovió a la opinión pública, el empresario compartió sus sentimientos en una íntima charla con Juana Viale, durante el programa Almorzando con Juana emitido por El Trece, detallando cómo transita hoy ese vacío que persiste en su día a día.
La conversación se profundizó cuando la presentadora consultó sobre su presente y el respaldo afectivo de su círculo íntimo. Ante la pregunta de cómo lograba seguir adelante rodeado del amor de sus otras hijas, el diseñador fue tajante y sincero:
“Sabés que la gente te dice sobre cómo sigue la vida. No sigue la vida, es otra vida”
, expresó con firmeza.
Una nueva perspectiva sobre la existencia
Para el empresario, esta nueva realidad no sería sostenible sin el apoyo incondicional de sus seres queridos. Sarkany reflexionó sobre la percepción de la realidad y el plano espiritual, planteando una interrogante sobre cómo querrían vernos aquellos que ya no están físicamente. “Eso es la vida que se presenta, de la cual uno no podría afrontar si no tuviera la familia que tiene y los amigos que tiene”, señaló, invitando a imaginar un mundo sensorial donde los seres queridos nos observan.
En su relato, destacó la importancia de transformar el dolor más grande en el recuerdo más hermoso, entendiendo que el paso por este mundo no es un simple inicio y final, sino un trayecto con propósito. “Hay gente que dura una cantidad de años y otra gente que lo vive. Es transcurrirlo y transcurrirlo con sentido”, añadió, enfatizando que para su familia el hecho de sonreír es una elección fundamental y accesible: “La verdad, es gratis sonreír. Es lo más lindo que puede haber”.
El difícil proceso del duelo
A pesar de su actual enfoque positivo, Ricky Sarkany no ocultó las etapas oscuras que atravesó. Confesó haber permanecido un mes sin salir de su hogar tras el deceso de su hija.
“Claro que hay un duelo tremendo. De hecho, yo alguna vez lo conté: estuve un mes sin salir de casa. Y uno piensa, ‘Tengo que curar este dolor, tengo que curar este dolor’. Y la única forma de curarlo es tirándose por un balcón. Obviamente, eso es una cosa totalmente loca y egoísta, porque le trasladás el dolor a otro. Sino que hay que afrontarlo, y afrontarlo justamente con la gente. Ese dolor es algo que a uno lo parte al medio”
, admitió con una vulnerabilidad absoluta.
No obstante, el diseñador encuentra consuelo en el significado del nombre de su hija, que se traduce como sabiduría. Afirmó que, aunque el contacto físico es imposible, el legado de Sofía permanece intacto a través de diversas señales. “Y yo aprendí que las casualidades no existen”, sentenció, asegurando que siente la presencia de su hija en su corazón y en la unión de su esposa e hijas. Recordó una frase que solía compartir con ella: “lo mejor está por venir”.

El milagro de Félix y el sentido espiritual
Uno de los puntos más conmovedores del diálogo fue la mención a los últimos meses de Sofía y la llegada de su nieto. Según relató su padre, ella dejó instrucciones claras sobre sus deseos. En medio de su enfermedad, Sofía y su pareja, Tommy, decidieron ser padres a través de un vientre subrogado. Aunque existía la incertidumbre sobre si ella llegaría a conocerlo, el destino permitió que así fuera. El pequeño Félix nació, y su madre pudo dormir con él y compartir una semana de vida antes de fallecer.
Este suceso cambió la percepción de Ricky sobre lo metafísico. “Si son casualidades, como yo lo pensaba antes, ahora le encuentro un sentido al mundo espiritual”, reconoció el entrevistado, quien ahora se muestra más abierto a la posibilidad de una conexión que trasciende lo material. Citando la alegoría de la caverna, reflexionó que no se puede negar ni afirmar con certeza el mundo espiritual, pero que la estancia en la tierra tiene el propósito de disfrutar y aprender de las mejores enseñanzas que recibió de su hija.

La medida de una vida plena
Para concluir, el diseñador analizó la juventud con la que partió Sofía, a los 33 años. Reconoció que, bajo la lógica de los padres, la ley natural dicta que los progenitores deben irse primero, y que ninguna edad parece suficiente para despedir a un hijo. Sin embargo, optó por valorar la intensidad sobre la cantidad de tiempo.
“Tal vez vino justamente para dejar este mensaje de amor, ser, en el caso nuestro, privilegiado de haber vivido treinta y tres años con ella, maravillosos. Si la vida se midiera en años, son muy pocos. Si la vida se mide en momentos, es maravilloso”
, finalizó con serenidad.
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