Hace apenas cuatro años, el destino de Predator parecía incierto debido a un notable periodo de estancamiento creativo. Sin embargo, la llegada de Dan Trachtenberg y el posterior estreno de Predator: Badlands marcaron un punto de inflexión sin precedentes, convirtiéndose en el mayor éxito histórico de toda la franquicia cinematográfica. Esta revitalización no fue casualidad, sino el resultado de una estrategia que rompió con los esquemas establecidos para cautivar tanto a fanáticos veteranos como a una nueva generación de espectadores, según declaraciones del director a la revista Empire.
Trachtenberg implementó una transformación profunda en la fórmula tradicional, apostando por relatos originales y un enfoque mucho más accesible. La clave del éxito radicó en la implementación de una dinámica de “película de compañeros”, la introducción de criaturas sorpresivas y una propuesta diseñada para todas las edades. Esta serie de decisiones permitió que la saga traspasara sus fronteras previas, logrando un impacto comercial y una recepción crítica que superó todas las expectativas iniciales.
El giro radical en la narrativa de la saga
La reestructuración de la franquicia propuso una perspectiva refrescante al incorporar dúos protagónicos y personajes inéditos. Gracias a esto, Predator logró atraer a un sector del público que anteriormente no sentía interés por el universo del cazador extraterrestre.
“Es especial hablar con Empire en este momento, porque fueron los primeros a quienes tuve que contarles sobre la película cuando apenas estábamos descubriendo lo que iba a ser”, recordó el cineasta. “Ahora, poder conversar cuando todo salió como esperábamos resulta…”, confesó al reflexionar sobre el largo proceso de producción.
Antes de este triunfo, el camino no estaba trazado específicamente hacia esta marca. “Nunca fue mi objetivo hacer películas de Predator”, admitió Trachtenberg. De hecho, su aclamada obra anterior, Prey, nació originalmente de su interés por la cultura comanche, los relatos sobre personajes desprotegidos y el uso de guiones con diálogos mínimos. En aquel proyecto, la idea de incluir al cazador alienígena fue una conclusión creativa posterior: “Solo al final pensé: ‘¿Y si el enemigo es el Predator?’”.

La conexión personal de Trachtenberg con esta historia inició cuando tenía solo 6 años de edad. Curiosamente, conoció la trama a través de relatos antes de poder verla en pantalla. Durante sus primeras visualizaciones, el director recuerda un ritual particular que compartía con su entorno: “seguíamos el ritual de pausar para leer la parodia de Mad Magazine —publicación humorística reconocida— y luego retomábamos. Así fue mi primera experiencia con Predator”.
La creación de Badlands y sus desafíos creativos
El desarrollo de Badlands implicó riesgos considerables para el equipo de producción. El director explicó que la narrativa buscó una inversión de roles donde, para los seguidores más acérrimos, el Predator ocupara el lugar que tradicionalmente tendría un héroe de acción como “Dutch”.
“Donde comenzamos era simplemente una inversión. Para los fanáticos más acérrimos, la referencia era reconocer al Predator como el ‘Dutch’ de la historia, pero al avanzar, la identidad dejó atrás las convenciones clásicas del género”, precisó.
Otro cambio fundamental en esta entrega fue el alejamiento deliberado de los códigos habituales del cine slasher. Trachtenberg optó por una orientación narrativa distinta que el público va descubriendo de forma progresiva. En este contexto, surgió el personaje “Bud”, cuya naturaleza generó algunos debates internos durante la edición.

Sobre este personaje, el director compartió una anécdota del proceso de postproducción: “Mi editor dijo: ‘Bud suena un poco como Jar Jar’, que es un personaje divisivo. Pero nos gustó el experimento; parecía propio de Disney, una compañía reconocida por personajes con múltiples capas: divertido, con filo propio”.
Un legado basado en la innovación y el riesgo
Uno de los hitos más importantes de esta etapa fue la decisión de realizar una entrega apta para audiencias generales, rompiendo con la tradición de una saga históricamente dirigida solo a adultos.
“Fue un riesgo, pero la reacción demostró que era el camino correcto. Se podía conservar el espíritu de Predator y abrir la puerta a quienes nunca se habían acercado a una película así”, afirmó Trachtenberg en su entrevista.
La producción logró equilibrar elementos familiares con innovaciones estructurales. Según el cineasta, el formato de “dupla” permitió explorar dimensiones emocionales mucho más universales. Aunque el lanzamiento a través de streaming presentaba sus propios retos, el estudio mostró gran satisfacción con el resultado final, sabiendo que habían logrado una propuesta diferenciadora.

Curiosamente, las ideas fundamentales para Badlands surgieron durante las etapas de regrabación de Prey. El equipo creativo analizó el hecho de que el alienígena casi nunca resulta victorioso en sus enfrentamientos. “Las semillas de Badlands aparecieron mientras regrabábamos Prey. Comentábamos cómo el Predator casi nunca gana y pensábamos en invertir esa narrativa”, detalló el realizador.
A pesar del éxito rotundo, Trachtenberg asegura que su intención no es monopolizar la franquicia. “Nunca quise ser el ‘dueño’ absoluto de Predator ni crear una secuencia interminable”, reconoció. Su objetivo es contar historias singulares en cada entrega, explorando contextos tan variados como los vikingos, el Japón feudal o incluso batallas aéreas. Su filosofía de trabajo es clara: “No hago secuelas por hacerlas; cada historia debe tener un motivo claro”.
Finalmente, el cineasta mira hacia el futuro con la esperanza de que la saga continúe inspirando a nuevos talentos. “Imagino a un niño creciendo con estas películas y que termine dirigiendo las siguientes secuelas. Lo fundamental es que cada nueva historia tenga sentido y no sea simplemente un pretexto”, concluyó en su diálogo con Empire.
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