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Al Pacino y los secretos de El Padrino: entre el rechazo y la gloria

El 14 de marzo de 1972, hace ya 54 años, la icónica sala del Loew’s State Theatre en Times Square, Nueva York, se engalanó para recibir la premiere mundial de una obra que marcaría un antes y un después en la historia del cine. Esa noche, apenas unos pocos cientos de afortunados fueron testigos del nacimiento de El Padrino (The Godfather), un filme que se elevaría como una leyenda indiscutible del séptimo arte, redefiniendo los dramas de mafia y el concepto del sueño americano.

Tan solo diez días después, el 24 de marzo, la cinta dirigida por el visionario Francis Ford Coppola inició su recorrido por los cines comerciales de Estados Unidos. El elenco, que hoy es considerado legendario, contaba con figuras de la talla de Marlon Brando, Al Pacino, Diane Keaton, Robert Duvall y James Caan.

A más de medio siglo de aquel acontecimiento, los detalles detrás de cámaras cobran nueva vida a través de los recuerdos de Al Pacino. El actor, quien personificó al complejo Michael Corleone, ha compartido su perspectiva sobre lo que significó formar parte de esta producción monumental.

En su reciente libro de memorias titulado Sonny boy, el aclamado intérprete de 85 años desglosa una experiencia que estuvo plagada de incertidumbres, tensiones corporativas y una eventual redención profesional.

Al Pacino, Marlon Brando, James Caan y John Cazale en

El inesperado llamado de Francis Ford Coppola

La travesía de Pacino, un entonces desconocido actor teatral del sur del Bronx, hacia el estrellato absoluto parece sacada de un guion de ficción. Todo inició con una llamada telefónica de Francis Ford Coppola, quien le reveló que estaría al frente de la adaptación cinematográfica del best-seller de Mario Puzo.

La noticia dejó a Pacino incrédulo, pues dudaba de que el estudio entregara un proyecto de tal magnitud a un director joven. Según relata el actor, sus pensamientos en ese momento fueron:

“¿De qué estaba hablando? ¿Cómo le dieron El Padrino?”

Sin embargo, el shock fue mayor cuando Coppola le aseguró que él era el elegido para el papel de Michael.

“Pensé: ‘Ahora sí se pasó de la raya’. Empecé a dudar de si realmente estaba al teléfono. Tal vez era yo el que estaba sufriendo un ataque de nervios”

, confiesa el artista en su libro.

Diane Keaton y Al Pacino en

El camino no fue sencillo, ya que Paramount Pictures se oponía rotundamente a su contratación. El estudio prefería estrellas consagradas que garantizaran la taquilla, como Jack Nicholson, Robert Redford, Warren Beatty o Ryan O’Neal. Los ejecutivos ignoraban que la descripción física de Michael en la novela de Puzo —un hombre de rasgos delicados y apariencia inofensiva— encajaba perfectamente con Pacino.

La presión del estudio era tal que incluso figuras como James Caan, Robert Duvall y el propio Marlon Brando enfrentaron rechazos iniciales. Pacino, por su parte, tuvo que lidiar con extenuantes pruebas de cámara y su fobia a volar para viajar a California. Su representante, Marty Bregman, tuvo que intervenir con dureza:

“Te vas a subir a ese maldito avión”

, le ordenó, mientras le entregaba una petaca de whisky para calmar sus nervios.

El director Francis Ford Coppola junto a Marlon Brando y Al Pacino. Un intervalo en el rodaje de

Caos en el set y el apoyo de Coppola

El ambiente en Paramount era de una hostilidad eléctrica. Las discusiones entre directivos eran constantes y el estrés permeaba cada rincón del set. Un dato impactante de la época es que el peluquero encargado de realizar el corte de cabello estilo años cuarenta a Pacino sufrió un infarto fulminante tras asimilar la presión y magnitud del proyecto.

En medio de esta tormenta, Pacino intentaba mantener la calma bajo la premisa de que «esto también pasará». Su mayor fortaleza era el respaldo incondicional del director.

“Francis me quería. Él me quería y yo lo sabía. Y no hay nada como cuando un director te quiere”

, recordó el actor con profundo agradecimiento.

Al Pacino Y Robert Duvall. Michael Corleone y Tom Hagen, el consigliere de la familia (Paramount)

Coppola también facilitó la química en pantalla al unir a Pacino con Diane Keaton desde las audiciones. Tras compartir una charla en un bar cercano al Lincoln Center, ambos forjaron una conexión inmediata. El humor de Keaton se convirtió en el refugio de Pacino ante la asfixiante atmósfera de las pruebas de actuación.

