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Rambo II: El día que la selva de México se convirtió en Vietnam

En lo que representa una de las paradojas más llamativas dentro de la industria del cine de acción, la cinta Rambo II eligió a México como su centro de operaciones, mientras que la producción de Rambo: Last Blood decidió evitar el territorio mexicano, aun cuando ambas historias se desarrollan en contextos geográficos ajenos a sus locaciones reales.

Para recrear la densa e impenetrable selva de Vietnam en la segunda parte de la saga, el equipo de producción utilizó diversos escenarios naturales en el estado de Guerrero y sets en la Ciudad de México. Por el contrario, la entrega más reciente de la franquicia optó por trasladarse a Europa, motivada principalmente por beneficios económicos y fiscales.

Los parajes guerrerenses que simularon el sudeste asiático

Bajo el liderazgo de Sylvester Stallone, la producción seleccionó locaciones estratégicas en Guerrero para simular el entorno asiático. Uno de los puntos más emblemáticos fue la Cascada de El Salto, ubicada en Coyuca de Benítez, a una altitud que supera los 2.000 metros sobre el nivel del mar. Este sitio se inmortalizó en la pantalla durante las secuencias de ascenso del protagonista.

El plan de rodaje abarcó zonas como “La Jungla” en Pie de la Cuesta y la Laguna de Coyuca de Benítez, donde los ríos y la vegetación local sustituyeron con éxito los paisajes vietnamitas. Un dato relevante es el uso del Puente Omitlán, en Tierra Colorada (municipio de Juan R. Escudero), para la famosa escena donde se destruyen tres Jeeps con flechas explosivas. Esta estructura sufrió daños totales por el paso del huracán John en septiembre de 2024, aunque fue reconstruida tiempo después, manteniendo un vínculo histórico con la película.

Para complementar las grabaciones de campo, los interiores de la base de operaciones y otros escenarios narrativos clave se construyeron y filmaron en los reconocidos Estudios Churubusco de la capital mexicana.

Gestión logística y el impacto social del rodaje

El realismo de esta cinta bélica dependió en gran medida del apoyo institucional. La base militar desde la cual Rambo parte hacia su misión fue edificada en Pie de la Cuesta, en el puerto de Acapulco. Durante el desarrollo del proyecto, el Centro Nacional de Inteligencia de México mantuvo una vigilancia constante, llegando a interrumpir las actividades de manera momentánea ante situaciones que consideraron de seguridad nacional.

Pese a estos controles, instituciones como la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) y el Congreso del Trabajo brindaron las facilidades necesarias para la producción. El impacto económico en la zona fue notable, con la contratación de aproximadamente 500 trabajadores locales del puerto, lo que incentivó el apoyo gubernamental para resolver trámites administrativos y logísticos.

El rodaje incluyó parajes de

La proyección internacional de lugares como la Laguna de Coyuca y Pie de la Cuesta tras el estreno de Rambo II representó un impulso significativo para la imagen turística de la región a nivel global.

El giro internacional de Rambo: Last Blood

Décadas después, la estrategia de producción dio un giro radical. Aunque la trama de Rambo: Last Blood se sitúa en la frontera entre México y Estados Unidos, el rodaje se desplazó hacia las Islas Canarias y Bulgaria. El factor determinante para este cambio fue el acceso a incentivos fiscales más competitivos ofrecidos en el continente europeo en comparación con las facilidades en México.

Este movimiento obligó a la producción a transformar paisajes europeos para que lucieran como ranchos y pueblos mexicanos. Por ejemplo, las escenas que muestran la propiedad de Rambo fueron filmadas íntegramente en Bulgaria, lo que planteó retos importantes para lograr la verosimilitud visual requerida por la historia.

Las escenas del rancho de Rambo se filmaron exclusivamente en Bulgaria para aprovechar los incentivos económicos del país (CULTURA LIONSGATE)

Debate sobre la autenticidad y la representación

La elección de los escenarios no fue el único punto de debate. La falta de fidelidad se extendió al reparto, ya que se seleccionaron actores españoles para representar a integrantes de bandas criminales mexicanas. Al respecto, el crítico Gerardo Valero remarcó que los intentos por imitar el acento local resultaron poco naturales, dándole un matiz exagerado que no convenció a la audiencia.

Estas decisiones llevaron a un debate sobre la representación de identidades nacionales en superproducciones estadounidenses y su efecto en la percepción de países como México y España en la industria cinematográfica internacional.

En conclusión, el distanciamiento entre las locaciones reales y los espacios ficticios, sumado a las decisiones de casting, dejó en evidencia cómo las grandes producciones a veces sacrifican la autenticidad en favor de la logística económica, generando reacciones diversas entre el público y la crítica especializada.

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