A esta serie de eventos se sumó una coincidencia casi mística. Al informarle a su abuela sobre el papel, ella le reveló un secreto familiar guardado por años:

“¡Ay, Sonny, escuchá! El abuelo nació en Corleone, de ahí era él”

. Este vínculo de sangre con el pueblo siciliano convenció a Pacino de que su destino estaba ligado al de Michael Corleone.

Para prepararse, el actor recorría las calles de Manhattan en soledad, planificando la transformación de Michael: de un joven ajeno a los negocios familiares a un frío jefe mafioso. Buscaba una evolución sutil que evitara los estereotipos habituales del cine de la época.

Al Pacino como Michael Corleone en una escena de

En su búsqueda de realismo, su compañero Al Lettieri lo llevó a conocer a verdaderos líderes del crimen organizado en los suburbios. Al observar la elegancia y la dualidad de estos personajes mientras tomaban licor en porcelana fina, Pacino comprendió la esencia de la vida al margen de la ley que debía proyectar en la pantalla.

A pesar de su preparación, los primeros días de rodaje en Staten Island fueron un martirio. Mientras se filmaba la famosa escena de la boda, el equipo técnico y los ejecutivos cuestionaban su capacidad actoral. Los rumores sobre su despido eran moneda corriente en los pasillos de la producción.

Uno de los tantos afiches de

La tensión llegó a tal punto que Al Pacino y Diane Keaton, convencidos de que estaban participando en un fracaso estrepitoso, pasaban las noches bebiendo para evadir la angustia. El momento crítico ocurrió cuando Coppola lo citó en el restaurante Ginger Man para darle un ultimátum:

“Sabés lo que significás para mí, la fe que te tenía… Bueno, no estás a la altura”

. Tras revisar las escenas, Pacino comprendió que su enfoque minimalista estaba siendo malinterpretado como falta de intensidad.

La escena que salvó su carrera

Para proteger a su protagonista, Francis Ford Coppola adelantó la filmación de la escena en el restaurante italiano donde Michael asesina a Sollozzo y al capitán McCluskey. Fue una jornada agotadora de 15 horas en un ambiente cargado de humo y tensión, junto al actor Sterling Hayden.

Michael Corleone, interpretado por Al Pacino. La película estrenada en 1972 fue inmediatamente un suceso (Paramount)

Durante el clímax de esa noche, en un arranque de adrenalina, Pacino intentó saltar a un vehículo en marcha sin usar dobles, pero cayó estrepitosamente sobre el pavimento del Bronx, sufriendo una lesión en el tobillo.

Mientras estaba tendido en el suelo, el actor llegó a desear que la lesión fuera lo suficientemente grave como para liberarlo de la producción. Sin embargo, tras ser atendido con analgésicos, continuó trabajando. Al ver el resultado de esa escena, los jefes de Paramount finalmente aceptaron que Pacino era el actor indicado para el papel principal.

Con su puesto asegurado, llegó el momento de trabajar estrechamente con Marlon Brando. Coppola organizó un almuerzo privado para que ambos interactuaran.

“¿Querés decir que tengo que almorzar con él? En serio, me daba muchísimo miedo. Era el actor vivo más grande de nuestra época”

, admitió Pacino, quien veía a Brando como una figura inalcanzable.

Ese encuentro ocurrió en una habitación de hospital usada para el rodaje. Mientras comían pollo a la cazadora, Pacino observó con asombro cómo Brando se limpiaba los dedos con las sábanas de la cama con total naturalidad.

Al Pacino en la piel de Michael Corleno, quien heredó la conducción de la familia mafiosa luego de la muerte de su padre (Paramount)

Fue en ese momento que la leyenda del cine le ofreció unas palabras de aliento que Pacino jamás olvidaría:

“Sí, pibe, todo va a estar bien”

. Ese gesto paternal fue fundamental para su confianza durante el resto del proyecto.

El rodaje también dejó lecciones sobre la pasión artística. Tras filmar la secuencia del funeral de Don Vito Corleone en Long Island, Pacino encontró a Coppola llorando desconsoladamente porque el estudio no le permitía realizar una toma adicional. Ese nivel de entrega le confirmó que estaban creando algo verdaderamente importante.

Al Pacino en 1971, un año antes del estreno de

El estreno de El Padrino transformó la vida de Al Pacino de forma radical. La fama inmediata destruyó su anonimato; en las calles de Nueva York, las mujeres intentaban besarle las manos como si fuera un capo real. La confirmación de su nueva realidad llegó cuando una desconocida lo saludó con un simple:

“Hola, Michael”

.

En ese instante, el actor sintió temor por la pérdida de su privacidad, dándose cuenta de que ya

“no estaba a salvo”

del escrutinio público. Aunque luego llegarían las secuelas, aquel 14 de marzo de 1972 quedó grabado como el día en que Pacino entró para siempre en el Olimpo del cine.

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